En un acto público, celebrado este sábado en el salón de actos de la Ciudad Deportiva Valdelasfuentes de Alcobendas, sobre la protección de los menores y la custodia compartida, han irrumpido alrededor de treinta o cuarenta feministas radicales a los gritos de “aquí estamos las feministas”, “vergüenza, vergüenza”, “fuera, fascistas, de nuestros barrios” y “hacemos con nuestros cuerpos lo que nos sale de nuestros coños”. Muy elegante. Sí, señoras. Así se habla. “Hacemos con nuestros cuerpos lo que nos sale de nuestros coños”. La imagen visual de la frasecita, que por cierto han repetido hasta la saciedad con megáfono incluido, ha sido cuanto menos espeluznante. ¡Por favor, que alguien me diga cómo sacarla de mi cabeza!

Yo prefiero decir… no sé. Tendría que pensarlo. Si digo “potorro”, sonaría a pitorreo. He dicho “pito”. ¡Se va a liar!

Cuando alguna vez he utilizado la palabra “coño” ha sido como palabrota…  ¡Pues como todo el mundo! Pero resulta que sin querer estaba haciendo alusión a una parte íntima de la mujer. Pido disculpas. Nada más lejos de mi intención que utilizar semejante zona para jurar en arameo.

Mientras las ponentes Yobana Carril,  Alicia Rubio, Tania Evans y  Soraya Romero esperaban con paciencia, y calladas, a que la policía desalojase a las vociferantes feministas radicales después de varios minutos de gritos e insultos, algunas de ellas y de ellos, porque también había machos ―digo machos porque no sé cómo llamarlos: hombres, hombros, hombris, varones, varonas. Ufff, que lío tengo ya―, pues bien, mientras las cuatro ponentes esperaban pacientes a que se calmasen las vociferantes para poder empezar con la conferencia, he podido comprobar con cierto estupor cómo muchas y muchos de ellas y ellos tenían a bien taparse las caras, y en algunos casos hasta las cabezas con capuchas, no vaya a ser que se les identifique por el peinado, mientras que las cuatro ponentes permanecían a cara descubierta a que se calmasen los ánimos. Pero los ánimos no se calmaron. ¿Quién doma a las fieras? Ni idea.  Alguna que otra incluso hacía gestos con el dedo corazón en alza dirigiéndolo al resto de asistentes. Un acto muy “demócrata y pacífico” que dice mucho de la postura radical de las feministas. Esta misma señora ―perdón si ofendo con el término―, levantaba el dedo corazón y hacía fotos a todos los asistentes. Digo yo que no sería para hacer un póster con las fotos y colgarlas en alguna pared de su casa.

Ha sido una pena que en lugar de quedarse y recoger información, incluso hacer preguntas que por supuesto hubieran sido respondidas de forma correcta, educada, con datos, con testimonios y con rigor, dieran por supuesto que aquello era un acto fascista, lo que demuestra una vez más lo radicalizadas y equivocadas que están. La mayoría no rebasaría los veinte años… Ummmm…. ¡Preocupante!

Y yo me pregunto: si tanto odian a los hombres, ¿para qué piden la legalización del aborto? ¿O es que piensan que a los niños los trae la cigüeña? Después de ver las edades que tienen no me sorprendería nada. Quizá tengan previsto reproducirse por esporas. Supongo que el tiempo lo dirá. Mientras tanto, aún quedamos mujeres que preferimos el método tradicional. Invitaría a estas chicas a probarlo y dejar de odiar tanto a los hombres. Siempre he dicho, y sostengo, que el feminismo es la cara opuesta del machismo. ¿Qué pretenden entonces, volver al siglo pasado?