Palma de Mallorca, puntita del iceberg. El Institut Mallorquí d'Afers Socials (IMAS) habló al principio de dieciséis crías. Falso. Como también que fuesen un puñado más amplio. Como se podrán imaginar, lectores de ECDM, la prostitución de las niñas acogidas en los centros de menores de la capital de la ínsula balear se encuentra absolutamente extendida. En algunos casos, llega a la práctica totalidad de las menores ingresadas.

Red magníficamente establecida de captación de chavales desamparados. Muchas de estas niñas eran atraídas, también, por menores. A cambio de prostituirse, pasta y farlopa. Todo se sabía, nadie dijo nada. Ni maderos ni autoridad competente alguna. En el resto de España, semejante. Y en parte de Europa, un aire. Los menores, molidos a golpe de drogas psiquiátricas y maltratados con bastante frecuencia, bajo la tutela de las administraciones autonómicas españolas, un puro horror.

Todo por la pasta

Todo da comienzo con la relativa sencillez con la que se pierde la custodia de un menor por la vía administrativa, los prolongados periodos de tiempo que pueden acontecer antes de que los tribunales dicten resoluciones sobre el asunto, los difusos vínculos entre algunas organizaciones que gobiernan estos centros y las que lo hacían en tiempos de la dictadura franquista. Pringue de todo cristo.

Y, por supuesto, redoble de tambor, el gran negocio que suponen los centros de menores. Con la Iglesia Católica pringada hasta las cachas, con su variadísima y turbulenta malla de congregaciones religiosas El "cuidado" de estos niños aporta, de media, casi 4000 euros por chaval y mes, Los centros estatales, en torno a 9.000 pavos del ala. Ensamblándose a todo este montante las contribuciones de distintas empresas a través de sus obras sociales (los filántropos de los cojones no podían faltar) que mariposean como patrocinadoras. Y, faltaría más, las “donaciones” de suelo público de las comunidades. Traducción: estas organizaciones acumulan un significativo y elevadísimo patrimonio. Mueble e inmueble.

El inicio de la pesadilla

Basta una queja de un colegio, un soplo del pediatra, o el queo chivato de un vecino para que se inicie una locura burocrática, lo intitulan expediente, que concluye con el niño apartado de la familia, nuclear y extensa. Un robo en toda regla. Cada autonomía posee su correspondiente comisión de tutelas. Allí, tan solo se dedican a redactar falsarios informes.

Y, sobre todo, debemos recordar siempre el omnímodo poder de los siniestros Psicosociales, servicios sociales eufemismo. Sórdida mezcolanza, aparentemente humana, en la que prevalecen nepotismos, enchufismos, putiferios plurales y el negocio más turbio. Los jueces y fiscales, en el ajo. Los ignominiosos psiquiatras, apuntalando el pútrido edificio. Los chanchullos, el pan nuestro de cada día, no nos lo ofrezcas hoy. Entre menores y mayores tutelados anda el juego, no olvidemos ese campo de exterminio denominado AMTA (Agencia Madrileña para la Tutela de Adultos).

Solo corrupción

En los juzgados de familia apenas existen psicólogos forenses por oposición. Su terreno lo ocupan tíos, preferentemente tiorras, sin control de los colegios profesionales, que salen de brumosas bolsas de trabajo y dependen del juez de familia. Nausea infinita. Corrupción desatada. Y, cómo no, las putas leyes, el corolario inevitable, la 5/2000 y la de 2015, ambas nacionales. Y las autonómicas aseverando, te cagas, que" se puede investigar sin conocimiento del interesado".

Asco

Inmutable el discurrir del narcopederasta régimen del 78, filiado con el franquismo, no en vano al Emérito nos lo encasquetó Paquito. Hasta hoy, una desvergonzada, brutal y absoluta connivencia de todo tipo de instituciones, estatales y privadas. Aparte de las tramas mafiosas, legales o ilegales. Manejando perfeccionadamente el cotarro del tráfico, compra-venta y abuso de menores a feroz escala. Son célebres, en cierto bar castellonense como criminal paradigma, los casos de redes dedicadas directamente al secuestro, abuso y asesinato de menores, tal vez al tráfico de órganos, vete a saber, compuestas por personajes socialmente distinguidos (políticos, jueces, periodistas, empresarios, presentadores, actores...). Estas informaciones, en principio relevantes, acaban ocultas tras una aglomeración de desinformación, pistas falsas y casos archivados por estrafalarias y arbitrarias razones. Dando la vuelta a la tortilla, se acaba acusando a los que se atrevieron a desvelar ciertos bocetos del horror.

Océanos muy negros

A mi parecer, no hay nada más piadoso en el mundo que la incapacidad, casi imposibilidad, de nuestro cacumen de correlacionar todos los contenidos que nos circundan. Vivimos en un plácido islote de ignorancia en mitad de piélagos brunos e infinitos. De todas maneras, infiero que no fue pensado que debiéramos llegar muy lejos. Mejor. Esta especie y este mundo, irreversiblemente desahuciados. En fin.