VOX ha presentado una propuesta en Castilla-León contra la ley de memoria histórica diciendo que no hay que mantener una historia de buenos y malos.

 

–Creo que ha cometido un grave error. Si va en plan neutral de “ni buenos ni malos” cae enseguida en la trampa. La cuestión no debe plantearse en esos términos sentimentales y seudomoralistas,  sino como una ley totalitaria, inadmisible en democracia, que dice a los españoles lo que deben pensar sobre su historia. Obviamente quienes defienden esa ley no son demócratas, y ese es el segundo punto a denunciar.  Si no quieren ir más allá, pueden señalar que hay mucha gente que tiene una visión de la guerra civil muy diferente de la que señala dicha ley y sus antidemócratas defensores. Y que harían bien en leer a un tal Pío Moa, en vez de evitar citarme porque la izquierda y los separatistas quieren declarar mi muerte civil y la derecha les obedece. Por lo demás, sí fue una historia de buenos y malos. Muy malos, precisamente.

 

Pero reconocerá la dificultad de cambiar de pronto una visión que se ha impuesto, que la han impuesto todos los partidos.
–Precisamente porque es difícil, el esfuerzo debe ser mayor. No tiene VOX por qué decir ahora mismo que los malos y principales asesinos fueron los perdedores, pero debe ir preparando la idea. Y el primer paso es señalar que se trata de una ley antidemocrática hecha por enemigos de la democracia.
Pero saldrán con lo de las cunetas y los represaliados por pensar de otra forma…

 

–Hay que decir dos cosas: que el Frente Popular asesinó y torturó a mansalva, incluso entre ellos mismos, y que lo de las cunetas exagera enormemente el asunto. Incluso decir que se ha convertido en un negocio sucio. Precisamente mi libro sobre el Frente Popular debería ser promocionado masivamente por VOX y por cualquier persona preocupada por las derivas actuales. Hay que combatir la ignorancia y la falsificación de la historia por todos los medios, puesde ello depende el rumbo que sigan las políticas actuales. En cuanto a que pensaban de otra forma es cierto: pensaban y actuaban para disgregar España e implantar regímenes totalitarios. Es lógico que los antidemócratas autores de la ley se identifiquen con ellos.
He leído algunas reseñas de su novela Sonaron gritos y golpes a la puerta, y coinciden en que no es un relato de buenos y malos.

 

–Una novela trata de destinos personales. Indudablemente hubo personas buenas, malas y regulares en los dos campos, y una novela debe tenerlo en cuenta para no convertirse en un panfletillo de propaganda. Pero la historia tiene otro carácter, es un hecho colectivo en el que se dilucidan objetivos políticos e ideológicos generales. El Frente Popular se componía, como ahora mismo, de separatistas y totalitarios, más algunos liberales que les servían de disfraz. Por consiguiente, un bando libró la guerra para disgregar España e imponer uno o varios estados totalitarios, erradicar la cultura cristiana, la propiedad privada y la familia tradicional. Y el bando contrario luchó para impedir tales cosas. Claro está,  para quienes prefieren una España disgregada y totalitaria, los buenos solo pueden ser los del Frente Popular, pero como no lo pueden decir abiertamente, aseguran que ellos era simplemente demócratas. Cómo puede tener  algún crédito una patraña tan gigantesca es algo que asombraría si no tuviéramos en cuenta el ínfimo nivel intelectual de las élites españolas actuales. A ver si mi libro contribuye un poco a cambiar las cosas.

