Hace ahora algo más de un año, cuando el miserable Pedro Sánchez tomó por asalto la presidencia del Gobierno, una de las primeras cosas que hizo (después de cambiar el colchón, como es bien sabido) fue reunirse en La Moncloa con un multimillonario llamado George Soros. El contenido de esa reunión no ha trascendido, aunque conociendo a los personajes debió ser para agradecer a Soros la ayuda prestada y para recibir sus instrucciones. Naturalmente los tertulianos y comentaristas de la actualidad política no han dado ninguna importancia a esa reunión, que sí la tiene, pues la gran mayoría de ellos están a sueldo de Sánchez, o de Soros, o de los dos a la vez.

¿Quién es George Soros?

George Soros es un sujeto naturalizado estadounidense que nació en 1930 en Budapest en el seno de una familia judía húngara de apellido Schwartz; familia acomodada (su padre era abogado) y poco practicante a pesar de ser judíos (el propio Soros se declara ateo), cambió su nombre a ‘Soros’ en 1936 cuando el fantasma del antisemitismo ya se había extendido por Europa. Sobrevivieron a la ocupación nazi de Hungría (1944), según muchos colaborando con los alemanes, pues de hecho hay indicios (que no pruebas) de que el propio Soros fue un ‘judenrat’, un colaboracionista que ayudaba a identificar a los judíos para ser enviados a los campos de concentración (unos 550.000 judíos fueron exterminados en Hungría, el 80% de todos los que había antes de la Guerra) a cambio de que le respetaran la vida y de recibir algunos de los bienes saqueados a sus hermanos. Sea como fuere, poco después de que la URSS ocupara Hungría al término de la II Guerra Mundial la familia huyó precipitadamente a Londres (1946), donde Soros terminó sus estudios y obtuvo un grado en filosofía (1952) por la London School of Economics and Political Science (LSE).

Personaje de sobresalientes inteligencia, capacidad de trabajo y habilidades de relación (que desgraciadamente utiliza para hacer el mal), empezó a trabajar en el mundo de las finanzas en Londres y a partir de 1956 en los EE.UU., a donde emigró para continuar su carrera, trabajando por cuenta ajena en diferentes compañías hasta que en 1973 fundó su propio fondo, Quantun Fund, uno de los primeros ‘hedge fund’ (fondo de inversión alternativa) especializado inicialmente en arbitraje de divisas pero que posteriormente pasó a gestionar todo tipo de activos, en general con prácticas poco ortodoxas, siempre al borde de la ley, como su célebre ataque a la libra esterlina en 1992 que le hizo multimillonario a costa del Banco de Inglaterra y de miles de pequeños inversores a los que arruinó. Lo cierto es que ha sido un inversor con un éxito enorme, uno de los más conocidos del mundo de las finanzas, lo que le ha permitido acumular un inmenso patrimonio que, desgraciadamente, ha utilizado y utiliza para hacer tanto daño como sea posible.

La otra faceta de Soros, que él llama “filantrópica” –aunque no lo es, pues filantropía significa buscar el bien del prójimo de manera desinteresada, no es donar dinero a organizaciones nocivas para la Humanidad–, es incluso más relevante que su faceta profesional. A través de la Open Society Fundation, creada por él en 1993 y que se estima que desde su constitución ha recibido donaciones, fundamentalmente suyas, por importe de 18.000 millones de dólares, patrocina todo tipo de causas que casi sin excepción tienen como objetivo destruir los principios éticos, las tradiciones culturales, la memoria histórica, la identidad étnica y la soberanía nacional de las sociedades que llamamos “occidentales”, fundamentalmente europeas, y a atacar a Israel y al sionismo, pues a pesar de ser judío es un furibundo antisemita. En el islamismo y en particular en el yihadismo ha encontrado Soros un filón inagotable para socavar los cimientos del mundo occidental, por lo que apoya sin reservas la islamización de Europa, incluida por supuesto la llegada masiva y sin control de inmigrantes musulmanes ilegales, y dedica una parte substancial de sus fondos para “blanquear” esta ideología (el islam es una ideología disfrazada de religión) y para ocultar o minimizar todos los efectos destructivos que este fenómeno está produciendo y producirá en el futuro.

En algunas de las escasas entrevistas que ha concedido, siempre a medios afines, explica su visión del mundo y de la vida en base a las teorías del que dice ser su maestro, el filósofo austriaco Karl Popper (1902-1994), creador y defensor de lo que llamó “sociedades abiertas” –el propio Soros en un delirio de egolatría se ha presentado a sí mismo en alguna ocasión también como un “filósofo”– y que él explica del siguiente modo:los Estados tienen intereses, pero no principios, y una sociedad abierta ideal suprimiría los intereses nacionales, mientras que una nueva estructura política y financiera internacional asumiría la responsabilidad de la defensa de la humanidad”. Así, Soros considera, por oposición, que una sociedad es “cerrada”, y por tanto imperfecta y merecedora de ser aniquilada, si desea controlar sus propios recursos naturales o si desea proteger y desarrollar su economía y sus recursos humanos con la ayuda de aranceles o leyes proteccionistas, y por supuesto es “cerrada” cualquier nación que no apoye con entusiasmo irracional la “globalización” impulsada por él y por todas las organizaciones afines, concepto este de “globalización” que han conseguido presentar, sin ninguna explicación racional que lo soporte, como la panacea universal. Cualquier nación que aspire a conservar su identidad, su cultura y sus tradiciones, incluyendo en lugar destacado las religiones judeocristianas, es una detestable “sociedad cerrada” que Soros y sus acólitos intentarán destruir por todos los medios a su alcance, que son muchos.

