Tan solo, una pena, dos cines madrileños (y otros nueve en el resto de España) siguen proyectando en sus salas Animales en apuros. Debe tenerse en cuenta, a la sazón, el insólito empeño de Vladimir Putin por promocionar la industria de animación rusa. La historia pretende emular los relatos de la spielbergiana DreamWorks. Eso sí, lejos de la calidad cinematográfica de éstos.

 

Animales en apuros, película de animación rusa dirigida por Victor Azeev, nos presenta a un solitario castor, Bob, que mora, dichoso, en su pequeña, modesta y recoleta aldea. Todo va bien hasta que un día su serenidad se ve trastornada por un soliviantado y jovial ejemplar felino, plasta y machacón, dedicado a interpretar el neohimno elegetebeí, I will survive, de la gran Gloria Gaynor. Tonadilla ésta, bueno es recordar, compuesta por Freddie Perren y Dino Fekaris. Desde hace decenios petando en discos gays, heteros, trans y en las quelis de todo ente cool que se precie. Una canción para gobernar un planeta. En nuestra cinta adquiere un sentido clarividente: arrostrar los aprietos existenciales, tornarse más fuerte y seguro, no compadecerse y tirar millas le pese a quien le pese. Que cada lector inquiera la polisemia del asunto.

Amistad

Prosigamos con nuestros protas. Una turulata nave alienígena trama maldades. Pero por allí, mayúsculo estrambote, también pululan otros extraterrestres de buen corazón que responden a los nombres de Zaca, Zic y Zuc. Desde entonces, entre todos ellos se irá cincelando una atípica y gran afecto mutuo. Los malos, excluidos de la cuchipanda, obvio. Algo más adelante, los aliens malvados aterrizan y dan comienzo sus pérfidas abducciones. Merodean distintos entes celestes para llevar a todo bicho viviente a una suerte de zoológico sito en su propio planeta allende las galaxias. El castor medio cascarrabias y Max, el gato, atravesarán toda la película esquivando las iniquidades de los scratchers (memento Area 51, Bob Lazard mediante). La hermosa y vigorosa amistad forjada por esta simpática pareja va incrementándose con el transitar de los fotogramas.

Los nuevos coleguitas, alienígenas de colores (verde, morado y rosa) hacen lo que pueden ante la umbrosa invasión allende los mundos conocidos. Peripecias múltiples, brotan cuervos y elefantes, jirafas y pingüinos y criajos, se deslizan globos multicolores, todo tan variopinto y buenrollista. Se pasan, eso sí, bastante tiempo- relámpago cimero- en la oprobioso chabolo alien jugando al piedra, papel o tijera. Admirable artimaña para depravar inteligencias, en principio, superiores al soez cacumen de los terrícolas.

Homenajes cinéfilos

Se aglomeran guiños diversos, asaz enjundiosos. Impresionante asunto, mucho más aterrizando desde Rusia semejante artefacto cinematográfico. Desde E.T, girasoles abriéndose y lacrimosos adioses, a la tercera parte de Men in Black, transitando por el inmortal homenaje al imperecedero Kubrick. Fenomenales y fastuosas danzas estelares al son de An der schönen blauen Donau (En el bello Danubio azul), de Johann Strauss II. De todas maneras, se debe aclarar que más allá de su recurrente y vigorosa cinefagia, la moraleja no deviene desmedidamente original. Hay que unirse ante las adversidades, juntos podremos vencer lo que se nos ponga por delante, los malos siempre pagan y los buenos siempre ganan. Un enorme y (extremadamente) consolador embuste. Pero, a veces, cuela. En fin.