Alfred Dreyfuss, militar judío francés, injustamente degradado. Émile Zola publicó en L' Aurore, con el título de J'Accuse, un alegato en su defensa. También, ante las elecciones del 26 de abril, yo acuso.

Yo acuso

Yo acuso a todos aquellos que nos han robado nuestras vidas, patrias y recuerdos. Votar a VOX, ADÑ o, en la zurda, Podemos nos sigue haciendo cómplices de semejante y descomunal desposesión. La libertad en nuestras pornocracias, ridícula ilusión. La garra estatal, policial y/o militar, amigada al turbocapitalismo son parte indisoluble de lo mismo. Pedregosa hidra de dos gordas y feísimas testas. Hidra salvaje, sutil o descarnadamente violenta, nos mantiene en estado permanente de sumisión. La mojiganga electoral, más o menos fraudulenta, deviene banal pretexto para que prosigamos con nuestras vidas de felices esclavos.

Yo acuso a un sistema educativo mortífero, diseñado para odiar los libros, el conocimiento, la sabiduría. Y, sobre todo, para adiestrar y domar cualquier impulso que suponga rechazar de raíz cualquier injusticia del Sistema. Si te gustó el colegio, te fascinará el trabajo asalariado. Esclavo.

Yo acuso a un sistema laboral, avatar contemporáneo de la vetusta esclavitud. Producir como burros y consumir como cerdos. Nuestro único destino en esta tierra. Consumiendo mierdas hipercontaminadas, ahítas de colorantes, hormonas, transgénicos, conservantes, pesticidas. Consumiendo porquerías que implican el sufrimiento extremo de los animales no humanos y la degradación de nuestro entorno natural. Consumiendo bazofias que nos enfermarán, teniendo que acabar padeciendo a las salerosas mafias médica y farmacéutica. Consumiendo juguetitos tecnológicos, falsas promesas que buscan legitimar el actual (des)orden de las cosas y el control social, implacables precursores de nuestra categórica servidumbre.

Yo acuso a unos medios de intoxicación y a una industria publicitaria de comer el tarro al personal hasta unos extremos singularmente horripilantes. Drogados hasta las trancas, legal e ilegalmente, vegetamos, hipnotizados por todo tipo de pantallas, huyendo de una genuina vida vivida, una vida realmente vivida por cada uno de nosotros, falsificando y deteriorando toda relación personal, encapsulados con nuestros cachivaches, incapaces de afrontar con orgullo, valor y decoro la realidad al estar todo el puñetero día encapsulados en nuestra burbuja cibernética.

 

Cuánto horror habrá que ver

Nos venden la mierda anteriormente descrita. Nosotros se la compramos. Lo llaman democracia. Y no lo es. Si esto es democracia, entonces la democracia es vomitiva y merece mi más profundo desprecio. Desde luego, abstenerse siempre. Y más el próximo domingo.  No votar (con cierta consciencia del acto realizado, por supuesto) significa sublevarse contra un statu quo francamente deplorable. Insoportable.

Honestamente, ¿quién puede llegar a ser tan tolai como para ir a votar creyendo que su voto modificará algo la situación actual? Quién manda nos envía mensajes. Si retrasados mentales profundos pueden votar en España, la consideración que tienen hacia su propio (y amañado) Sistema es muy escasa. No votar el domingo para no acabar participando de su propia esclavitud. Es su truculento teatro, no el mío. En fin.