Frank Cuesta. León, 1971. Presentador. Se hizo famoso rodeado de serpientes en la jungla de Tailandia, donde vive, pero cada vez que rueda en España se mete en líos. Primero fueron los toros y ahora, los domingos en 

De un programa sobre el mundo de los toros a uno sobre la caza, ¿te gustan los líos?

Cuando grabamos toros fue muy intenso. Sabía que iba a ser polémico, pero creo que salió muy bien aunque mucha gente no cogió el concepto, que era no atacar a nadie sino escuchar a todos. Y ahora nos hemos metido en un jardín mucho más complicado todavía. Pero mucho. Porque el tema de la caza es mucho más grande económicamente y envuelve a más gente. Es un tema muy polémico, sin términos medios, es Real Madrid-Barcelona, sí o no. Pero, si escuchas, al final te das cuenta de que no hay ni buenos ni malos.

¿Cuál es tu posición respecto a la caza?

Que es necesaria, nos guste o no nos guste. El mundo es como es y, tristemente, el hombre tiene que gestionar la naturaleza. El ecosistema ha cambiado en estos últimos años y la naturaleza tiene tres grandes problemas: los furtivos, los incendios y las recalificaciones. Los animales pierden siempre. Hay muchos activistas de ciudad que sólo ven esto, pero los de campo saben que muchas especies sobreviven gracias a la caza. Y existen pueblos enteros que viven de la caza. El mundo de la caza no es solamente pegar un tiro: es desbrozar el monte, limpiar, hacer cortafuegos, alojamientos, transportistas, cooperativas... Además, nos escandalizamos mucho con la caza y luego nos ponemos ciegos a filetes.

Pero, en España, ¿se caza más por necesidad o por hobby?

Hay que distinguir a los cazadores, que son muy respetuosos con la naturaleza y de los animales, de los escopeteros, que van a disparar por disparar y a lo que sea. Y luego están los furtivos, que son simples delincuentes. Se ha metido a todo el mundo en el mismo saco y es injusto. Ni los cazadores son tan malos ni los animalistas son tan buenos. En el mundo de la caza me he encontrado garrulos, pero por norma general es gente que entiende y respeta la naturaleza de una manera increíble. Y sin diferencias de clase social: pobres ricos, jornaleros y doctores. Pero el mundo de la caza no se ha levantado nunca a aclarar esto... hasta ahora.

Vox ha llevado este tema a la arena política.

A ningún partido político le interesa prohibir la caza. Ninguno se atrevería. No incluyo a PACMA porque, para bien o para mal, lo considero más activismo que política. Pero el resto no han tenido la valentía de posicionarse. A mí me pagan lo mismo por grabar peces que por meterme en este embrollo, pero si te importa la naturaleza te tienes que mojar. Y los partidos se han mojado poco y, hasta Vox, no se han atrevido decir la verdad: que la caza es necesaria. Y son muchos votos, porque la caza no es matar animales: es una economía y un negocio muy grande. Cualquier partido político con dos dedos de frente no se va a posicionar contra la caza. En todo caso, yo paso de meterme en política y eso que me han ofrecido ir en listas de partidos de extremos totalmente opuestos.

¿Por qué un activista por los animales como tú se lleva tan mal con PACMA?

Porque es un animalismo de red social, que no es malo, aunque yo me meta mucho con ellos y discutamos. Les llamo animalistas de teclado. Es como el tema de los veganos. El veganismo es para mí la opción más loable del animalismo, porque son capaces de prescindir de todo aquello que hemos creado para tener una sociedad más fácil para el humano. Es loable, pero el problema es cuando se transforman en vegatalibanes, que insultan y crean odio. Con el animalismo de teclado sucede lo mismo: muchos se talibanizan. Hay quien intenta ayudar a que adopten un perro, que está muy bien dentro de sus posibilidades, y luego los talibanes que insultan y crean odio. Esos son el problema y ni siquiera conocen la realidad de la naturaleza. Aprendo mucho más de una persona que vive en un pueblo que de un universitario con Twitter.