Parece que no ganamos para sustos, o mejor dicho para traiciones; aunque ya nada nos espanta.

Después de la clásica filtración, como todas ellas siempre interesada de parte de los mismos, acabamos de conocer las penitas a las que un nuevo pasteleo judicial ha no-condenado a algunos pocos, sólo algunos, de los líderes de la Revolución de Octubre de 2019 en Cataluña; porque señores, no es un golpe, ni son “golpistas”, es una Revolución y son revolucionarios, porque lo que allí viene sucediendo desde hace décadas, alimentado desde Madrid con independencia del color político de la capital, ojo al dato, es una Revolución en toda regla, sin que falte detalle alguno.

Las penitas se parecen mucho a las que se impusieron en 1935 a los revolucionarios de Octubre de 1934, los cuales, para más inri, quedaron en libertad en 1936. ¿Qué apuestan a que los de ahora besan la calle en un par de años máximo, si no lo hacen en unos meses tras las elecciones de Noviembre con un indulto del nuevo Frente Popular, como ocurrió en 1936?

Desde que Alfonso Guerra, asesino confeso de Montesquieu sin que nada ocurriera, decretó la muerte del sistema judicial “democrático”, la desintegración programada de España continua a paso acelerado, siendo más que significativo que dichos pasos sean una y otra vez avalados por sentencias de unos tribunales, sobre todo “supremos”, pero también constitucional, cada día más parecidos a los que impartían “justicia socialista”, o sea “popular”, durante la Tercera República que asoló media España entre 1936 y 1939, a imagen y semejanza de los que durante décadas no dejaron títere con cabeza en el paraíso soviético.

España, ahora sí, paga, y muy bien, a los traidores, que es lo que son los citados, a los rebeldes y sediciosos, a ese lumpen de nuestra patria que por arte de la tibieza, cobardía, estulticia y estupidez manifiesta de la mayoría la desgobierna y la lleva a repetir lo más amargo de su historia, que está consiguiendo involucionarla hacia aquella Tercera República que fue impuesta a sangre y fuego en media España una vez que los “republicano” se cargaron la Segunda; los frentepopulistas de forma alevosa y premeditada, pues para ellos nunca fua más que la excusa; los otros por una mezcla letal de estupidez, ingenuidad y cobardía.

Ya tenemos, como la de la profanación de la sepultura y restos del Caudillo, una nueva sentencia que, en realidad, lo es de España, porque es España la nuevamente sentenciada, la que va a sufrir ese retroceso histórico que ningún país del mundo que se precie ha permitido jamás porque ningún pueblo es tan estúpido como el nuestro que ni quiere ni sabe aprender de su historia, sobre todo de la más reciente, clara y documentada como lo es la más cercana.

Así pues, el proceso sigue adelante. Y esta vez lo que se nos viene encima se lo tiene merecido cada cual, salvo escasas y por ello más honrosas excepciones. Porque esta vez no hay ni un piquete de hombres ni mujeres, para qué hablar de ciertos colectivos, capaces de defender lo propio de los que sólo quieren destruirlo por el mero placer de hacerlo; aunque a la larga ellos también sucumban.

Estas penitas alimentan la Revolución, hacen que los revolucionarios se crezcan, que no tengan miedo, que sepan que, como con ETA, la cosa sale barata, que palpen ya el triunfo, que huelan la cobardía y vislumbren nuestra próxima claudicación, cuando no la colaboración incluso entusiasta y abierta de prácticamente todos. Una nación que llega a los niveles de auto-indefensión, de dejadez, decadencia y degeneración como a los que ha bajado España poco o nada puede esperar… porque hasta los milagros hay que intentar merecerlos y trabajar por ellos.