Una foto suya con el Lobo Diarte, publicada en el Mundo Deportivo cuando tenía 17 años, inmortalizó su sobrenombre futbolístico. Un jovencísimo lobezno aprendiendo las artes de caza de un depredador de área. Lobito Carrasco al principio, mutaría en Lobo cuando sacó los colmillos en el campo y se ganó un puesto en el Barça conquistando la Recopa del 79 en Basilea. Poco después jugaría al lado de grandes estrellas como Maradona, Schuster y Quini.

Conquistó sus sueños ganando 9 títulos con el club catalán, entre los que destacan 1 Liga, 3 Recopas de Europa y 3 Copas del Rey. Con la selección alcanzó 35 entorchados internacionales, disputando la final de la Eurocopa 84 a la mítica selección de Platini. Unos meses antes participó en el inolvidable festín goleador del 12-1 a Malta de 1983.

En esta sencilla entrevista con el Lobo hacemos un breve repaso a su brillante trayectoria y dialogamos sobre la pasión por el fútbol y por la vida, por seguir aprendiendo y apreciar como lo más valioso el tiempo que pasa con los que más quiere. Apartado especial merecen sus comentarios sobre Leo Messi, por quien profesa una gran admiración. No se lo pierdan.

¿Qué recuerdos tiene de la infancia?

Nací con una bicicleta en el horizonte porque mi padre fue ex ciclista semiprofesional, corrió una vuelta a Castilla La Mancha con Federico Martín Bahamontes. A mí me regalaron una bicicleta y hasta los 7 u 8 años que no descubrí la pelotita, no me enamoré totalmente del fútbol. Por cierto, era una pelota de trapo de las que había antes. Yo el paso profesional lo tuve a los 15 años, en los que me fichó el Torredembarra, equipo de Tarragona. En vez de jugar con los juveniles jugué con el primer equipo, pues era muy alto. En aquella época los extremos solían ser bajitos como López Ufarte, aunque yo era alto como Charly Rexach. Era un niño entre hombres en Segunda o Primera Regional. Para mí ese fue el inicio en el profesionalismo antes de fichar por el juvenil del Barcelona. 

¿Qué supuso debutar al llegar al primer equipo del Barcelona?

La gente se queda con la luz del debut en Primera. Pero yo me quedo con la primera vez que me llamaron a la Selección Española Juvenil de Chus Pereda. La gente se queda con lo que hice luego con la absoluta el 12-1 a Malta etc. Sentí una gran alegría cuando me fichó el Barça, en categoría juvenil, pero también cuando José Luis Nuñez, mi padre deportivo, dio un golpe en la mesa y dijo que yo tenía que debutar ya y en diciembre de 1978, a la edad de 19 años pude debutar en Sarriá, en un derbi contra el Español. Ese momento lo tengo guardado en la memoria especialmente.

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Ese día ya vio cumplido su sueño de llegar a lo más alto del fútbol.

Voy a contestar como Barbra Streisand. Yo siempre he sido muy frío en todo, cuando metía goles etc. Y esto se debe a que visualizaba las cosas en los sueños que tenía anteriormente. Cuando uno tiene muy interiorizado la capacidad de lo que puede llegar a hacer, cuando lo hace siente una especie de alivio por cumplir su sueño.

Usted pudo llegar a Primera, pero muchos se quedaron en el camino.

Yo he visto a muchos jugadores en categoría regional que tenían buena técnica y que eran potencialmente buenos jugadores. Pero claro, si empiezas a rascar, como todo en la vida, encuentras la verdad. Y la verdad es que una persona con 15 años si ama el fútbol tiene que saber renunciar a salir por la noche. Esa es una primera prueba de la pasión, del amor por lo que se hace. Pelé era un gran ejemplo de profesionalidad, pero tenía compañeros como Garrincha que no llegaron al máximo de su capacidad por su afición a la bebida. Por ejemplo Mágico González, con una mentalidad profesional, hubiese llegado a cimas más altas de las que llegó.

