El locuaz Papa argentino acostumbra a generar desconcierto entre los católicos con sus palabras, ya sea hablando de homosexualismo, de la “obsesión que tienen los católicos con el aborto”, con su multiculturalismo religioso o concediendo entrevista a Jordi Évole en la Sexta; pues el Papa peronista acostumbra a enfatizar su populismo de origen sudamericano micrófono en mano y rodeado de las TVs. Por su parte José Antonio Bielsa, filósofo y colega en la batalla de las ideas, me asegura que Bergoglio es un apóstata y hereje, y de haber un Papa  legítimo,   éste  sería  Benedicto  XVI  y  no  Bergoglio, remitiéndome a los Doctores de la Iglesia como  San Roberto Belarmino, que manifiesta en De Romano Pontifice, II, 30: “Un papa que se manifieste hereje, por ese mismo hecho (per se) cesa de ser papa y cabeza, así como por lo mismo deja de ser un cristiano y miembro de la Iglesia. Por tanto, él puede ser juzgado y castigado por la Iglesia. Esta es la enseñanza de todos los Padres antiguos, que enseñaban que los herejes manifiestos pierden inmediatamente toda jurisdicción”. Y si Bergoglio es o no un hereje... si non è vero e ben trovato

 

  Por ejemplo, en 2016 Bergoglio dijo para el diario La Reppublica que “son los comunistas los que piensan como los cristianos”, algo aún más sorprendente si pensamos la persecución que ha sufrido la Iglesia a lo largo y ancho del genocidio marxista.

 

  En 2013 en otra entrevista a La Civiltà Catolica, Bergoglio dijo también que “jamás he sido de derechas”, por lo que entonces dedujimos que debía ser de izquierdas, pues no dijo “nunca he sido de derechas ni de izquierdas”. Estas inclinaciones izquierdistas de Bergoglio, desveladas en multitud  de  ocasiones,  no sumarán más adeptos y conversiones pero dejan al descubierto la debilidad de la Iglesia actual. Si bien algunos analistas guardianes de la tradición y del magisterio de la Iglesia sitúan el punto de inflexión de la decadencia católica en el Concilio Vaticano II, y más remota y filosóficamente en el abandono del teocentrismo a partir del s. XVI, personalmente creo que hasta ahora nunca habíamos asistido de forma tan evidente al fin de la influencia cristiana en Occidente si no se corrige esta deriva, auspiciada por el actual vicario de Cristo de querer congraciarse con los postulados del marxismo cultural que sospecho que terminaran por asumirse plenamente. Las misas “ecológicas” ya nos tenían que haber puesto sobre aviso hace años del desnortamiento de una Iglesia católica que asume los valores de otra “religión” laica y paganizante y que a su vez trata de anular la influencia del cristianismo para ocupar su lugar. El totalitarismo socialista siempre quiso ser la única religión oficial.

 

  De hecho, en la sociedad actual un católico que vive acorde a su fe ya es un individuo contracultural, pues cuando Gramsci aseveraba que los comunistas deben “adueñase del mundo de las ideas, para que las suyas, sean las ideas del mundo”… entonces el cristianismo era la cultura imperante, décadas después de intensa y constante propaganda en todos los frentes culturales, son los mandamientos del marxismo cultural la ideología que progresivamente se  erige en hegemónica como una auténtica dictadura del pensamiento. 

 

  En esta tesitura, parece ser que Bergoglio piensa que “Cristo era un comunista”, algo que todos hemos escuchado alguna vez por las tabernas y otros templos de la erudición intelectual, ya que es uno de esos dislates que se escuchan de vez en cuando en boca de gentes de izquierda, como dijo una vez la política socialista Elena Valenciano, otra Aristóteles del Saber. Pero tal vez Bergoglio empiece a vislumbrar la diferencia entre comunistas y cristianos, si recordamos a Winston Churchill cuando afirmaba que: “Los cristianos decían Todo lo mío es tuyo; los socialistas dicen Todo lo tuyo es mío”. Digamos que estos últimos se creen legitimados por el catecismo marxista a asesinar y robar la propiedad de los demás con total impunidad en nombre del pueblo y del progreso; y en 100 años de aplicación del marxismo-leninismo clásico sólo hemos visto el progreso de los cementerios, el progreso de la miseria y el progreso del liberticidio que convirtieron a medio mundo en un conjunto de países cárcel como Corea del Norte. El Papa de origen polaco Juan Pablo II siempre lo tuvo presente y lo combatió.

 

  Pero este marxismo clásico tras su primer y gran fracaso histórico, como fue comprobar que los obreros de los países capitalistas más desarrollados no iban a la revolución sino que mejoraban sus condiciones de vida bajo el capitalismo al contrario de lo que pronosticó Marx en su “Ley de la miseria creciente del proletariado”, tuvo que reconvertirse y adaptarse a estas naciones de crecientes clases medias para seguir en el negocio del proletariado, y así nació el marxismo 2.0 gramsciano o marxismo cultural, es decir,  llevándole otra vez la contraria a Marx, porque según Gramsci primero había que tomar el mundo de las ideas y no los medios de producción, o sea adoctrinar a todos en las falacias de un marxismo con más colorido para que con el tiempo el poder les cayera como fruta madura. La caída del bloque soviético en 1989 intensificó el lavado de cerebros ante el sonante y continuo fracaso histórico del socialismo aplicado.

