Toda esta jungla de términos imprecisos, despierta dudas lógicas en el mundillo confuso de los tejemanejes de la política de nuestros días.

El Defensor del Pueblo 8 (¿de qué pueblo?) “se queja de la ausencia de una política migratoria en España, que contemple el fenómeno de las migraciones en su totalidad y articule a los distintos organismos de las administraciones públicas con competencias en la materia”.

Los distintos ministerios y comunidades autónomas no tienen armonización entre ellos, cuando no están enfrentados entre sí, cuando sus jefes son de partidos políticos distintos, o incluso enemigos irreconciliables, dentro del mismo partido…, o partida. Lógico.

Lo cierto es que en 2006 se creó la Agencia Estatal de Inmigración, pero nunca llegó a ponerse en marcha, y fue totalmente suprimida en 2015. Pero eso sí, seguro que sirvió durante esos diez años para “dar de comer” a un montón de políticos, algún funcionario, muchos enchufados, y sindicalistas varios…

Más de un millón de personas extranjeras han adquirido la nacionalidad española en los últimos años, que van de 2009 a 2016. Esta variedad de gente es mucho más que un fenómeno fruto de los problemas de descristianización que reportan las guerras: injusticias, fanatismos y hambrunas.

Esos problemas repercuten en los países desarrollados, por cristianos, cultos y avanzados, gracias a los imperativos de las leyes cristianas, y la única cultura verdadera, que es la que viene de la revelación divina…

Lo que significa que si esos harapientos y depauperados hubiesen vivido progresando como la sociedad occidental, con todos los recursos que la naturaleza ha dotado a la mayoría de sus países, no tendrían ese grado de subdesarrollo que les obliga a marcharse de su nación, abandonando a sus familiares, estilo de vida, costumbres, etc.

Las causas de esta situación, pues, no son naturales, sino provocadas por subculturas, ignorancias y falsos credos, cuyos efectos son obligados.

¿Ha de cargar Occidente con esas culpas ajenas…?

¿Derechos Humanos…, pero a cuenta de quién? ¿Y el peligro de infecciones, transmisión de enfermedades que ya estaban erradicadas en Occidente, etc.?

En una España como la actual, con cinco o seis millones de parados, ¿quién les dará trabajo?

Por no hablar del fácil recurso a la prostitución, la delincuencia, los robos, secuestros, y hasta asesinatos. ¿O creen ustedes que el constante incremento de la inseguridad pública y de la delincuencia impune es por casualidad…?

Estas cuestiones no son tan simples como parece. La filantropía también tiene sus condiciones, o de lo contrario, quedamos condenados a la invasión impune, gratuita y destructora de la paz social y hundidos en la miseria, cuando no en la ley del más fuerte, como sucede en los países de los que proceden.

Hay que advertir a la sociedad occidental que el “plan Kalergi” es un plan masónico que busca convertir al mundo en un rebaño mestizo, impersonal, apátrida, relativista religioso, para imponer esa dictadura mundialista, globalizante, bajo el imperio del judaísmo talmúdico. De ahí las mezclas de razas sureñas y del Este para acabar con la raza blanca, la familia cristiana, las fronteras y los credos.

Lean los escritos de Gerd Honsik en su libro “Adiós Europa”.

El plan es diabólico.

Ahora nos persiguen a quienes informamos de estas realidades secretas del “poder mundial oculto”, y ha inventado una “ley del odio” (Código Penal, art. 510), y creado fiscalías especiales para perseguir a los disidentes, es decir, a quiénes levantemos la liebre de la verdad.

El tema que se vislumbra es mucho más que un problema “humanitario”. Hay que añadir que los “Protocolos de los Sabios de Sión” recogen este plan anterior a lo dicho de Kalergi, y todo ello se está cumpliendo.

          No son refugiados, sino invasores, conscientes unos y muchos más posiblemente inconscientes, pero aquí hay un plan ajeno a los mismos “inmigrantes”.

Nos acusan también de “discriminación” o racismo y xenofobia, cuando solo advertimos del peligro, sin odio hacia ninguna raza ni foráneo.

Discriminar no es recriminar ni criminalizar, sino discernir, distinguir, examinar entre lo auténtico y lo falso. Entre el emigrante legal y el ilegal. Entre el ciudadano honrado que viaja para ganarse la vida y el que invade a la aventura un país ajeno, creyendo tener derecho a todo, y gratis, por supuesto. (Ya se encargarán las ONGs, por cierto todas “regadas” con dinero público, de recordárselo).

Estos invasores, u ocupantes de nuestro país, vienen a la aventura, con todos los peligros que eso entraña.

¿Pero alguien les ha invitado a venir, y está dispuesto a hacerse cargo de su manutención y alojamiento…?

¿O vamos a cargarlo sobre las sufridas espaldas del pueblo español…?

Que generosos son los socialistos y los podemistas, pero con el dinero de los demás.

Y otro efecto que buscan es alcanzar el “sincretismo” o mezcla de todas las creencias religiosas en una sola “Iglesia”. Utopía diabólica que pretende que toda “creencia” sea respetable por muy contradictoria que sea.

Ahí está el sello inconfundible del padre de la mentira. Nadie puede servir a dos señores; ¡ni mucho menos…a todos!