A pesar de que no cesan las noticias… y ninguna buena, parece que vivimos una situación de calma chicha, de impasse, de expectación y de a ver qué pasa, lo que no puede ser otra cosa que la antesala de la tormenta que se avecina. Y es que la situación de nuestra patria no puede ser más penosa, triste y terrible después de medio siglo no de errores, no, sino de traiciones de unos y puñaladas de otros.

 

Por un lado, España está en manos, por el siempre voto inútil al PP, de la izquierda --aquí siempre radicalmente antinacional, antiespañola--, o sea, del socialista PSOE y del comunista Podemos, ambos marxistas y por ello criminales hasta las trancas no habiendo un solo delito que no hayan cometido a lo largo de su negra y sangrienta historia; y sigan cometiendo. En manos de dos indigentes intelectuales, degenerados morales y enajenados mentales que sólo tienen como Norte en la vida satisfacer sus más bajas pasiones y complejos. De dos apátridas desbordados por el odio a España y por el amor sólo a sí mismos. Y de toda una caterva de plagios de ellos que sólo buscan ocupar un lugar a su sombra para medrar.

 

Por otro, España está en manos de unos redomados traidores, mentirosos e incumplidores, que han renegado hasta de sí mismos con tal de figurar, simplemente figurar, aunque para ello tengan que plegarse a los del párrafo anterior; lo que por otro lado hacen sin rubor, pues nada tienen en su conciencia y carecen, como aquéllos, de dignidad personal, de honra y de la mínima decencia. Tras ellos, otra caterva infectada de la más profunda idiocia.

 

Y también, todo hay que decirlo, España está en manos de una no parca mayoría de españoles que, sin ser realmente de unos y otros, aunque les votan por sistema y sin saber ya por qué, están adocenados e infectados por la estulticia más profunda que se ha visto desde hace siglos.

 

Por eso, y a excepción hoy por hoy, y esperemos no sólo que se mantenga, sino que crezca aún más, del aldabonazo que supone Vox y los que le han votado –hay otros, pero tan menudos y erráticos que ni cuentan ni contarán--, la situación de España ha llegado muy posiblemente al punto de no retorno, a ese en que el avión ya no puede abortar el despegue de forma que o lo consigue milagrosamente o se destruye de manera irremisible.

Y es que, además, los que tienen la obligación y aún la posibilidad de evitar el accidente mortal no están por la labor ni en pintura:

 

  • La monarquía borbónica, hueca, vacía e inane, dedicada sólo a intentar sostener su chiringuito después de décadas de ser especialmente desagradecida con los que más la favorecieron, como ha hecho a lo largo de toda su historia, sigue sin convencerse aún que favorecer a los que la odian funciona sólo un tiempo pasado el cual, lógicamente, cae.
  • El sistema judicial, corrompido hasta el tuétano, ha dejado de ser última ratio, habiéndose convertido en cómplice necesario y activo.
  • Las FF.AA., traicionando sus más sagrados juramentos y razón de ser, se inhiben abandonando a la Patria y a la parte sana del pueblo al que deberían defender.
  • La Iglesia, sin fe, hace mucho que ha renunciado a ser conciencia y referencia moral en todos los órdenes, también en el político en lo que le atañe; y le atañe en no poco.

 

Así pues, vivimos un impasse, una calma que sin duda precede a la tormenta que se avecina y se otea ya en el horizonte cercano porque España está indefensa y abandonada, porque de todos los citados qué se puede esperar sino su asesinato.

Y es que no hay que engañarse, ni esperar milagros cósmicos que ni se merecen ni se procuran merecer. Así pues, parece llegado el momento de purgar, en justicia, los crímenes cometidos durante el último medio siglo; sí, ya medio siglo, que se dice pronto.

 

Claro que las purgas y los castigos suelen servir de acicate y traen consigo la enmienda y el renacer, bien que siempre y cuando se asuman, cumplan y se extraigan las debidas consecuencias. Una pena, sí, pero puede que esta vez sea la única forma de que los españoles volvamos a ser lo que no hace mucho fuimos. Cuanto peor, mejor.