Esta idea perversa y destructiva se traduce en que dedique ingentes cantidades de dinero, a través de decenas de otras fundaciones, asociaciones y ONGs que son beneficiarias de sus donaciones, a patrocinar todas las iniciativas que tiendan a destruir la sociedad occidental de raíz judeocristiana: el aborto (Planned Parenthood); la eutanasia; la ideología de género; los ‘lobbys’ que imponen la ideología LGTBI; el llamado “multiculturalismo” (realmente la aniquilación de la cultura judeocristiana); la causa palestina; las infinitas campañas mediáticas en contra de la Iglesia católica (incluida, entre otras, la desorbitada propaganda de los casos de pederastia cometidos por algunos sacerdotes); el feminismo radical (Femen); la llamada “estrategia del caos” (Anonymous o ‘wikyleaks’) o los destructivos populismos de izquierda (parece que fue el principal financiador del griego Syriza). Entre los receptores de sus cuantiosas donaciones hay conocidísimas ONGs como Human Rights Watch, Amnistía Internacional u Oxfam (involucrada en numerosos casos de prostitución infantil). Sobre estas organizaciones ha escrito que “trabajan con los gobiernos siempre que pueden y con independencia de los gobiernos cuando no pueden, a veces francamente en la oposición. Cuando las fundaciones pueden cooperar con los gobiernos son más eficaces, aunque cuando no pueden es cuando su trabajo es más necesario y valioso, ya que ofrecen una fuente alternativa de financiación para la sociedad civil que lucha contra los gobiernos.” Cualquier iniciativa que de un modo u otro desestabilice a Israel o a las democracias occidentales, que ataque el orden establecido, es apoyada por Soros: la primavera árabe (que entregó el poder en numerosos países del norte de África y Oriente Medio a los islamistas radicales –si es que los hay no radicales–), las guerras de Kosovo, de Chechenia o de Ucrania, y otras muchas, han contado con la financiación de las fundaciones vinculadas a Soros, al igual que (según muchos) los partidos y organizaciones independentistas catalanes. Ha conseguido infiltrarse, él o sus secuaces, en importantísimos organismos internacionales como la Organización Mundial del Comercio, la Unesco o el Fondo Monetario Internacional, en los que tiene una enorme y nociva influencia.

Soros dedica ingentes cantidades de dinero a financiar y controlar medios de comunicación en todo el mundo, y a comprar a periodistas y a ‘creadores de opinión’ para que apoyen y difundan sus tesis y sus objetivos: en los EE.UU. controla de un modo u otro cabeceras tan influyentes como el New York Times o el Washington Post, agencias de noticias como Associated Press y cadenas de TV como la NBC, la CNNo la ABC; en el Reino Unido The Guardian; en Francia Le Monde y en España El País y El Periódico.

¿Por qué hace esto Soros? No se sabe. Algunos sostienen que es la consecuencia del odio y el rencor por sus antecedentes familiares, por el hecho de haber tenido que huir como un apestado de su Hungría natal por colaborar con los nazis; otros piensan que es una estrategia a largo plazo para destruir la estructura social que desde hace siglos vertebra al mundo, en especial al mundo desarrollado, y sustituirla por un magma de personas indiferenciadas, de “productores”, iguales en todo el planeta, sin raíces ni diferencias étnicas, culturales o de costumbres entre ellos, con una ideología común (o mejor aún, sin ideología), que sean más fácilmente controlables y manipulables por él y por el resto de las elites económicas globales, con un planteamiento orwelliano y, en el fondo, estalinista; otros, en fin, sabemos que el diablo existe, y que su permanente afán, además de alejar al hombre de Dios, es destruir a la persona a través del pecado, no siendo Soros, en definitiva, más que un diablo con aspecto humano que hace su “trabajo” lo mejor que puede.

No, Soros no es tan malo como lo pintan: ES MUCHO PEOR, es un individuo hecho de la misma piel de Lucifer, es algo así como el Amalec que, según la Biblia, representa todo poder o intención que se rebela contra los propósitos de Dios. Y, por supuesto, todos los que como Sánchez se acercan a él son parte de este plan satánico y perfectamente planificado para destruir nuestras sociedades y nuestras naciones tal como las conocemos y dar paso a un “nuevo orden mundial” en beneficio suyo y de las élites económicas globales.