Resultan realmente repetitivos los del buen rollito del tuteo bovino, algunos tratando de ser más cercanos y otros más cerveceros con sus camisetas sobaqueras, sus pantalones cortos fosforitos y sus chanclas playeras que más que presentarse se cruzan en medio con las neuras de su tribu y sus ademanes más previsibles que los de un político en campaña.

  Yo no tuteo a nadie que no sea un amigo porque no hay nada más satisfactorio y sonoro para mí que conjugar los verbos del ustedeo, algo que ya les cuesta hacer hasta los periodistas de la TV cuando abordan al propio rey; por tanto que nadie me lance el espasmo de repetirme eso de que “no soy tan mayor”. El trato de usted es el reconocimiento del respeto que se tiene hacia otras personas, no se recibe por edad sino como una manera más de poner en valor a su persona y al grupo de personas que están presentes, y de que además hay personas excelentes, dignas de respeto por su capacidad y por la admiración que puedan desprender. Algo que sonará extraño actualmente pues con el igualitarismo hacia abajo de los mediocres corren malos tiempos para la excelencia y no sólo para la lírica.

  En la Revolución francesa los jacobinos ya prohibieron el trato de usted, porque la izquierda desde sus orígenes ha tratado de igualar a todos en la pobreza, en la estupidez y en la mala educación. Otros con más lecturas replicarán que “los fascistas también pusieron de moda el tuteo” pero sobre todo los que me hayan leído a mí sabrán que no hay contradicción en esa afirmación pues el fascismo no es la extrema derecha sino una escisión de la izquierda socialista por la rama nacional. Por tanto es mejor ignorar a ambas manzanas podridas salidas de la misma cesta.

  En España hemos pasado del “Españoles habla su Excelencia el Jefe del Estado, el Generalísimo y Caudillo por la Gracia de Dios, y etc. y etc.” al “menistro  dinos lo de esa paguita pa´tos”; hemos pasado del “Padre siéntese usted aquí” al “Papá dame 20 euros pa´ porros o te reviento”; hemos pasado del “Don Julián el maestro nacional humilde pero digno de todo respeto” al “mañana le voy a romper la cara al profesor por meterse con el niño”, hemos pasado de escuchar a los ancianos y de leer a los sabios a sumergirnos en el marasmo de las redes sociales en las que chapotean legiones de patanes que muestran su zafiedad desde la creencia del anonimato, etc.

Ciertamente hoy no se me ocurre nada más reaccionario para mi rebeldía que reaccionar llevándole la contraria a todos los anuncios de publicidad y llamarles a todos como ustedes; aunque algunos de ustedes en el tiempo que he tardado en escribir esta disertación hayan conservado su aspecto de majaderos intacto, y que uno además me haya querido vender otro aspirador con nombre de palabros en inglés pero fabricado en Cuenca, que lamentablemente he rechazado a pesar de que era un aspirador mega plus, ecológico, feminista, anticapitalista y multicultural por la alianza de civilizaciones y su tuteo al aspirar toda la basura (sic).