Fallece el legendario jugador de NBA

Se suele alabar y recordar la figura de personalidades importantes cuando desgraciadamente les llega su hora, cuando la muerte se presenta y nos dejan. Pero si además ésta lo hace de forma dramática y de repente, incluso todo se vuelve más doloroso.

Cierto es que se recuerda más a los héroes en ese momento, y se transforman en leyenda. Sin embargo, Kobe Bryant ya lo era en vida.

El mundo del baloncesto, y del deporte en su globalidad, así lo reconocían. Decir que formaba parte de los cinco mejores jugadores de todos los tiempos es mucho. Su etapa sería la siguiente al más grande de todos, Michael Jordan. Y él lo afrontó con toda la capacidad competitiva.

Un deportista en toda la definición de la palabra. Su infancia en Italia, siguiendo los pasos de su padre, le hizo amar la cultura y el amor por deportes europeos. Sobre todo, el fútbol. Culto, un hombre de mundo. Capaz de hablar algo de Castellano, por ejemplo, y sabedor de que existe civilización más allá de los Estados Unidos.

El accidente sucedido el domingo es una muestra de cómo vivía su vida. Acompañaba a su hija (que también falleció, junto al resto de personas que iban en el helicóptero) a un partido de baloncesto. Había heredado de su padre el amor por este deporte, y él quería apoyarla.

Deja tras su desaparición una historia de éxitos. La forja de una figura emblemática, con un palmarés impresionante: cinco Anillos NBA con Los Angeles Lakers y dos medallas de Oro en los Juegos Olímpicos.

Un legado económico impresionante, por otra parte. Que solo se vio emborronado cuando marcas prestigiosas le retiraron de su imagen publicitaria tras la acusación por violación por parte de una empleada de un hotel en 2003.

Lejos de deprimirse por ello, lo afrontó con entereza y fue capaz de dar una rueda de prensa junto a su mujer, quien así demostró públicamente su perdón. Su carrera siguió meteórica, con una fortísima mentalidad. Nada más que ver los vídeos de sus mejores jugadas, todas ellas repletas de acciones decisivas, en las que asumía el balón y jugarse el tiro que daba la victoria en segundos finales.

Si algo puede consolar a los aficionados al baloncesto de empezar a considerarle una leyenda tras su muerte, es ese legado de jugadas increíbles. Un portento en lo físico y elegantísimo en lo técnico. Uno de los mejores.