El Correo de Madrid tuvo referencia del escritor José R. Barrios al presentar éste en Madrid, el pasado 8 de Marzo (Día de la Mujer), su último libro GUÍA PARA PADRES MALTRATADOS (Almuzara), escrito conjuntamente con el conocido Juez Serrano. Nos hemos puesto en contacto con él para entrevistarle sobre su labor en defensa de esta causa y el mediático caso del “Papá Maravilla”.

 

¿Por qué decidió involucrarse en esta lucha en defensa de los padres maltratados?

En mi caso personal he vivido de cerca los efectos del Síndrome de Alienación Parental (SAP) y eso me llenó de energías para informarme de por qué ocurría y al ampliar el contexto de estudio comencé a tener más y más datos, hasta llegar a la conclusión de que estamos ante una Industria de Género, que no es más que un negocio clientelar en nombre del feminismo, es decir, a su costa. A las mujeres maltratadas llega sólo un 2% del dinero, el resto es para pagar a toda la gente que vive del maltrato y una red faraónica de chiringuitos de género. Yo te doy un modo de vida y tú me votas, ahí reside toda la ideología que mueve esa administración paralela.

 

¿Cómo plantar cara a la ideología feminazi que criminaliza al varón?

Bueno, ideología como tal no existe, únicamente emplean tres palabras (machismo, género y heteropatriarcado). Con tres palabras no se estructura ninguna ideología. La Ley Integral de Violencia de Género del año 2004, en su artículo nº 1 define la violencia de género como aquella que ejerce el hombre sobre la mujer por el hecho de ser hombre. Eso es una gran falacia, porque la violencia no tiene género, las mujeres también matan a los hombres, de manera alarmante acaban con sus bebés y también ejercen violencia sobre personas mayores o dependientes, abusando de su fuerza. La única manera de plantar cara al nacionalfeminismo español es publicando un libro, las feministas temen tanto a la publicidad que le puedan hacer que no dicen ni pío.

 

¿Favorecen las leyes a la mujer discriminando al hombre?

Aquellos que conocemos este asunto a fondo hemos llegado a la certeza que estamos ante un nacionalfeminismo con muchísimas similitudes con lo que fueron muchas dictaduras. Fíjese que aquí hay Juzgados de Género creados para juzgar sólo a hombres, se ha elaborado una jurisprudencia anti varón o jurisprudencia de Género, se encarcela a los hombres un viernes por la tarde hasta que un lunes por la mañana, bajo el síndrome de una detención ilegal, son puestos frente a una Jueza de Género y se les fuerza a firmar una Sentencia de Conformidad con la que pasan a ser maltratadores fichados en un Registro Central de Maltratadores y además se les repercuten todos los gastos.

 

¿Es el fin de la presunción de inocencia?

Evidentemente sí, también es el fin de los derechos a un juicio justo, a una labor instructora imparcial, a que las pruebas practicadas sean apreciadas en conciencia y a un juez imparcial. Los juicios son una pantomima, los hombres son condenados por el hecho de ser hombres. El último caso de arbitrariedad procesal lo tenemos en el caso de José Antonio Pallero Bote, un maestro de Educación Primaria de La Coruña, denunciado por maltrato psicológico, que pasó 40 días en prisión y está a la espera de cumplir 3 años y 8 meses de cárcel.

 

En su juicio sólo bastó la declaración verbal de su exmujer y de cuatro testigas que ésta llevó al juicio, mientras José Antonio estaba incomunicado tras un biombo. Ninguna prueba documental o pericial se tuvo en cuenta en ese teatrillo de juicio, sólo el relato despechado y maquiavélico de varias señoras. Esta chapuza de juicio es comprensible, pues a cada Juez, el Observatorio de Género le revisa sus sentencias y nadie quiere perder el pan de sus hijos. En realidad, el maltrato psicológico lo recibió José Antonio Pallero en el juicio que padeció. Aunque en contexto más amplio estamos ante un maltrato estructural o de Estado hacia los hombres heterosexuales. Un crimen de lesa humanidad en toda regla, por persecución a un grupo social por razón de sexo, delito perseguible por la Corte Penal Internacional de La Haya.

 

¿El acoso psicológico es algo difícil de demostrar?

Y tanto. Paradójicamente el acoso psicológico es una especialidad de las mujeres, pero estas no se cortan al endosarlo a su pareja. Lo que ocurre es que las feministas del Gobierno de turno -léase Teresas, Calvos, Bibianas y Leires- han ampliado hasta el infinito las causas de maltrato: si la miras es maltrato, si no la miras, también; si quieres mucho cariño eres un enfermo, si no le echas cuenta es dejadez y desprecio; si le hablas no la dejas vivir, si no le hablas la ninguneas…Resultado: ¡todo es maltrato! Esto se hace para que resulte más fácil poner una denuncia, porque a más denuncias, más dinero con el que impulsar la rueda del maltrato y el negocio clientelar de género.

 

¿Puede contar más a fondo el caso del “Papá Maravilla”?

Se trata del ya mencionado José Antonio Pallero Bote (Facebook), un maestro gallego de 42 años que fue denunciado por malos tratos psicológicos justo cuando le dijo a su exmujer que se iba a separar. Esta denuncia se derivó a un Juzgado de Violencia de Género y de entrada le retiraron la custodia de sus hijos y lo ingresaron en el Centro Penitenciario de Teixeiro hasta que un nuevo abogado recurrió su detención y lo sacó rápidamente de allí. Pallero denuncia que es víctima de la Ley de Violencia de Género (2004) que le ha arrebatado su derecho a la presunción de inocencia. Ahora está a la espera de la respuesta a su recurso ante la Audiencia Provincial de La Coruña.

 

Papá Maravilla ha escrito un libro en el que cuenta en detalle su caso: «Yo maltratado (r), la increíble historia de Papá Maravilla». Su caso es un boom en redes sociales como Facebook, recibiendo apoyo desde todo el mundo. El mismo juez que condenó a Papá Maravilla no supo responder a su pregunta: «¿Puedo educar a otros niños en clase y no me dejan ver a los míos?». Es normal que le sucediera eso, porque la justicia española silencia, mira a otro lado y dicta sentencias de género, es decir, resoluciones de corta y pega.