Sólo hace falta proteger los secretos pequeños; los grandes se mantienen ocultos debido a la incredulidad de la opinión pública”. Marshall McLuhan (reconocido precursor de los estudios sobre los medios de comunicación).

De las muchas tragedias que padece la humanidad actual, gran parte de ellas son catástrofes naturales.

Pero, ¿son completamente naturales o tienen un componente de intencionalidad? Dejaré la posible respuesta para el final.

Recientemente los incendios de Australia, de los que nuestros infumables telediarios, inmersos en su tarea de lobotomizar a la sociedad, apenas dan cortos y burdos brochazos inconexos, han vuelto a traer a la palestra los crecientes, en número y peligrosidad, incendios forestales. En España deberíamos tener especial sensibilidad por el tema pues somos una de las naciones más afectadas por esta auténtica plaga bíblica, tragedia que recientemente hemos visto en la Amazonía brasileña (5.500.000 hectáreas -Ha- en 2019), la Siberia rusa (4.500.000 Ha, de un total de 13.500.000 en toda Rusia en 2019), California (800.000 Ha en 2018) y nuestro vecino Portugal (casi 500.000 Ha y 109 muertos en 2017), por poner solo algunos ejemplos. Y quiera Dios que no la volvamos a sufrir en nuestra Patria este 2020 de tan funestos presagios.

La versión oficial

Desde el verano pasado, invierno y primavera en el hemisferio Sur, se vienen produciendo en Australia grandes oleadas de incendios forestales. A partir de julio los fuegos han arrasado unas 16.800.000 Ha (casi tres veces más que los de Brasil) en las zonas costeras de ese continente insular más grande que Europa, y sobre todo en el sureste del país; también en la zona central y en la gran isla de Tasmania, a 240 kilómetros. Ha habido una treintena de muertos y otros tantos desaparecidos, con varios cientos de miles de evacuados (240.000 personas en Victoria el viernes 10 de enero) y más de 15.000 edificios destruidos, de ellos más de 2.200 hogares, con unas pérdidas económicas superiores a los 100.000.000.000 $.

También se ha hecho mucho hincapié en las estimaciones de “miles de millones” de animales muertos, de ellos 480 millones de mamíferos, aves y reptiles según cifras basadas en un informe del parcial Fondo Mundial para la Naturaleza, WWF. Pero, sobre todo, se han subrayado las gigantescas emisiones de C02, cifrándolas en 350.000.000 m3, y humos que llegan incluso a América, avivando aún más la batalla por imponer a nivel mundial la doctrina, casi sacrosanta, del aterrador cambio climático producido por el hombre i. “Por supuesto que es el (culpable es el) cambio climático”, dijo un político australiano.

La grave y prolongada sequía, y las inusitadas olas de calor que está sufriendo el país, sin duda favorecen estos graves incendios. Se trata del segundo año más seco desde que hay registros, con temperaturas récord de hasta 41º de media el pasado 18 de diciembre. Y aún quedan en Australia más de dos meses de temporada de verano/incendios.

Detalles ocultados de los incendios australianos

Buceando en páginas web, fundamentalmente extranjeras, pues aquí con la verdad oficial nos sobra, aparecen informaciones disonantes con las mundialmente difundidas como indiscutibles. Veamos algunas, sin olvidar las ya mencionadas magnitudes y el singular caso de la lejana Tasmania.

Según el australiano Dr. Paul Read, codirector del Centro Nacional de Investigación en Incendios Forestales Provocados (Bushfire Arson), alrededor del 85 por ciento de los incendios forestales son causados ​​por hombres, ya sea de forma deliberada (el 37% de ellos acreditados) o accidental, datos que concuerdan con los de los incendios en España. A ello hay que añadir que cerca de 200 personas han sido arrestadas solo en Nueva Gales del Sur por iniciar deliberadamente incendios forestales, dándose la curiosa circunstancia de que alguno era de origen árabe/mahometano y salió de los juzgados riéndose ii; es de suponer que en otras provincias sucederá algo similar.

Lo anterior son noticias de prensa australiana y no supone que todos los incendios sean intencionados y causados precisamente por moros o “verdes”, a los que también se acusa de provocarlos para subrayar el cambio climático, pero son importantísimos factores que generalmente se ocultan en nuestros medios.

Extraordinaria velocidad del fuego, ¡arboles explotan o se queman por dentro!, y presencia de aluminio, bario y estroncio en el suelo incendiado y árboles, son otras peculiaridades observadas. También se ha constatado que el color del humo y la cantidad de cenizas generadas por los incendios provocados de este año son diferentes a los de incendios de años anteriores.

Al igual que algunos observaron en California, parece haber un patrón de incendios forestales alrededor del planeado sistema ferroviario de alta velocidad. Y, como en Usa, llama poderosamente la atención el hecho de que haya muchas casas completamente destruidas, objetos de plástico intactos (recuerden que las tapas y recipientes de los microondas son de plástico), y coches con el motor y llantas de aluminio derretidos, en ocasiones al lado de árboles, matorrales y casas intactas.

