Pulquérrimos y finos hilos áureos, cual guiñol, sujetan los muñecos judiciales que, entretanto, los poderes políticos y económicos manejan a distancia y a su despótico antojo. La injusticia servil y servicial que flagela España perpetúa su ancestral emanar. El último desafuero, la sentencia contra los separatistas, una amnistía encubierta. La promoción de los funcionarios judiciales, quién lo duda, depende en España del favor del poder político. Los jueces prosperando según se aproximen a la Corona purpurada. En su más aquilatada expresión, el Tribunal Supremo. Palafreneros arrodillados afanados en la vil tarea de agradar al poderoso.  Conspicuos cuervos mimetizándose con su horrendo atavío. Pedestres escribas del que manda en Moncloa. Con su deplorable prosa, siempre dispuestos a ofrecer al Presidente lo que le solicite. En su debido tiempo. Estos caliginosos palmeros pasarán y se olvidarán. En cambio, sus inicuas acciones, revestidas de grandilocuente terno judicial, permanecerán incólumes.

 

Triple brazo armado

Además de la sentencia referida sobre los pérfidos indepes, el Tribunal Supremo ha dictado sentencias políticamente trascendentales durante los últimos meses. Entre ellas están las que escarmentó a La Manada y la que ha autorizado el desahucio de la momia de Franco. Las coincidencias del Supremo, mucho más que coincidencias. Los emperifollados magistrados, perfecto instrumento contra las libertades civiles. Los jueces, vicarios del gobierno. Togados, legisladores y gobernantes, gallifantes a la manera de un trisquel. Perversa y abigarrada colusión dispuesta a delinquir. Con la impunidad por bandera. Cubriéndose mutuamente sus abundantísimas depravaciones. Podemos añadir más sentencias del Supremo que complacen supremamente al (maquiavélico) Príncipe. En nuestro hoy, el Hortera de Bolera. Sánchez. A saber. Alsasua, Impuesto de Actos Jurídicos Documentados, Valtonyc, Blanquerna. Tampoco olvidemos la primera decisión tras la llegada de Cum Fraude al poder. La obligación de acoger 19.449 (aparentes) refugiados. El Supremo tomó esta delirante decisión tras el extravagantísimo cambio de gobierno de junio de 2018, una cumbre europea sobre inmigración y la visita de Soros a Sánchez. Las cúpulas judiciales, sometidas por las mismas logias que controlan las torrecillas políticas, operando en fausta comandita.

 

Mentira, injusticia, maldad

Leyes ponzoñosas y atroces y letales (Ley violencia de género, Ley de Memoria Histórica,...). Aberraciones morales. Atropellos a los derechos humanos, al servicio de omnipotentes lobbies. Con jocosos esperpentos, bufonesco rubicón.  La Garzona, a la sazón Notaria Mayor de Reino, presionando a un colega italiano a propósito del caso de la perseverante delincuente Juana Rivas. Los tres poderes, polichinelas de otros títeres. La agenda globalista de Soros, escrupulosamente consumada. Es el triunfo, en definitiva, de la mentira sobre la verdad. La victoria de la injusticia sobre la justicia. Del mal sobre el bien. En fin.