Calificaciones: Oblak (6); Juanfran (5), Giménez (4), Godín (7), Saúl (4); Rodrigo (5), Thomas (5), Koke (5), Griezmann (5); Diego Costa (4) y Morata (3).

También Jugó Correa (-).

 

Todavía debe el Barcelona jugar un partido complicadísimo en el Villamarín, pero a buen seguro lo hará con el ánimo por las nubes y la frente levantada porque la victoria le acercaría dos objetivos cruciales: primero, casi asegurarse el título de liga; además, afrontar el campeonato doméstico con tranquilidad suficiente como para minimizar riesgos y presentarse sin demasiadas heridas en la final europea del Metropolitano. Ya veremos, que esto del fútbol cambia cuando uno menos se lo espera y hacer pronósticos a largo plazo suele ser mal negocio.

Aunque la máquina dibujó un rotundo “game over” tras la derrota de Turín, lo bueno del fútbol es que siempre hay monedas para continuar el juego aunque ya sea en otras pantallas o con la esperanza de un futuro prometedor, lleno de competiciones que no mueren antes del advenimiento de la primavera. Se extinguieron los cláxones madridistas que celebraron por García de Paredes el triunfo juventino y cesaron ciertos gritos que desmentían una pretendida segunda militancia atlética (pura diplomacia), pero aún permanece Cristiano Ronaldo como foto del perfil whatsappero del gerente de determinado medio de comunicación. Quién sabe, quizá ahora lea estas palabras.

El Atleti depositó en la ranura de San Mamés una moneda triste, deprimida, más de viejo bar cochambroso que de alegre y luminosa sala de juegos. Complicadísimo resulta echarle ilusión a la vida cuando hace cuatro días perdiste una batalla tan esperada como la del martes. Simeone alineó juntos a Morata, Costa y Griezmann, pero tan echado a banda estaba el francés que apenas era protagonista. La primera parte otra vez fue de siesta (aunque la hora no invitaba demasiado) porque ninguno de los dos equipos llegaba a la portería contraria. Exceso de precaución, imprecisiones constantes y una solitaria ocasión: la que desbarató el milagrero a trallazo de Ibai. Thomas pareció abordar la tarde de fútbol con el caletre desnortado (luego fue entonándose), Koke y Griezmann se perdían en combates fútiles, intrascendentes, y los dos delanteros respiraban pero no existían. Como el contrario tampoco imitaba a los Harlem Globetrotters, el Athletic-Atlético de hoy parecía todo menos un Athletic-Atlético de siempre.

El cuadro colchonero se entonó en la segunda mitad, Griezmann le dio otro aire al juego en cuanto le dejaron mayor libertad, los bilbaínos prefirieron replegarse y el p..o VAR decidió no señalar penalti alguno en el área local mereciendo con ello que se le añada una nueva letra capaz de dejar más al descubierto su condición. A partir de ahora, pasa a ser el p.to VAR. El Atlético controlaba el partido (sin excesos), pero esto se trata de marcar gol y lo consiguieron los contrarios en el 72, tras fallo garrafal de Giménez y remate final de Iñaki Williams, esa flecha con hechuras de magnífico delantero y pinta de pertenecer al Southampton. Luis Enrique, no te pierdas los partidos del Athletic.

Aunque el marcador pueda indicar lo contrario, la realidad es que el Atleti quiso, porfió, buscó el empate y sencillamente careció de acierto. El fútbol moderno resulta tan daliniano, tan descastado y tan onírico (todo se mezcla en los sueños) que el hijo de Meho Kodro selló la victoria con la ayuda -esta vez fue mala suerte- de José María Giménez. Los colchoneros desplegaron desde entonces y hasta el 94 un inesperado acoso, pero ni el trallazo desaforado de Thomas ni el disparo de Morata (a puerta vacía, frente a la línea) obtuvieron premio. La primera plaza empieza a estar demasiado lejos y ni con prismáticos llegamos a distinguirla.