Como todos los veranos, los incendios forestales están arrasando amplias extensiones de nuestro territorio, con unos daños a nuestro patrimonio natural difíciles de evaluar, cuya recuperación llevará décadas y que ni siquiera en todos los casos será posible.

Por todo ello, es imprescindible que se impulsen medidas de prevención, siendo conscientes de que es imposible alcanzar el riesgo 0.

En este sentido, el sector de la caza es una pieza clave en la lucha contra los incendios forestales, tal y como se pone de manifiesto cada verano.

Según revela el ‘Informe de Impacto Socioeconómico de la caza en España’, elaborado por la consultora Deloitte para la Fundación Artemisan, el sector cinegético invierte cada año más de 54 millones de euros en tareas de mantenimiento y adecuación de accesos, pantanos, podas, mejora del monte, cortafuegos y cortaderos, entre otros.

 

No obstante, el papel de la actividad cinegética en la lucha contra los incendios forestales va mucho más allá de esa inversión, y se concentra especialmente en la prevención.

Son miles de guardas de cotos distribuidos por toda España que actúan como agentes activos de prevención y en un primer foco de alerta, con comunicaciones inmediatas a las autoridades, tanto ante el inicio de un incendio forestal como ante cualquier práctica inadecuada que pueda aumentar el riesgo de propagación del fuego.

Por otra parte, las importantes inversiones realizadas en España en la conservación del medio ambiente por un sector privado como es la caza, permiten mejorar los accesos a zonas rurales y minimizar el riesgo de incendios a través del cuidado del entorno.

No es un hecho casual que las grandes zonas de caza mayor (Sierra Morena, Montes de Toledo, Serranía de Cádiz…) sean históricamente espacios con un índice muy bajo de incendios forestales.

Según explicaban expertos en esta materia en el documental La caza y los incendios forestales, todo ello es consecuencia de varios factores como un manejo sostenible del espacio, la presencia de los guardas, las torres de vigilancia, los cortaderos (que forman auténticos cortafuegos) y la red de balsas de agua.

Otro importante factor es el papel que desempeñan las especies cinegéticas, sobre todo las de caza mayor, que se convierten en auténticas máquinas desbrozadoras naturales.

A todo este efecto sobre la prevención contra los incendios forestales hay que sumar el trabajo que realizan los cazadores cuando se desencadena un incendio. Tanto como apoyo de los trabajos de extinción como renovando los puntos de agua y comida y distribuyendo alimento para facilitar la recuperación de la población animal afectada.

Con estos hechos, puestos de relieve por informes técnicos y testimonios de expertos, la Fundación Artemisan quiere hacer un reconocimiento público al trabajo y al compromiso de los cazadores y gestores de terrenos cinegéticos, a la vez que les anima a seguir siendo parte fundamental de la lucha contra los incendios forestales en España.

Fuente: Fundación Artemisan