Raúl Álvarez, más conocido como AuronPlay por los vídeos que graba y difunde a través de Youtube, fue acusado por Josep María Bartomeu, presidente del F.C. Barcelona, por la comisión de un delito de injurias del artículo 208 del Código Penal. Así se reflejó en una querella, que, habiendo sido adecuadamente rechazada por el juez de Barcelona que conoció del asunto, indicaba que “el querellado se dedicó a través de su canal de Twitter a proferir todo tipo de comentarios en contra del FC Barcelona, el propio jugador y de rebote el presidente de la entidad, el señor Bartomeu”, sobre el que dijo “Bartomeu, dimisión” o “Nobita, vamos a por ti” con un tono humorístico.

Hay que tener presente que la libertad de expresión es un derecho fundamental reconocido en el artículo 20 de la Constitución, se define, según la Sentencia del Tribunal Constitucional 139/2007, de 4 de junio, como “el derecho a formular juicios y opiniones, sin pretensión de sentar hechos o afirmar datos objetivos, por lo que el campo de acción vendría sólo determinado por la ausencia de expresiones indudablemente injuriosas sin relación con las ideas u opiniones que se expongan, y que resulten innecesarias para la exposición de las mismas”. La Sentencia del Tribunal Constitucional 15/1993, de 18 de enero, indica que “Hemos también afirmado (por todas STC 197/1986) que el reconocimiento constitucional de las libertades de expresión y de comunicar y recibir información ha modificado profundamente la problemática de los delitos contra el honor penalmente sancionables, ya que la dimensión constitucional del conflicto convierte en insuficiente el criterio subjetivo del animus iniuriandi para el enjuiciamiento de este tipo de delitos puesto que el valor superior o de eficacia irradiante que constitucionalmente ostentan la libertad de expresión y de información, traslada el conflicto a un distinto plano en el que no se trata de establecer si su ejercicio ha ocasionado lesión penalmente sancionada al derecho al honor, sino de determinar si el ejercicio de esas libertades actúa o no como causa excluyente de la antijuricidad”, de manera que “Existen en consecuencia dos perspectivas que es necesario integrar, la que enjuicia la conducta del sujeto en relación al honor y la que la valora en relación a la libertad de información o expresión, y sólo de la ponderada valoración de las circunstancias fácticas del supuesto desde ambas ópticas puede ser resuelto de manera constitucionalmente adecuada el conflicto de derechos fundamentales presente en este tipo de casos, teniendo en cuenta que el juicio sobre la adecuación de esta ponderación a los postulados constitucionales compete en última instancia a este Tribunal”. Esa circunstancia, según la Sentencia del Tribunal Constitucional 19/1996, de 12 de febrero, “entraña que el enjuiciamiento se traslade a un distinto plano, en el que no se trata de establecer si el ejercicio de las libertades de información y de expresión ha ocasionado una lesión al derecho al honor penalmente sancionable, sino de determinar si tal ejercicio opera o no como causa excluyente de la tipicidad o antijuridicidad; ello sólo se producirá, lógicamente, si el ejercicio de esas libertades se ha llevado a cabo dentro del ámbito delimitado por la Constitución y, más aún, -y ello es de singular importancia en el caso enjuiciado- si su finalidad tiende a un mejor funcionamiento de los poderes públicos y a evitar irregularidades o disfunciones cuyo conocimiento pueda impedir conductas lesivas para la sociedad”.


En cualquier caso, hay que tener presente que el artículo 208 del Código Penal establece que para que las injurias sean constitutivas de delito deberán tenerse en el concepto público por graves. Fácil es entender que un mote atribuido por el gran parecido con un personaje de la serie de “Doraemon” no puede considerarse un insulto y, aunque pudiera considerarse tal, el mismo no resulta tan grave como para que se pueda justificar un proceso penal.

 

Resulta gracioso que Josep María Bartomeu pueda sentirse insultado porque le llaman Nobita, aunque quizá ello se deba a una excesiva debilidad acompañada de una gran carencia de sentido del humor. En cualquier caso, si el desea un trato tan específico, debiera dispensar la misma conducta para con los demás y no permitir con tanta laxitud que insulte a dirigentes políticos y magistrados en el Camp Nou.