Es muy difícil de comprender para un católico español con firmes convicciones tradicionales y patrióticas la posición del Papa Francisco y de la Iglesia Oficial con respecto a la exhumación de los restos mortales de Francisco Franco.

Pareciese que se han olvidado que le fue concedida por el Papa Pío XII la Orden Suprema de Cristo, la máxima condecoración vaticana, como tampoco se explica que no conste en la web vaticana el breve del Papa San Pío X, “Multum ad excitandos ad egregia facinora", normativa que regula los honores de dicha concesión y el tratamiento a recibir por los agraciados.

Sí podemos leer en cambio en las hemerotecas españolas de los diarios ABC y La Vanguardia, los fastos y los discursos manifestados entonces tanto en Roma como en España durante el otorgamiento de dicho reconocimiento, expresiones que deberían hacer palidecer a los que por su omisión están tolerando semejante escarnio público hacia una persona que, con sus aciertos y errores, siempre pretendió actuar como un sincero cristiano, y todos sabemos que lo hizo.

Yo creo que un Caballero de la Orden Suprema de Cristo merece una mínima deferencia canónica en el trato que se le dé, tanto en la profanación de sus restos mortales, como en el traslado y posterior inhumación; un tratamiento a la altura de una condecoración como la descrita.

Aunque yo no soy quien, dentro de la Iglesia Católica, salvo un simple fiel, creo que es precisa una reflexión al respecto dentro de la Jerarquía, pues si se va a profanar una basílica y una tumba cristianas de una personalidad tan relevante dentro del Mundo católico, ¿qué podremos esperar de nuestras autoridades eclesiales los que formamos parte del actual rebaño del Catolicismo, tanto en nuestra morada de descanso terrenal como en el devenir corriente y actual de nuestra vida católica?

Me empuja a escribir estas líneas lo sucedido en el 2017, cuando el Vaticano entregó a los actuales Reyes de Holanda, el bastón de mando de Guillermo de Orange, el padre de la Nación Holandesa, bastón que fue tomado por los Ejércitos Católicos españoles en 1574, en la batalla de Mookerheyde contra los protestantes.

Estamos hablando de una época de máxima confrontación entre España y los rebeldes secesionistas, seguidores de Guillermo de Orange, el padre de la dinastía que actualmente rige los destinos de la Nación Holandesa, y que había abrazado la herejía del protestantismo por mero interés político.

Es evidente que el actual Papa Francisco ha deseado agradar a sus visitantes, y querer enviarles un gesto de reconciliación a sus descendientes, algo que en sí es loable, pero no a costa, tal y como apareció en los servicios informativos pontificios, de dejar a España como la Nación responsable de aquellos sucesos, que lesionaron tan gravemente la Unidad de la Cristiandad.

Y así es que el actual General de la Orden de los Jesuitas, hizo entrega de dicho bastón de mando en régimen de comodato o préstamo de uso, a los Reyes de Holanda, bastón que estaba custodiado en el Convento de los Jesuitas de Barcelona, y que no se sabe cómo y en qué circunstancias ha salido de España camino de Holanda, vía Vaticano, cuando se trata de una obra de arte especialmente protegida por la legislación española.

La entrega de dicho bastón de mando se puede observar en el siguiente enlace en youtube 

¿Por qué las sonrisas vaticanas y jesuíticas que se pueden ver en este vídeo hacia los descendientes de Guillermo de Orange se han tornado ahora en muecas de incomodidad y falta de caridad hacia los descendientes del General Franco, hasta el extremo de negarle un funeral a su Abuelo en Madrid?

Si los jesuitas actuales han olvidado el martirio que sufrió su Orden en Holanda durante aquella terrible época, debe ser que es el sino de los tiempos, pero que dicho Bastón, equivalente a lo que para nosotros podría ser la Espada del Cid Campeador, se mueva de esa manera, resulta cuando menos chocante, cuando quien debería haberlo entregado, no es el Superior de dicha Orden, sino quizá la máxima autoridad del actual Ejército Español, un ejército felizmente confesional, que es además el descendiente de aquellos Ejércitos católicos que defendían la Fe Católica, y haber recibido a cambio en comodato algunas de nuestras reliquias militares católicas que los holandeses tendrán de los españoles.

Tampoco se entiende que en la entrega del bastón de mando no hubiera ninguna autoridad española, cuando lo que se está entregando es una obra de arte de propiedad española.

Pareciese que hemos olvidado quién fue y lo que representó Lutero, y quién fue y lo que representó Guillermo de Orange, y ciertamente es positivo avanzar en la reconciliación y el perdón, pero si ambos reciben ahora un tratamiento tan cercano y afectuoso en el momento presente por parte de Roma, ¿cómo podemos cuadrar esto con el trato que reciben Franco, Caballero de la Orden Suprema de Cristo, y sus descendientes, por parte de la Jerarquía de Roma, así como el que recibimos los Católicos españoles que estamos orgullosos de la obra católica de España en el mundo entero?

Pareciese también que el Vaticano pretende reconciliarse ahora con todos con los que ha estado enfrentado en el pasado, pero haciéndolo a costa de España, como si Roma hubiera sido una rehén nuestra en los siglos XVI y XVII, durante el periodo de primacía hispánica mundial donde se propagó y defendió el Catolicismo como nunca se ha hecho.

No cometemos ninguna deslealtad hacia Roma si exigimos para Francisco Franco el mismo tratamiento que para Guillermo de Orange, pues, ¿si éste descansa eterna y pacíficamente en la cripta real de la impresionante iglesia Nieuwe Kerk de Delft, a pesar de su manifiesta traición hacia Roma y hacia su Rey católico Felipe II de España, por qué en cambio la tumba de Franco va a ser profanada, así como la basílica del Valle de los Caídos donde descansa, violentada, con la complicidad de las máximas autoridades eclesiales?

¿Acaso en España la reconciliación con los enemigos seculares de la Iglesia Católica pasa por humillar a Franco y a los católicos que sentimos respeto y admiración por él?

¿Acaso los católicos españoles que amamos nuestra Historia y nuestra Nación somos ahora moneda de cambio y estamos llamados a ser objeto eclesial de escarnio, truque, vergüenza o simple regalo o donación por nuestro Pasado?

Ojalá el Espíritu Santo nos ilumine a todos en esta época de enorme tribulación y que refuerce nuestra Fe en estos tiempos de oscuros vendavales.

 

Guillermo Rocafort. Intelectual Católico e Historiador.