Comienza la Pasión. A lomos de los asnos de la política España entra en la Jerusalén de la democracia. Con palmas y jolgorio, con regocijo impostado y fingida alegría los fariseos de los partidos y los mercenarios de Soros pronuncian el nombre de España como el conjuro imprescindible para el aval de las urnas que coronan el Gólgota, donde la han crucificado como ofrenda pagana en los altares de la UE, del globalismo, de la Ideología de Género, de los inmigrantes de la bíblica Sodoma, que han formado su propio Estado en los predios del Apóstol Santiago, y de los Judas que la venden a los fondos buitre por treinta monedas de plata, que es el salario de los traidores desde hace dos mil años.

 

Fatigada y herida, mientras el vocerío de la campaña electoral ahoga el viejo testamento de la verdad y el evangelio de la Patria, España acudirá por última vez al templo de las urnas para tratar de expulsar de sus paredes de metracrilato a los mercaderes y a los felones que han convertido la casa de la Mater Hispania en un banco, en una lonja de esclavos y en un redil donde solo huele a rebaños viejos y a derrota. Todo será inútil.

 

Al final de la pascua electoral y antes de que cante el gallo de las urnas con la diana de la negación de la Patria, los rebaños derrotados, estabulados en la lonja de esclavos en la que gobiernan Soros y la UE, la acompañarán a la cima del Gólgota con el despreocupado entusiasmo del que hace lo que le manda Caifás, sin preocuparse ni preguntarse quién es Caifás y por qué quiere clavar en un madero a la España que caminó por todos los mares de la tierra multiplicando los panes y los peces de las tierras vírgenes y llevando a ellas los valores eternos que hacen libres y dignos a los hombres, a todos los hombres.

 

En esta pascua democrática, quizá encuentre España en su vía crucis a la cumbre del Gólgota un cirineo de VOX que la ayude, entre latigazos e insultos, entre villanía y vileza, a llevar el madero para hacerle un poco más liviana la vía dolorosa. Pero nada más. Al final, como está escrito en todas las profecías democráticas desde hace más de cuarenta años, el pueblo español volverá a votar a Barrabás y España será crucificada en el Gólgota de las urnas. Agonizará sola porque los ladrones estarán, como siempre, a los pies de la cruz expoliando lo poco que aún queda de su manto y de su túnica. Todo se habrá consumado y nadie, ni siquiera el pueblo andaluz, cantará una saeta pidiendo una escalera para subir al madero para quitarle los clavos a la España de Jesús el Nazareno. Que es la única España posible, la de nuestra unidad y nuestra grandeza.