Hoy mismo -ayer, cuando ustedes lean- el Papa Francisco ha considerado oportuno -un “deber”- el recuerdo del Holocausto judío y tachó de inadmisible la indiferencia, al recordar el 75 aniversario de la liberación del campo de exterminio nazi de Auschwitz-Birkenau. “Ante esta enorme tragedia, esta atrocidad, no es admisible la indiferencia y es un deber la memoria”, consideró Francisco tras el rezo del Ángelus dominical desde la ventana del Palacio Apostólico, ante cientos de fieles que le escuchaban desde la plaza de San Pedro, según Infobae.com.

Estoy de acuerdo con Su Santidad en que hay cosas para las que la indiferencia es inadmisible; que hay tragedias y atrocidades para las que es un deber la memoria. Comprendo que la proximidad de la fecha del aniversario haya inducido a Su Santidad a recordar el campo de Auschwitz. Entiendo que Su Santidad ruegue por las víctimas de Auschwitz, porque su deber es hacerlo por todos, y la Iglesia tiene como misión orar por las víctimas -también por los enemigos-, conciliar diferencias, poner cimientos de paz y entendimiento.

Dicho esto, lamento que mi mala memoria y mi escaso interés por la actualidad repetitiva y cansina que nos adormece me impida recordar si el Papa Francisco recordó tras el rezo del Ángelus a las víctimas de Paracuellos del Jarama, de cuyo asesinato se han cumplido 83 años entre el 7 de noviembre y el 4 de diciembre pasados. Acaso Su Santidad -o quien le lleve la agenda- considera que esto de Paracuellos fue distinto, que fue una cosa privada de los españoles, que no merece mayor recuerdo; que no combina bien con la Memoria Histórica oficial y que, en todo caso, más vale un discreto silencio.

Quizá el mismo silencio que la Santa Sede ha ido repartiendo generosamente ante curas y Obispos que negaban los Sacramentos o las Misas a militares, guardias civiles, policías, asesinados en la calle.

También comprendo que las cosas de España suelen ser muy difíciles de entender y de tratar por la mayoría de los extranjeros, y que el Vaticano prefiere volver la cara a meter la pata, aunque termine haciendo ambas cosas.

Comprendido esto, espero que en los próximos meses de abril y mayo Francisco tenga el mismo recuerdo que ha tenido ahora para Auschwitz para las fosas de Katyn.

O tal vez, como Polonia -al igual que España- era católica en la época en que el comunismo asesinó a mansalva, sea mejor pasarlo por alto, no vaya a ser mala publicidad y una muestra de intolerancia recordarlo. ¿Mejor la indiferencia, Santidad?