En la presidencia de uno de los países no musulmanes más corruptos y violentos del mundo, el narcoestado más sofisticado existente, dónde la delincuencia organizada está perfectamente imbricada en las instituciones, dónde quién toma las decisiones de verdad son los cárteles, hay un títere payaso que se hace llamar MANLO, por abreviar su nombre, Manuel López Obrador, que participa de algún modo de esa corriente fangosa de la izquierda del siglo XXI, y es sin duda su más moderno y "prometedor" representante a día de hoy, ahora que otros, como Evo Morales, Rafael Correa, Lula da Silva o hasta el más duro, Nicolás Maduro, se ven contestados con mayor o menor éxito, pero con mucha fuerza. El fango se ha estancado o ha retrocedido en algunos de los países tiranizados por el nuevo comunismo de América Latina, y en otros, como Argentina, tiene flujos y reflujos kirchneristas que, cual arcadas y vómitos de enfermedad crónica, expulsa el país de la Plata de su cuerpo social desde las entrañas neoperonistas.

MANLO, como buen títere payaso, se dedica a hacer declaraciones y proclamas absurdas, vamos, payasadas, y tiene una particular obsesión, sorbido como está su seso por su mujer pseudohistoriadora pero con muchas ínfulas, con SU pasado, el pasado de México, el país de los Mexicas.

 La Historia de México es sin duda apasionante. No se puede poner como ejemplo de el desarrollo de una civilización próspera y avanzada, pero sirve para una buena película, o para una serie como Narcos. Si hubo civilización en aquella tierra, en algún momento, fue durante el período en que los españoles la conquistaron y acabaron con las prácticas truculentas allí imperantes, llevando el catolicismo, el mestizaje y el desarrollo a unos seres humanos que vivían entre el salvajismo y la barbarie.

 

Una vez expulsados de allí los españoles, comenzó México su periplo hasta nuestros días, con más penas que glorias. Ha sido una gran aventura, con sus héroes y sus villanos, con sus dictadores, revoluciones, y gobiernos democráticos corruptos hasta la médula.

 

Si Hernán Cortés, a quién MANLO señala hoy como el primer corrupto de su país, y en su momento como un genocida, fue el que inició la única etapa de la Historia en la que en México se detuvieron los genocidios y se conformó un Estado (el poder en el que luego pueden florecer las corrupciones), no era un corrupto, por la propia naturaleza de la corrupción. Para colmo Cortés cayó en desgracia antes Carlos V y perdió todo el poder que sus armas y su hábil diplomacia alcanzaron. Sin embargo el Estado Fallido que ahora dirige (ficticiamente) el propio MANLO es la prueba palpable de la falta de una estructura estatal sólida, en la que predomine el derecho. La estructura que tiene el Estado mexicano es aquella cuya fragilidad hace que la corrupción sea el motor de todos los movimientos. Quizás querer manejar aquello con leyes de corte indigenista, en lugar de las derivadas del derecho Romano y Católico, sea el mayor error que pueda cometer un gobernante.  Ahora los Aztecas no sacrifican en sus altares. Pero los narcos secuestran, torturan, violan y matan impunemente a miles de personas cada año. Y creo que en algunos casos superan en truculencia a los viejos habitantes de su tierra.