• El zamorano José Mateos Mariscal, cuya empresa quebró  durante la crisis relata su marcha a Alemania con su familia y denuncia que fue su propio país quien les expulsó

 

El ex empresario José Mateos Mariscal también fue víctima de la crisis y de cómo funcionan las cosas en este país. Allá por 2008, su empresa de estructuras metálicas para grandes superficies comerciales quiebra. Tenía 20 personas en plantilla. Comienza entonces una triste y dura historia. "Me embargaron todo y nos quedamos en la calle con dos niños. No sabíamos qué hacer. Cobrábamos una ayuda social por la Junta que no nos daba para comer a los cuatro. Vendimos un coche y en 2013 nos cogimos un avión a Alemania mi mujer, mi chica de 10 años, mi niño de 6 y yo".

Allí, perdidos, les encontró un cura que les ayudó durante 15 días. Dormían en una iglesia. Poco a poco, José fue mejorando en sus empleos. Hoy trabaja como oficial de primera en el departamento de recogida de basura del Ayuntamiento y vive entre Wuppertal y Remscheid. "Hoy nos va relativamente bien. Vamos metiendo una pierna y sacando otra. Aquí se puede vivir, se puede salir adelante. Y lo que quiero es que se entere todo el mundo: una familia que vivía en la pobreza en España ha salido adelante. Pero, sobre todo, quiero reivindicar que existimos, nos hacemos visibles, que nadie se olvide de nosotros, de los emigrantes exiliados por la crisis económica. Yo me considero un expatriado. Yo no emigré, a mí me echaron de España. Perdimos todo. Los asistentes sociales andaban detrás de nosotros para quitarnos a los niños porque no podíamos ni darles de comer. España te condena a la indigencia, de la que luego no puedes salir. Perdí un chalé, un piso, dos coches y un camión".

José salió en numerosos medios de comunicación quejándose de la situación de los autónomos, sin desempleo, de su precariedad y vulnerabilidad. Sus hijos hablan hoy tres idiomas, estudian y trabajan. "Nos va relativamente bien. Mi mujer tiene artrosis y no puede trabajar. Aquí, a diferencia de España, los críos tienen la oportunidad de aprender idiomas perfectamente, se desenvuelven. Todo lo que he sufrido con esa barrera del idioma al llegar, mis hijos me lo han ganado, en cultura y educación. Hoy me defiendo. Aquí los primeros que se adaptan son los niños", asegura.

¿Por qué Alemania? "Elegimos este país porque era una vía de escape y tenía buenas ayudas sociales. No es para tirar cohetes pero es que en España nos desahuciaron dos veces. Y eso hay que recalcarlo: España es el país más bonito que existe pero las ayudas son precarias, obsoletas y es una máquina de hacer indigentes. Mis hijos perdieron la infancia en España y aquí han recuperado algo. Ya no vivimos en precario". 

"SOBREPONERSE A LA NOSTALGIA DEL PASADO Y AL MIEDO A CAMBIAR DE PAÍS TIENE RECOMPENSA"

José conoce a más españoles que salieron huyendo de su país, con los que apenas tiene relación, "pero es que tampoco quieren hablar de sus cosas. Yo no tengo nada que ocultar. Yo en España era un indigente y en Alemania soy una persona trabajadora porque el país me han dado la oportunidad. España no me la dio con mis 39 años. Y eso quiero que se sepa. Es una espina clavada: ¿por qué en mi país no viví y aquí sí? Lo echo de menos, pero no puedo volver a vivir a España a causa de las deudas que tengo con la Administración. Siempre diré que hay que pagarlas, pero como se pueda en cada caso. Habría que revisar las circunstancias de cada uno". 

Se cumplen 60 años de la llegada de los primeros 'Gastarbeiter' a Alemania. En 1955, el país germano firmó el primer acuerdo de contratación de trabajadores con Italia. Posteriormente, se firmarían otros con Grecia, Turquía, Portugal y España. Unos 600.000 españoles emigraron al país centroeuropeo en los años 70 para trabajar en la industria alemana. José lo recuerda, cree que las circunstancias apenas han cambiado con los tiempos en España. "Desde que vivo en Alemania me siento raro también en España. Mi familia dice que me estoy alemanizando porque me molestan los gritos de la gente por las abarrotadas calles de Madrid. He dejado de preocuparme por si me roban el móvil o la cartera... Involuntariamente he empezado a pensar que la gente respetará las reglas. Y es que, aunque tiene inconvenientes, la cultura alemana también tiene grandes ventajas".

A pesar de todo aquello que dejó atrás y que no sabe cuándo volverá a formar parte de su rutina diaria, "el balance total tiende a ser positivo en la mayoría de los casos, ya que salir y vivir en un lugar como Alemania, donde cada día te encuentras con otra forma de actuar, es enriquecedor aunque no sea consciente de ello. El aprendizaje es constante y eso te hace crecer. Por ello, sobreponerse a la nostalgia del pasado y al miedo que provoca un desafío tal como es cambiar de país de residencia tiene su recompensa en cualquiera de los casos, sea cual sea el perfil del emigrante".

Coral Hernández