Calificaciones: Oblak (7); Arias (6), Giménez (7), Lucas (7), Juanfran (6); Thomas (5), Rodrigo (7), Correa (5), Lemar (4); Griezmann (5) y Morata (4).

También jugaron Filipe (4), Vitolo (5) y Kalinic (4).

 

Hoy tenían los atléticos una sabrosa oportunidad de acortar distancias con el Barça, pero las cosas no salieron como soñamos. Se presentaba el encuentro como choque de estilos y hasta de filosofías futbolísticas contrapuestas, aunque ni los béticos de Setién exhibieron su estilo habitual ni el cuadro de Simeone renunció al control del balón; sobre el césped, los hechos desmintieron la teoría.

La hinchada bética recibió el acontecimiento con resaca eufórica, los atléticos presentaban la novedad de Morata y el terreno se dividía en un sol y sombra casi perfecto, con el invierno de Sevilla disfrazado de primavera. Aunque el Betis comenzara asustando merced al cabezazo de Fedal heroicamente desviado por Oblak en uno de esos milagros vocacionales a los que tan acostumbrados nos tiene, los primeros veinte minutos arrojaron nula creación ofensiva y mayor control rojiblanco. Sólo Morata y Griezmann fueron capaces de crear un relativo amago de gol, pero el delantero madrileño -tal vez fuera de forma- finalizó sin destreza ni hechuras de nueve.

Salvo esa jugada -y pese a la incuestionable entrega de los protagonistas-, la primera mitad resultó propicia para la siesta, ni Joaquín ni Canales vencían la asfixiante presión visitante cerca del círculo central, los ataques esbozados por Correa y Lemar carecían de velocidad (siempre previsibles), Griezmann no atinaba demasiado y Morata intentaba encajar sus prestaciones en el esqueleto del equipo. El mejor, quizá Rodrigo.

Para la continuación, Simeone dio entrada a Filipe, prescindió del tarjeteado Arias y luego probó con Vitolo, a quien abuchean y maltratan hasta en el último rincón de Sevilla. Tal vez pudo el colegiado decretar penalti tras leve toque a Álvaro Morata cerca de la puerta, aunque quien sí lo cometió sin discusión fue un Filipe que sacó la mano a pasear cuando la jugada carecía de trascendencia. Era el minuto 66, Canales transformó la pena máxima y a continuación Griezmann dio pruebas palpables de su calidad: el remate del francés, extraordinario, se encontró con el palo de la meta defendida por Pau.

A partir de ahí, el Atleti atacó sin ninguna chispa y todos convendremos en que así es muy difícil hacer gol. El Cholo quiso ver qué pasaría colocando juntos a dos rematadores como Morata y Kalinic, los béticos aguantaron con tranquilidad, el guardameta local nunca debió intervenir y el cuadro rojiblanco volvió a perder después de ni se sabe cuánto tiempo. Alguna vez tenía que ocurrir.

Quizá las ausencias de Godín, Koke y Saúl -que tanto suenan a columna vertebral, a imprescindibles- afectaran demasiado y sólo cabe desear su inmediata recuperación. Esta semana es necesario entrenar duro y centrarse en preparar el próximo partido, que todos sabemos quién es el inmediato visitante del Metropolitano y ahí sí que no toleramos otro fallo.