No es la primera vez que me pasa lo que voy a contar a continuación; pero sí que es verdad que jamás me había llegado tan adentro el sentimiento de desprecio por los nuevos pobres. Y es que la pobreza ha cambiado, todo no es igual que antes. Ahora para ser pobre tienes que ser un desastre y pocas veces lo serás si tu cabeza posee la suficiente presión para que el riego funcione.

Recientemente, hace unas pocas semanas, iba paseando por una céntrica calle de la capital española cuando me dispongo a entrar a un supermercado Día y veo que existe un mendigo a la altura de la puerta, en cuyas manos dispone de un súper móvil de un tamaño gigantesco y con un brillo propio de las cosas nuevas, de primera mano. Entonces yo pensé: “Ostia, macho, ¡qué barbaridad! Tiene el mendigo éste dos o tres céntimos en su vaso y, sin embargo, tiene un móvil mejor que el mío”.

Es cuando terminé de pensar que la pobreza ya no es lo que era. Ahora cualquiera te puede engañar, y para colmo, te lo hacen en doble sentido, haciéndote pensar que son muy pobres y que lo necesitan para comer. De todos es conocido que, son muchos los que piden solo dinero, rechazando cualquier alimento que les sea ofrecido.

¿Y qué hemos aprender de aquí? Yo de esto aprendo que, pobre de mí si he dado algún duro y este ha sido pobremente utilizado. Y jamás dar a alguien de la calle, porque la carga de conciencia al dormir debe ser tan grande que quizás no pueda conciliar el sueño tras cometer la atrocidad de despreciarme en base a ofrecer dinero a un ser que lo malgasta y se ríe de mí.

Luego, también, uno piensa en Cáritas, o en otras organizaciones dispuestas a ayudar a los más necesitados. ¿Pero cómo sabemos si en verdad nuestra ayuda va bien destinada? ¿El dinero que damos va a quién lo necesita?

Mi actitud desde hace un tiempo trata en no dar nada; aportar a la gente más cercana, e intentar cambiar valores en personas que me rodean, que son más importantes y más significativos que cualquier ayuda material que se precie. Ni que decir tiene que muchos supuestos pobres se han ganado a pulso su pobreza. Mientras unos lo pasábamos mal ahorrando para cuando venían problemas de salud, otros se gastaban el dinero en bienes no necesarios (drogas o fiestas). En ese momento se reían de nosotros; ahora yo ya me río de ellos…