Calificaciones: Oblak (9); Juanfran (6), Savic (7), Godín (8), Saúl (6); Rodrigo (7), Koke (7), Thomas (6), Lemar (3); Correa (4) y Griezmann (6).

También jugaron Vitolo (7) y Montero (6).

 

Sevilla y Atleti (tercero contra segundo) jugaron esta tarde uno de los mejores partidos de la temporada. El caliente estadio de Nervión se engalanó como para ir de boda, la afición local estaba muy enchufada desde antes del comienzo (sabidas son las ganas que les tienen a los colchoneros) y los equipos saltaron al terreno de juego con onces muy reconocibles, si bien el cuadro madrileño no pudo contar con Diego Costa ni con ninguno de sus laterales izquierdos.

Después de noventa y pico minutos repletos de ocasiones (hasta trece), milagros de los guardametas, actividad máxima en cada trinchera y demasiadas tarjetas amarillas (doce) por el exagerado celo de Mateu, antaño tan permisivo, podemos colegir que hoy nos hemos divertido de verdad, que los dos conjuntos demostraron ser muy competitivos, que los héroes se llamaron Vaclik y Oblak, y que Jesús Navas raya a uno de los niveles más altos de su carrera. Tremenda la actuación del extremo reconvertido a carrilero.

La primera mitad fue del Sevilla. Los atléticos se limitaban a tapar con oficio y automatismos las acometidas locales, que no inquietaron demasiado hasta que André Silva golpeó con violencia un balón de gol que Oblak desvió al palo con esa rutina milagrera tan suya. Minuto 35. A partir de ahí, los jugadores decidieron soltarse las cadenas. Sesenta segundos después, Ben Yedder hizo el primero y las cosas no parecían pintar demasiado bien para los hijos de la verdadera religión futbolística porque ni Saúl ni Lemar eran capaces de detener a un descomunal Navas, porque el juego de ataque resultaba inexistente (cuánto pierde Thomas en banda) y porque Rodrigo o Koke invertían sus encomiables esfuerzos en atenuar el ímpetu ofensivo de los hispalenses.

Pudo ser muchísimo peor si el guardameta esloveno no saca un gol casi hecho justo después de recibir el primero -los sevillistas andaban desbocados-, aunque el fútbol castiga con crueldad la falta de acierto en el momento de ejecutar la suerte suprema. Estaba Mateu a punto de decretar el descanso cuando Thomas Partey forzó una falta cerca de la frontal, Griezmann agarró el cuero, la barrera colocada frente a él parecía por lo menos el metro de Avenida de América a las ocho de la mañana (aquello estaba abarrotado de jugadores de los dos conjuntos) y el Principito demostró su calidad con un toque sutil, de enorme jugador, que dejó pasmado a Vaclik y llevó el empate al marcador. Tremenda la capacidad atlética de hallar lingotes de oro hasta en los terrenos menos propicios.

El Atleti fue otro tras el descanso: buscó el marco contrario con alegría y durante este periodo creó buenas ocasiones. Saúl resultó uno de los más activos tras ceder el lateral izquierdo al joven Montero, Thomas crecía por momentos, Rodrigo echó el ancla para darle sentido a todo, Koke realizó una labor defensiva espectacular -pese al caño genial de Navas cuando faltaba poco para terminar- y Vitolo superó el odio africano de la grada. Atrás, Los dos centrales brillaron aunque con especial referencia a los aciertos y el coraje de Diego Godín, que pasará a la historia como uno de los diez colchoneros más importantes de la historia y todavía siento que hablo desde la moderación. El charrúa es único.

El Sevilla siguió a lo suyo y no anduvo lejos del gol, pero allí estaba Oblak para lo de casi siempre; y donde no llegó el guardameta, lo hizo la fortuna con ese tiro de Ben Yedder que se perdió por una antena de hormiga. También la tuvo Griezmann -mano a mano contra Vaclik- y Thomas, que hizo trabajar al checo con disparo impetuoso y lejano. Buen resultado y notable imagen. Ahora, a por la Copa.