Muchos tienen esa pasión y esfuerzo, pero carecen de la fortuna o el talento necesario para llegar a lo más alto.

Muy pocos, eso son habladurías. Yo he estado en muchos vestuarios, conozco a miles de jugadores y me he dado cuenta de que son muy pocos los que no llegan por mala suerte. Son un 5% los que han estado esperando un tren y no ha pasado. Hay muy buenos jugadores de lunes a viernes, pero llega un partido importante o una final y desaparecen, no los ves. Y esto es porque la cabeza ya no les acompaña y eso que sienten un amor a los colores igual que el mío, pero cuando pasa el tren que deben de tomar, lo dejan pasar porque no tienen ese plus de gen ganador.

Decía el mítico locutor de baloncesto, Ramón Trecet, que hay un momento, cuando los partidos entran en los minutos decisivos, en los que se diferencian los niños de los hombres.

Es una metáfora muy exagerada, pero sirve para describir lo que estamos hablando. He visto a gente muy buena, pero que a la hora de la verdad se les tensaban las piernas. ¿Sabes porque yo admiro a la Selección Española, la campeona del mundo? No porque nos haya hecho campeones en sí, sino porque jugó la final como si hubiese jugado tres finales antes. Era Holanda la que nos perseguía en todo momento y tuvimos un gran saber estar. Eso fue gracias a que la mayoría de jugadores juegan finales en el Madrid y en el Barcelona. En esos días yo valoré mucho lo que pasa desapercibido a mucha gente. Ellos miran el balón, el resultado, yo miro otras cosas. Los chicos podían perder o no, pero tenían seguridad en lo que hacían.

Hay algo del miedo escénico que decía Valdano...

Yo el miedo escénico, que dice mi amigo Jorge, lo encuentro maravilloso. Cuando iba al Bernabéu o al Calderón y había tensión, como también el día de mi debut contra el Español, a mí eso me motivaba. Yo recuerdo la música del Calderón con la que bailaba con el balón mientras calentaba. A mí me gusta la presión, que esté completamente lleno el estadio. Cuando baja la tensión es con los campos vacíos. A mí me gusta mucho más que haya 120.000 personas en un clásico contra el Madrid. Más allá de ganar o perder está el orgullo de cada futbolista y cuando tú juegas un partido tan importante, además de ganar o perder tienes que demostrar ante todo el mundo que eres mejor que el jugador rival que te marca.

Tú juegas para ser mejor y que lo vea todo el mundo. Los campos llenos son otra prueba del umbral del sufrimiento. Ganando 4-0 yo te doy un balón a tí, Javier y puedes intentar hacer un caño o arriesgar porque si la pierdes no pasa nada. Pero con el marcador apretado hay mucha más presión y tensión. Hay futbolistas, luego hay genios y luego hay dioses. Yo pude conseguir todo, jugar en la selección, títulos con el Barcelona, jugar los clásicos y cumplir todos los sueños que tuve, pero me faltó ese peldaño para meterme entre los más grandes. Le dije un día a Menotti que yo intentaba regatearme a todo el mundo y ser el mejor, pero si un día no juego bien, me quedo insatisfecho, aunque meta dos goles. El gol era algo aleatorio, era el broche a todo lo que había que hacer previamente.

El gol decía Romario, es un pase a la red.

Ya, pero eso es ya para gente como Messi. Yo sigo frotándome los ojos viendo jugar a Messi porque los humanos estamos en la Tierra, pero lo suyo es de otra galaxia.

Antes de entrar con Messi vamos a hablar de los “dioses” con los que pudo usted jugar. ¿Maradona fue el mayor crack con el que coincidió en su época?

Sin duda, yo hice de anfitrión con él en la primera pretemporada en Andorra y tengo una relación con él maravillosa en todos los sentidos. Fue la primera vez que vi que alguien desafiaba a la física. Nos poníamos a entrenar y a balón parado por ejemplo, menos dejarla encima del larguero la ponía donde quería, era prodigioso.

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Dijo Valdano: “Soñé a Maradona y descubrí que existía”. ¿Usted también?