 

Pero los franquistas tampoco eran demócratas.
Al analizar la guerra  debemos olvidar la falsa cuestión de si eran demócratas unos u otros y menos aún la de si unos y otros cometieron atrocidades. En las guerras muere mucha gente, de un bando y de otro. y, si se quiere ir por ahí, las atrocidades peores, más sádicas, las cometió el Frente Popular. No estaba en cuestión la democracia porque precisamente el Frente Popular la arruinó, la hizo imposible y la desacreditó para muchos años. Estaban en cuestión los asuntos mencionados, mucho más básicos. No puede haber convivencia en paz y en libertad, que eso es lo que significa la democracia, si se intenta disolver la nación, que es el suelo en que se asientan los regímenes, y por supuesto la democracia. Se luchó por cuestiones más básicas, como digo: la unidad nacional,  la cultura cristiana y la libertad personal, aunque se restringieran las libertades políticas. Y ahora vuelven a plantearse las mismas cosas con el régimen zapaterista, un nuevo frente popular informal pero real, impuesto como por descuido. Descuido culpable, delictivo, del PP, si se quiere ver así.  No podemos andarnos con paños calientes, porque ni la izquierda ni los separatistas ni el PP han aprendido nada de la historia, con lo que vuelven a plantearse problemas que debían estar completamente superados.  Hay que defender la verdad, con habilidad pero sin miramientos. Y para eso hay que empezar por enterarse un poco y valorar de lo que pasó realmente.
VOX defiende que nuestros abuelos de los dos bandos se abrazaron y reconciliaron, y que esa ley vuelve a crear divisiones.

 

–Los sentimentalismos en estas cuestiones son muy perjudiciales. Los abuelos no se abrazaron, simplemente hubo una reconciliación de hecho, sin necesidad de abrazos y lágrimas,  ya en los años 40, como he demostrado. Y esa reconciliación se demostró radicalmente en el inmediato posfranquismo, cuando los partidos de la ruptura querían impedir esa reconciliación y volver a las andadas. Según ellos, el pueblo español sufría lo indecible bajo el franquismo y añoraba la república. El pueblo español les demostró radicalmente lo contrario y eligió evolucionar a la democracia pero desde la legitimidad franquista, de la ley a la ley. Esa gente ha tenido que volver a levantar, empecinada y estúpidamente, el Himalaya de mentiras sobre la guerra y el franquismo para llegar a la situación actual, con leyes totalitarias golpe de estado permanente y amenazas muy serias de disgregación, como hace 83 años.

 

¿Debería VOX, entonces, apoyar abiertamente al franquismo?
–Mire, eso es una cuestión de estrategia y de táctica. Tácticamente debe evitar ese debate, porque hoy por hoy la ignorancia y el fanatismo están demasiado extendidos. Lo que debe hacer es denunciar el carácter  totalitario de la ley y defender el derecho de los españoles a pensar sobre su pasado de modo distinto a como pretenden los antidemócratas.  Al mismo tiempo debe facilitar que la gente se vaya enterando de la realidad histórica, tal como el PSOE y los separatistas han estado bregando durante decenios para implantar su falsedad histórica. Derogar la ley es posible a corto plazo denunciando su carácter totalitario: es política de ocasión. Combatir la ignorancia y falsificación entre la gente va a requerir más tiempo, es política estratégica, de fondo. Un partido que olvide  la política de fondo cae inevitablemente en el oportunismo y se condena a medio, incluso a corto plazo. Solo hay que ver el caso de Ciudadanos.

 

Pero no puede negarse que el franquismo fue una dictadura.
–Lo fue, pero la historia demuestra que las dictaduras son a veces necesarias. Y que quienes las hacen necesarias son los demagogos y fanáticos, que fue lo que pasó con el Frente Popular. Una dictadura puede ser estéril o fructífera, y la de Franco fue  fructífera en grado sumo. Y una democracia no garantiza ni siquiera la estabilidad si está gobernada por “la estupidez y la canallería”, que decía el liberal Gregorio Marañón. El Frente Popular destruyó lo que tenía de demócrata la república, y el nuevo frente popular actual está haciendo lo mismo con la democracia decidida de la ley a la ley en 1976. Un análisis político que carezca de perspectiva histórica puede ser muy inteligente pero termina reduciéndose a mero chismorreo político. Es lo que hoy predomina entre lo analistas y en los medios.  Mi libro sobre el Frente popular no es “de ocasión”. Va directamente a clarificar estas cuestiones, porque la democracia no puede construirse sobre el fraude historiográfico que tanto predomina hoy.