Por último, se culpa a las autoridades por su inexplicable descuido ante las circunstancias de sequía, temperatura e incendios. Ejemplos: 50.000 Ha resultaron quemadas en las Montañas Azules (entre las ciudades de Lithgow y Bilpin, a unos 80 kilómetros al noroeste de Sydney) por un incendio provocado por maniobras militares con fuego real el 16 de octubre. Han exacerbado el problema la mala selvicultura, con la privatización de acuíferos y construcción de presas privadas, así como las nuevas políticas ambientales “verdes”, que drásticamente restringen las controladas “quemas preventivas” en los meses más fríos, y el gran número de parques naturales donde la naturaleza crece sin control. Como colofón, la desidia del primer ministro Scott Morrison, quien se tomó en Hawai unas poco oportunas vacaciones justo antes de Navidad.

Explicaciones “conspiranóicas” alternativas.

Las oleadas de incendios que ha sufrido España, curiosamente solo después del cambio de régimen político, son achacadas a la mano humana en su práctica totalidad, aunque nuestras autoridades casi nunca se introducen en la incorrección política de ver detrás de ello el terrorismo (en Vascongadas hay muchos menos incendios que en el resto de la Cordillera Cantábrica y el resto de España) o la agresión indirecta internacional, que puede hacer de ellos un medio de presión política, como pudiera haber ocurrido en la “transición” y el “referéndum de 2017”, o un instrumento de agresión a la agricultura y economía españolas. En nuestra Patria hay numerosos indicios de que los centenares de incendios que en ocasiones se desatan repentinamente precisamente al anochecer pueden ser provocados no solo por ganaderos, constructores, o cuadrillas anti-incendios en paro, sino también por organizaciones que utilicen métodos y medios más sofisticados, drones incluidos iii.

Debo reconocer que hasta hace relativamente poco tiempo mis conclusiones respecto a los autores de las grandes oleadas de incendios se quedaban ahí: organizaciones de pirómanos con intereses particulares o internacionales. Pero voy inclinándome cada vez más, sin desdeñar las motivaciones anteriores, por que tiene que haber una causa mayor y más universal que busque esas megacatástrofes de fuego incluso en los territorios de la mayor potencia mundial y sus aliados, es decir, en Usa (recodemos los incendios de California), los países sajones y sus aliados/empleados militares (a resaltar Portugal iv). Tras las reiteradas evidencias surgidas del examen de fuegos que prácticamente solo han podido ser causado por armas de alta energía (Directed Energy Weapons -DEW-, laser y microondas) a bordo de aviones, drones o satélites v, ayudados quizás por “riegos aéreos” (chemtrails) con sustancias acelerantes, va creciendo en mí la posible explicación de que la motivación que los impulsa es la “religión del cambio climático”. La cual se nos quiere imponer por la fuerza a escala mundial por las grandes organizaciones supranacionales, incluida una curia romana que entroniza imágenes de la Pachamama, de la Madre Tierra, mientras Francisco I esta pensando introducir el pecado ecológico. La España de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en Madrid (Cumbre Mundial del Clima COP25 2019), dado que Chile no pudo acogerla por estar sufriendo además una revolución de otro tipo (que nos recuerda a nuestros dialogantes CDR que quemaron Barcelona), es un peón aventajado de esas organizaciones.

El Calentamiento Global propugnado por el Nuevo Orden Mundial -NOM- ha sido desacreditado por científicos y, por ello o en cualquier caso, para implantar con más rapidez las ideas fuerza de reducción de la superpoblación mundial, la perversión de costumbres, la religión común pagano-panteista y el gobierno mundial, parece ser que lo que se ha llamado gobierno mundial en la sombra urge por imponerlo

Estamos al borde de una transformación global. Todo lo que necesitamos es una gran crisis y las naciones aceptarán el Nuevo Orden Mundial … De lo que se trata es de sustituir la autodeterminación nacional, que se ha practicado durante siglos en el pasado, por la soberanía de una élite de técnicos y de financieros mundiales”. Esto lo dijo David Rockefeller el 23 de septiembre de 1994 al United Nations Business Council; David, que falleció en 2017 a los 101 años sin poder ver cumplida su directiva, más que profecía, fue la cabeza de una de las grandes familias multimillonarias yanquis propietarias de la Reserva Federal norteamericana; judío de origen alemán, fue el principal impulsor, entre otras organizaciones, del OSS (origen de la CIA), de la INTERPOL, el Club Bilderberg y la Comisión Trilateral.

La crisis ecológica está ya establecida por decreto, mientras que a las financiera-económica y político-militar apenas les falta un hervor.

A mi entender, estamos ante el envite final de la secular revolución “contra el trono y el altar”, contra los últimos rescoldos de incendio que durante siglos ha consumido la civilización y religión cristiana.

En ello andan, con mucha prisa, los incendiarios.