Así es y yo pensé que nunca vería nada igual, pero después vino Messi, que es Maradona todos los días.

Pero, ya que saca el tema, Messi, a pesar de su grandeza, en algunos momentos importantes, especialmente con la selección, no ha marcado tanto las diferencias, como se hubiera esperado.

Yo te voy a dar otra explicación. ¿Quién mete los goles en el Argentina-Alemania? Si Higuaín llega a acertar en el mano a mano, la cosa hubiese sido diferente. ¿Qué te quiero decir con esto? Que el equipo tiene que responder. Si fuese tenis lo admitiría, pero es un juego de equipo. Si hay alguien que ama a Diego por encima de todo soy yo, porque he tenido mucho roce con él, lo amo y lo quiero y me alegro de que siga mirando el balón porque sino la puñetera droga se lo habría llevado. Pero lo que hace Messi no lo ha hecho absolutamente nadie y eso que he visto jugar a Pelé y a Cruyff. No somos conscientes de lo que ha hecho Messi. Lleva 67 goles con Argentina, ha doblado a Maradona. En la definición puedo admitir la comparación. Pero por ejemplo, ¿Quién es capaz de jugar en el centro del campo como pasador igual que Xavi o Iniesta? Messi. Yo con este jugador estoy en estado de shock. Cuando se retire no os podré atender porque estaré en un hospital intentando curarme de la depresión.

Para mí jugar con Maradona era muy sencillo porque podía entender la música que él llevaba en el pie izquierdo. A la velocidad que juega Messi no puede jugar casi ningún delantero del mundo, Eden Hazard y tres más. Messi juega a velocidad rápida. Cuando Messi coge el balón es como si la película se pusiese a toda velocidad. Los primeros años yo ponía las jugadas de Messi a cámara lenta porque quería ver todos los mínimos detalles de los movimientos de tobillo etc. En el campo de fútbol no podía apreciar toda la belleza de su fútbol.

El gol de Messi contra el Getafe fue una obra maestra...

Sí, al igual que el de Maradona a Inglaterra. Cuando pasa esto a mí me dan ganas de invadir Rusia, de invadir Rumanía, de invadir el mundo yo sólo, no necesito a nadie más. Eso es lo que hacía Garrincha. Cuando estoy triste me pongo vídeos de Garrincha y me sigo quedando embobado.

¿Le dolió no ganar la Copa de Europa?

Fue lo más frustrante que me ha pasado y es una pena que irá conmigo a todos los sitios. Eso es lo más doloroso que me ha pasado deportivamente hablando.

Sin embargo, en la Recopa hicísteis historia.

Sí, llegamos a tres finales y ganamos las tres. Sin embargo hubiese cambiado dos de ellas, excepto la de Basilea, por ganar la Copa de Europa.

Igualmente estuvo a punto de conseguir la Eurocopa 84 con España.

Francia era la anfitriona y estaba allí Platini y toda la banda. Tuvieron la suerte de ese gol y ese día no nos sonrió la fortuna a nosotros.

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¿Ser subcampeón no puede llenar a un ganador nato?

Desde el punto de vista pedagógico ser subcampeón de Europa a uno lo puede vanagloriar, pero cuando uno juega en el Barcelona y tiene la mentalidad que yo tengo, me gustaría que eso desapareciese, ser subcampeón y quedarte a 11 metros de ser campeón para mí es muy doloroso.

¿No hubiese querido estar en la piel del ciclista Poulidor, el eterno segundo?

Ser segundo y subcampeón es lo peor que te puede pasar. Lo único que quiero que esta entrevista no la lean ni los niños ni las niñas. En esas edades jugar una final ya es algo maravilloso, pero el que tiene el gen competidor y eso lo heredé de mi padre, sufre mucho. Yo entro en la puerta de mi casa y mi mujer ya sabe por la cara que pongo si he perdido o he ganado. Ese espíritu ya lo llevas dentro desde el patio de colegio. Yo si perdía no cenaba.