Yo tengo tan poca, tan poca, tan poca ilusión por ir a votar hoy, que no voy a ir. Por cierto, este sistema que casi impone el que hoy no se puede hacer apología del voto, a la vez nos saca en su TV´s a todos los políticos votando, y como es obvio, se están votando a ellos mismos, pero, al parecer, eso sí vale. Tampoco vale decir hoy que no hay que ir a votar por las razones que sean, pero sí que vale, y todos los partidos lo dirán, que hoy hay que ir a votar sí o sí. Y es que este régimen corrupto, injusto y antiespañol que padecemos es falso e hipócrita hasta hoy, en su día grande, porque hoy, tachán, tachán, es el día de San Voto y Santa Urna, ese día esperado por todos, aunque no tengan ni Patria, ni Pan, ni Justicia, quizás por haber confiado en esos votos y en esas urnas.

Ese día que llaman la “Fiesta de la democracia”, fiesta en la que ellos, los que la convocan, se pondrán hasta el culo de cubatas y canapés, y a nosotros nos tocará…pagarla. Una fiesta cara, de mal gusto, donde se extiende una droga, la “sistemina”, también conocida como “democratina” que parece que vuelve imbécil a casi todos los que la consumen. Una droga que ciega por completo al votante y le hace pensar que consigue algo con su voto, y que gracias a ese voto a unos partidos que el propio sistema elige e impone, algo va a cambiar el día siguiente de esa fiesta de la democracia, que más bien es un aquelarre, donde a los españoles, aparte de pagarla, nos tocará bailar con la más fea, o el más feo, o con los dos a la vez, que ahora hay que abrir mentes y otros orificios para ser “modennos”.

 

Este sistema que yo critico a diario, ha hecho, y está haciendo, muchas cosas bien, aunque ninguna buena para España. Está destruyendo la nación, la justicia social, la identidad nacional, nuestra fé, nuestras costumbres, nuestra tradición, nuestro idioma…

 

Está manipulando la memoria histórica de esa nación, convenciendo que la Ley Natural es mentira y pronto será delito, que la fé católica es sinónimo de fundamentalismo oscuro, que los valores y principios trascendentales no existen, que la moral es una tontería…

 

Pero este sistema, a la vez que está consiguiendo todo esto, necesita y lo está logrando, un pueblo que lo tolere. Un pueblo esclavo que no reconoce que lo es, es el peor esclavo posible, ya que el más sumiso y entregado es aquel esclavo que se cree libre porque cada cierto tiempo puede elegir en unas elecciones a su nuevo amo, nuevo amo que además no es tal, ya que, en realidad, vote a quien vote, ganarán los mismos.

 

Porque estas elecciones y prácticamente todas es jugar al juego del sistema, con sus reglas, con su balón, en su campo, con su afición, con su árbitro…y si algún día le metes un gol, te lo anulan. Véase el ejemplo del Brexit.

 

Pero a ese pueblo me dirijo, a esos esclavos que se niegan a seguir siéndolo. A ese pueblo que antes le presentaban sólo dos opciones principales, y ahora, como por fin estaban despertando al ver que las dos eran a cada cual más corrupta, más traidora a España y a sus propios votantes, les han sacado de la chistera más opciones, hasta seis, tres de derecha y tres de izquierda (aparte de los separatistas que esos están siempre y cada vez en mayor número), para que se crean que algo está cambiando, cuando ninguna de ellas quiere romper con este sistema porque forman parte de él, y viven de él, y muy bien por cierto. Y así, el régimen presenta como únicas opciones a las de siempre y a las que parecen regeneradoras y hasta antisistema, cuando lo que son es disidencia controlada. Ayer lo vimos con el aniversario de la caída del Muro de Berlín, todos hablaban de ello, pero ocultaban que lo levantó el comunismo criminal con la complicidad del resto de democracias criminales. Y, por supuesto, la culpa la tuvo el fascismo pasado, y el peligro es el fascismo que viene.

 

Siempre que hay elecciones digo que gane quien gane, pierde España. Hoy también. Pero hay que tener ilusión, claro que sí, no para meter hoy un papel en una urna, hay que tener ilusión a partir de mañana, cuando toque recoger la basura que genera la fiesta de la democracia, en ser protagonistas activos para cambiar de verdad las cosas, para luchar por España y la Justicia Social, esa debe ser nuestra ilusión.