Durante los siglos IX y X el valle del Jarama era un territorio ocupado por los invasores musulmanes. Para vigilar el avance de los cristianos en su tarea de reconquistar sus antiguos territorios, los musulmanes construyeron toda una serie de atalayas desde donde dominar grandes extensiones y vigilar así las incursiones cristianas. Es muy posible que la presencia de estas torretas de vigilancia sobre el valle del Jarama sea el origen del topónimo de Valdetorres del Jarama.

 

La vega del Jarama estuvo ya ocupada durante la Edad del Hierro, como atestiguan algunos restos encontrados. Pero fue durante la época romana cuando las riberas del Jarama albergaron núcleos de población. De esta época es la conocida villa romana de Valdetorres, descubierta en 1977 cuando se efectuaban unas obras en el llamado Camino de Madrid. Se descubrió la escultura de un tritón y a partir de entonces se realizaron varias campañas de excavación entre los años 1978 y 1982, hallándose la estructura de un edificio de planta octogonal. También se encontraron otras piezas de valor, como un grifo y un sátiro, así como fragmentos de marfiles tallados, cuyo estudio reveló que procedían de Egipto, datándose a finales del siglo IV d. C., durante la época del emperador Constancio II (337-361 d.C.). Se han constatado indicios de ocupación durante el periodo visigodo y medieval. Los musulmanes utilizaron estos asentamientos, pues la antigua vía romana que unía Talamanca del Jarama con Alcalá de Henares seguía siendo una importante vía de comunicación para los árabes.

Se cree que Valdetorres se fundó tras la conquista de la ciudad de Toledo en 1085, una vez consolidada la frontera con la España islámica. Posteriormente se configura la comunidad de villa y tierra de Talamanca, de la que forma parte.

En 1223 el arzobispo Jiménez de Rada otorga una Carta Puebla a la villa y aldeas del Alfoz de Talamanca, favoreciendo la colonización y el desarrollo de la villa y tierras aledañas, con residencias de varias familias de la nobleza, como los Mendoza, los Acuña o los Avendaño.

 

Ya en el siglo XVI los archivos históricos hablan de la riqueza y fertilidad de sus campos, de plantaciones de frutales, así como de la existencia de varios molinos. En 1563 Felipe II concede a Valdetorres el título de villa, con la exención de la jurisdicción de la villa de Talamanca, que supone de facto la separación de Talamanca. En 1579 Felipe II vende la villa a su contador mayor Francisco de Garnica, caballero de la Orden de Santiago y primer señor de Valdetorres. En siglo XVI se construye la iglesia de la Natividad de Nuestra Señora, con partes añadidas en el siglo XVII. Dispone de 3 naves y una torre rematada en almenas. Del siglo XVI también era el antiguo palacio de los Garnica, actualmente desaparecido, que albergó al cuartel de la Guardia Civil.

 

En el año 1639 se encuentra en el río Jarama la imagen del Cristo de los Ultrajes, que se convierte desde entonces en el patrón de la localidad.

 

En 1719 Felipe V encarga el establecimiento de una fábrica de fusiles en Silillos, que por entonces pertenecía a la familia Granada de Ega, descendientes de Francisco de Garnica. La dirección de las obras se encomendó a José de Churriguera y se aprovecharon las instalaciones hidráulicas ya existentes de los molinos de la heredad. La fábrica no prosperó y en 1770 dejó de funcionar, debido al parecer a la insalubridad del lugar y a las dificultades para transportar la producción.

 

Los campos de Valdetorres también fueron escenario de escaramuzas militares durante la Guerra de la Independencia.

 

A comienzo del siglo XX, la población de Valdetorres ascendía a unos 1.000 habitantes, una cifra que permaneció constante hasta finales del siglo XX. A partir de la década de los 60 Valdetorres experimenta un importante avance y modernización, con el alcantarillado y asfaltado de calles, así como mejoras en el alumbrado público y en las vías de acceso a la población. En la actualidad Valdetorres del Jarama ha crecido considerablemente y cuenta con 4.000 habitantes aproximadamente, pues gracias a su cercanía a Madrid se ha convertido en lugar de residencia de vecinos llegados de la capital, que buscan tranquilidad y cercanía a la naturaleza.