Cuando en el año 2015 Madrid y Barcelona cayeron en las garras podemitas, recuerdo haber dicho en Radio Inter que se trataba de un hecho terrible y de consecuencias imprevisibles. Porque una cosa es que la tropa de Pablo Iglesias pueda manejar un pueblecito o una ciudad pequeña, donde lo que importa a la gente son cosillas pedestres. Pero unos presupuestos multimillonarios y un peso político como el de esas dos ciudades no pueden estar en manos de estos desgarramantas, como ha quedado acreditado durante estos largos cuatro años. 
 
Aunque la Ciudad Condal va a seguir en manos de la podemita Colau, Madrid se libra de la plaga comunista de Carmena y sus mariachis, gracias al acuerdo alcanzado entre el PP, Ciudadanos y VOX que ha permitido a José Luis Martínez Almeida quedar al frente del consistorio como nuevo alcalde de la capital. Un hombre joven, con experiencia en la oposición y en la gestión, parece que con las ideas claras y un perfil político muy del gusto de Pablo Casado, es decir, capaz de tener principios sólidos envueltos en una oratoria fresca que conecte con las capas más jóvenes de la sociedad. Todos coinciden en que ha hecho una gran labor de oposición a Carmena en los últimos cuatro años. 
 
Ya dijimos aquí la pasada semana que nos gustan muy poco estos enjuagues políticos, que los partidos llaman "pactos", y que no son otra cosa que negociaciones oscuras, a espaldas de los ciudadanos, donde lo que se reparten, básicamente, son las prebendas y el momio que garantiza el sistema a los votados. Se meten en una habitación, y cuando salen, lo que han acordado va a misa, tenga o no tenga que ver con lo que los electores hemos dicho en las urnas. Convendrán conmigo en que si esto es una democracia, al menos estaremos de acuerdo en que es una democracia muy peculiar, tanto que la podríamos llamar "marxista", pero no por Carlos, sino por los célebres hermanos.
 
Que puntualmente podamos estar contentos con el resultado en alguna ciudad, como puede ser el caso de Madrid si lo comparamos con lo que había hasta ahora, no invalida nuestro argumento principal de que esto es una merienda de negros. Una fiestuqui de la partitocracia, pagada por todos nosotros, y en la que resulta que la sacrosanta voluntad del pueblo, esa de la que emana la soberanía, la que da sentido al parlamento, esa voluntad colectiva que algunos, con poco juicio, se atreven a comparar con la voluntad de Dios, finalmente se concreta en una charletas a escondidas, sin luz ni por supuesto taquígrafos, donde los elegidos en las urnas trapichean sin miedo a que nadie les escuche ni les vea. 
 
Madrid debería empezar hoy mismo a quitarse la mugre de los últimos cuatro años. La mugre no sólo en el sentido literal, porque la ciudad está más puerca que nunca, sino en general, la mugre mental, la pequeñez y la rigidez mental del comunismo más rancio que representaban Carmena, la concejal asaltacapillas, Rommy Arce (amiga de manteros y otros delincuentes), el trostkista Sánchez Mato..., en fin, una banda que daba auténtico miedo. Todavía resulta increíble que Madrid haya podido resistir cuatro años en estas manos, si bien es cierto que Madrid ha resistido grandes batallas a lo largo de los últimos dos siglos, y siempre o casi siempre hemos salido victoriosos los españoles.
 
Madrid debe seguir siendo no solamente el motor económico de España, también su motor político y social. Debe ser la referencia para otras regiones, como Cataluña, que camina inexorablemente hacia el desfiladero del populismo separatista, una región fallida, un lugar sin ley donde los delincuentes y los terroristas han conseguido doblegar a los defensores de la Constitución. A falta de poder lograr objetivos más elevados, que ojalá algún día se consigan, hoy España necesita responder a los golpistas y a la izquierda rancia y sectaria con respeto a la ley, orden y defensa de las libertades más elementales. Eso sí, con un tal Pedro Sánchez en el Palacio de la Moncloa...