Desde hace años los dermatólogos nos advierten de lo dañino que es el sol para la piel, especialmente en las horas centrales del día en verano y mucho más para las pieles blancas, que deben protegerse más. Además, el sol, cada año quema más y es más desagradable. Mucha gente lo comenta, cada año pica más y se soporta peor. Además de que yo no iría a la playa por principios, no comprendo como la gente puede aguantar tantas horas debajo del sol. Y lo que es una locura no protegerse o protegerse mal. Me da mucha pena ver a la gente con la piel enrojecida como cangrejos y que expongan sus pieles blancas al sol como cobayas de laboratorio oncológico.

 

He de reconocerlo, en verano huyo del sol, lo aborrezco. Sólo lo soporto en otoño e invierno y especialmente en las horas del atardecer, cuando los rayos son tímidos y menos dañiños, lo que se conoce en muchos lugares como el sol de los zorros. Como decía el poeta, solo al atardecer la naturaleza recobra sus verdaderos matices. El sol de primavera ya es auténticamente insoportable, quema como el de verano.

 

Cuando llega el verano lo primero que deseo es que se vaya cuanto antes y sobrevivo como puedo estando a cubierto en las horas de sol y refugiándome en el norte de España, que por cierto cada vez tiene menos días nublados. No entiendo esa veneración que tienen muchos por el sol y por las altas temperaturas. Se pasan todo el año añorando el verano, el solecito, la cervecita... pues sí todo eso está muy bien, pero para verlo desde la sombra y si puede ser refrigerado mucho mejor. Como dice mi tío, lo peor del aire acondicionado es no tenerlo.

 

No es tan difícil huir del sol en las horas centrales del día, o bien se puede estar en el trabajo, en casa, en un bar, en una biblioteca, en una iglesia o en un banco a la sombra. Los heliofóbicos ya nos conocemos las rutas de calles sombreadas y si tenemos que pasar por una avenida soleada podemos hacerlo cubriéndonos el rostro como un imputado por corrupción política. Esto es un poco hiperbólico, pues no pasa nada por pasar unos segundos por un tramo soleado, eso sí que sea lo más breve posible. No hay cosa peor que esa aberración urbanística que se conoce como plaza dura (plaza sin árboles) y sin porches que protejan del sol.

 

Lo políticamente correcto es decir que el buen tiempo se da con un día soleado y caluroso. Pues NO, conozco mucha gente que piensa que el buen tiempo es precisamente un día nublado y fresquito. Como dice también mi tío, en Barcelona el buen tiempo comienza en octubre, pues tiene un clima suave el resto del año.

En la ciudad condal de 365 días, tenemos más de 300 de sol. Por eso los días nublados como hoy los aprovecho al máximo para pasear, para ver todo con otros ojos, es mucho más atractiva y poética la ciudad cuando está nublado. Menos gente y una sensación mucho más agradable, un soplo de aire fresco que pone de mejor humor. El calor y el sol agobian e irritan. ¿Les pasa a ustedes lo mismo o son de los solecito, playita, cervecita?