Calificaciones: Oblak (7); Arias (6), Savic (6), Godín (7), Filipe (5); Rodrigo (7), Koke (7), Correa (6), Saúl (4); Griezmann (6) y Kalinic (5).

También jugaron Thomas (6), Vitolo (7) y Gelson (5).

 

Ha pasado un buen trecho de temporada y ya podemos decir que el Atleti no es el mismo de otras campañas. Hoy (como en Villarreal o Gerona) concedió ocasiones al rival, dejó centrar demasiadas veces sobre su área y exhibió por momentos un centro del campo descompuesto, incapaz de contener acometidas continuas y amenazantes. No transmite la sobriedad defensiva de casi siempre.

Los rojiblancos -qué bien cuando visten así- empiezan con ganas, pero muy pronto se diluye esta sensación y es el Valladolid quien se hace con el control del juego, muy Relativo porque ni unos ni otros elaboran nada reseñable hasta el minuto 27: Rodrigo roba un balón con la solvencia acostumbrada, cede a Correa, el argentino busca a Griezmann en la banda derecha y la jugada termina con pase de categoría a Kalinic que define como debe hacerlo un verdadero nueve. Te queremos, croata.

A partir de ahí, los locales buscan sin encontrar, el Atlético defiende, Óscar y Ünal mandan fuera sus oportunidades y debemos esperar hasta el 43 para que vuelva a registrarse miedo en Pucela. La amenaza se llamaba Antoine y su tiro lo desvió con el brazo un defensor; como el árbitro no observó tal circunstancia, debió el ser el VAR -a ti también se te quiere- quien avisó de tal circunstancia. Pelota al punto de penalti y Griezmann lo empotra en el arco para llevar el cero-dos al tanteador. La ventaja del Atleti, excesiva, no reflejaba lo visto sobre el verde.

Después del descanso, los albivioletas salieron con ánimo encomiable, pusieron cerco a la guarida del esloveno, avisaron un par de veces (Savic casi hace el autogol) y Calero acorta distancias hacia el 56. Demasiado pronto. Y justo en ese momento, la desaparición de los colchoneros fue de verdad llamativa. Filipe y Arias consintieron un centro tras otro, el lateral brasileño tuvo que abandonar por lesión, los medios retrocedieron varios metros y los anfitriones -con voluntad gloriosa, decidida- lograban las tablas por el infortunio de Saúl Ñíguez, que alojó el balón en propia meta tras rebote de lo más accidental.

Menos mal que las salidas de Thomas y Vitolo tranquilizaron el panorama, porque aquello empezaba a tomar tintes de debacle. La hemorragia cesó, el partido discurría con máxima emoción (y sin jugadas dignas de ser resaltadas), Simeone gritaba cual descosido y al fin llegó el 79: barullo dentro del área, Rodrigo lo intenta, el cuero queda para Griezmann y su tiro cruzado encuentra portería. El francés habrá perdido mil balones en la fría tarde castellana, pero resultó decisivo y hoy sí justificó la inversión económica y el veranito que pasaron algunos.

Los últimos minutos (con cinco de propina) tuvieron como hechos destacables el posible penalti no señalado por mano de Arias y la esperanzadora actuación de Vitolo, que empieza a reclamar un puesto en el once de los elegidos. Los rivales, algo desfondados, ya no tuvieron fuerzas para inquietar el marco atlético y un centro del campo más sólido -muy correcto el eje formado por Thomas y Rodrigo- echó candado a la victoria. Así también vale.