 

  Pues bien, este proceso está tan avanzado que hasta Bergoglio hace de Papa-puente con los postulados del marxismo cultural, esos con los que a usted le bombardean las 24h, a saber: anticapitalismo sin que ningún izquierdista se largue a Venezuela, más estatalismo para aumentar el presupuesto a manejar con su bolsa de colocación, homosexualismo con cada vez más siglas de perversiones dispuesto a sacar del armario al 50% de la población o a convertirla al orgullo gay,  femimarxismo supremacista con su lucha de sexos en vez de entre clases, ecologismo de las mentiras del cambio del clima climático, animalismo para que en vez de familia tenga tres perros, pretendido antirracismo para que no proteste por la invasión de media África musulmana, multiculturalismo adaptando su cultura a los de fuera, pacifismo si es contra los EEUU, “antifascismo” para los que se atrevan a disentir... y todos los demás “ismos” que en realidad son un conglomerado de ardides para construir una auténtica tiranía del pensamiento mientras a usted le roban su libertad y propiedad, que si no es por la violencia de la revolución en su sociedad teóricamente avanzada lo hace por la imposición de más y más impuestos que tal vez lleven el apellido de “ecológico” o cualquier otro.

 

  Las inclinaciones de Bergoglio a dejarse arrastrar por el marxismo cultural se pueden denunciar sólo con una frase de Chesterton: “Queremos una Iglesia que mueva al mundo, no que se mueva con el mundo”. Y las inclinaciones  socialistas de Bergoglio que no sacarán a ningún católico de la pobreza se pueden intuir sólo recordando aquel proverbio chino de “Regala un pescado a un hombre y le darás alimento para un día, enséñale a pescar y lo alimentarás para el resto de su vida“. Es la diferencia entre socialismo y capitalismo, y cuando hablo de capitalismo me refiero a economía de mercado.

 

  Lamentablemente muchos católicos entienden capitalismo  como acumulación de riquezas en unos pocos en detrimento del resto, así como lo entienden los izquierdistas que no han leído o no han comprendido a Marx, porque el socialismo marxista no pretende repartir las riquezas caritativamente como predicaba Jesucristo sino nacionalizar los medios de producción, a sangre y fuego o presentándose a las elecciones como Allende o Chavéz, porque según Marx una economía socialista no sujeta a los caprichos del mercado sino a los de la necesidad colectiva traería una superabundancia material y así se pasaría de la primera fase socialista a la segunda comunista, es decir, al paraíso en la tierra. En la práctica, jamás un país socialista ha superado a una economía capitalista de otro país culturalmente similar, piense en las dos Alemanias o en las dos Coreas, sino que por el contrario lo que ha traído ha sido muerte, hambre y represión. Con el socialismo sólo prospera la casta del partido que se convierte en poderosa y privilegiada,  no importa que el socialismo haya fracasado continuamente a lo largo de la historia porque gracias al control cultural gramsciano las nuevas generaciones no saben ni lo que era la URSS y por tanto el discurso “antikapi” les volverá a seducir como a sus abuelos, quedando asegurado el bienestar de diputados y tiranos de todo el mundo que viven del negocio proletario.

 

  Por su parte en los países con sustrato cultural cristiano pero protestante, se constata que están mejor inmunizados para caer en el anticapitalismo izquierdista, porque lo reconozcan o no muchos  católicos,    la   ética  protestante  del  trabajo les  hizo naciones más prósperas desde el s. XVI y por tanto menos dadas a aventuras revolucionarias en Edad Contemporánea. De hecho si cogemos un mapa de Europa comprobaremos no sólo que las naciones protestantes tienen mayor renta que las católicas sino que han sido en estas últimas dónde los partidos socialistas y comunistas se han llamado así, y han sufrido su mayor influencia y repercusión. 

 

  La Iglesia católica y medieval también se fue reformando desde la lamentable bula de indulgencia de León X en 1517 que denunció Lutero, y la Iglesia actual no es la de hace 500 años pero ha permanecido en cierta medida ese acerbo cultural impregnado durante siglos de historia en los que se educaba a los feligreses en la importancia de las buenas obras y no en el valor del trabajo que era considerado como un castigo de Dios por la expulsión del jardín de Edén. Y dónde se trabaja menos porque el trabajo es algo deshonroso y propio de la clase estamental más baja, se comercia menos, se prospera menos y se envidia más al que tiene riqueza. Digamos que en la simplificación mental de las gentes, el catolicismo fue un caldo de cultivo cultural históricamente más propicio para el marxismo revolucionario que traía una “buena nueva”, ya no había que esperar la caridad de las buenas obras sino que uno directamente se podía apropiar de los bienes de los otros para construir el paraíso no en el cielo sino en  la tierra.  Pero de fomentar  la cultura del trabajo y el mercadeo, nada de nada hasta el s. XVIII y XIX, que es lo que saca de la miseria a los pueblos y es lo que hicieron con siglos de ventaja los protestantes.

 

  Por su parte, dentro de la Iglesia no han faltado quiénes estén dispuestos a fusionar marxismo y cristianismo como hizo la Teología de la Liberación, nacida también en la Hispanoamérica de Bergoglio con la intención de ir más allá de las pretensiones de la Doctrina Social de La Iglesia. Así que cómo vemos las tentaciones heréticas dentro del catolicismo y la confusión de hacer suya a la filosofía que deriva del materialismo histórico no por equivocado es nuevo, tan sólo es sintomático de una acelerada decadencia. Y para concluir estas reflexiones, basta con recordarle a Bergoglio que “el camino al infierno está empedrado de buenos propósitos”, porque congraciándose con la deriva moral de Occidente sólo traerá pobreza espiritual a los católicos del mismo modo que la planificación económica del socialismo sólo trajo pobreza material.