Dentro de pocos meses el teniente general Juan Gómez de Salazar Mínguez(Madrid, 1957) pasará a la reserva y abandonará la jefatura de la Fuerza Terrestre, en la que se integran 40.000 efectivos y tiene su cuartel general en Sevilla. Ligado a la Brigada Paracaidista desde el inicio de su carrera, ha sido jefe de Estado Mayor de la Comandancia General de Ceuta y de la Fuerza Terrestre, hasta que tras ser ascendido a teniente general fue designado como jefe de la Fuerza Terrestre. Es Diplomado de Estado Mayor, ha participado en diversas misiones internacionales en Bosnia, Kósovo y Líbano, en este último país como general jefe de la Brigada Multinacional Este. 

Procede de una familia de militares de cuatro generaciones. Era casi imposible que usted no fuera militar.

No se crea, porque de mi generación tan solo somos militares mi hermano y yo. Ninguno de mis primos quiso hacer la carrera militar. Hay muchas profesiones vocacionales, que como la militar, se transmiten de generación en generación, al igual que ocurre en la medicina, la judicatura o el propio periodismo, pero eso ha cambiado. Entre mis compañeros de promoción había bastantes que nunca, en su vida, habían visto un uniforme.

Casi todos sus antepasados militares llegaron a general. Parece casi una tradición.

Mi abuelo estuvo en varias ocasiones en Marruecos y fue condecorado con dos «Cristinas», el equivalente a la medalla militar individual, pero fue fusilado en los inicios de la Guerra Civil. Y su padre, mi bisabuelo, no pasó de teniente coronel. Mi padre sí llegó a general de división y un primo hermano de mi padre fue el último gobernador militar del Sáhara.

¿La vocación se hace o se nace?

Creo que no hay reglas. Se nace y se hace.

¿La crisis «creó» muchas vocaciones militares?

Indudablemente. A mayor crisis y más dificultades para encontrar trabajo, más demanda para ingresar en las Fuerzas Armadas. Eso es una realidad que se ha materializado en España. Pero conozco a muchas personas que han entrado en la milicia buscando un puesto de trabajo y se han convertido, a los dos años, en profesionales con una vocación igual o mayor que los que presumían de haberla adquirido desde pequeños. La vocación también se hace.

No es fácil entrar en el Ejército español para hacerse oficial. La nota media de Selectividad para acceder a la Academia es casi tan alta como la de la carrera de Medicina.

Hay distintas maneras de acceder a la profesión militar, directamente con una titulación de grado o sin titulación, pero es cierto que con una nota de acceso muy alta. De hecho cada vez conozco a más gente cuya nota de selectividad no resultó suficiente para entrar en la Academia Militar.

¿Qué preparación se les da a los que lo logran?

 

Quienes acceden desde la Selectividad hacen un grado de ingeniería de organización industrial. La carga lectiva es exactamente igual que en cualquier otra facultad, pero los alumnos militares (cadetes) se les requiere un doble esfuerzo, pues también deben adquirir conocimientos puramente castrenses, desde los más básicos como desfilar, de la misma manera que cualquier soldado profesional que se incorpora a filas, hasta conocimientos más complejos de la propia técnica o táctica militar, para finalmente incorporarse a cualquier unidad con la cualificación necesaria.

¿Es una exigencia mayor a la de hace veinte o treinta años?

Es diferente, debemos analizarla según el contexto en el que se ha producido. Yo ingresé cuando se exigía superar un curso selectivo de Físicas y era muy exigente. Unos años antes se trataba de una oposición pura y dura, para muchos era como un MIR o una oposición a notarías. A algunos les costaba tres y cuatro años de intensa preparación para poder entrar en la Academia.

Con las misiones internacionales en las que participan los militares españoles supongo que el inglés es otra exigencia básica.

Sí. Recuerdo que, cuando yo estudiaba en la Academia, el inglés era una «maría», como en muchos colegios en esa época. Mi hijo, que ahora acaba de ascender a capitán, tiene acreditado el nivel C1 del idioma inglés. Ahora nuestros oficiales disponen de niveles de inglés muy superiores a los nuestro de aquella épocas, ya que, el nivel de idiomas es un requisito importante en los procesos de selección o elección para el ascenso.

Supongo que también estudiarán mucha historia de España.

Por supuesto. Los analistas concluyen que la historia siempre se repite en el ámbito de los conflictos armados. El fracaso de Napoleón en Rusia tenía antecedentes en el de Aníbal en Italia y tuvo consecuencias en el de Hitler en Stalingrado. Por eso, en la milicia se ha dicho siempre, que es imprescindible conocer la historia militar. El mismo Patton, o Churchill, fueron grandes estudiosos de la Historia Militar.

Da la impresión de que la historia de España no se estudia en muchos colegios, o no de una manera sistemática. Y de que hay un gran desconocimiento sobre ella en las nuevas generaciones.

Cada vez son más los que piensan que el gran problema de España es la educación y la falta de cultura. No sé quién dijo que tenemos un futuro incierto y un pasado impredecible. La historia de España debe ser conocida por todos los españoles porque es un factor que nos une y la base del amor a la patria.

¿Qué es la patria?

La patria siempre se siente mejor que se explica. El amor a España está al alcance de cualquiera, no solo de los militares. Me molesta que se relacione el patriotismo exclusivamente con nosotros o con determinados sectores de la sociedad. Para mí, el patriotismo escohesión, solidaridad, entrega.

Solidaridad, compañerismo, honor, disciplina, espíritu de servicio y de sacrificio son algunos de los principales valores que se enseñan a los militares en las academias y de los que ustedes presumen en su desempeño cotidiano. ¿No tiene la impresión de que la sociedad va por otro lado?

El relativismo ha producido una merma en los valores, no solo en España sino en toda Europa. No digo que se haya hecho dejación de funciones, pero creo que tanto en los colegios como en las familias se ha relajado mucho la enseñanza de estos aspectos. Se vive más deprisa y todos estamos sujetos constantemente a la acción y a la terrible presión de las redes sociales. Y se anteponen otras cuestiones materiales, como por ejemplo, el culto al dinero y al éxito. El Ejército, sin esa formación en valores, creo sinceramente que no lograría nada. Cualquier unidad militar sin moral, sin cohesión y sin espíritu, por muchos carros de combate, armamento o última tecnología que tenga, no va a ningún lado.

Me suena a un equipo de fútbol. O a una selección deportiva.

Es que es similar. Creo, incluso, que lo decía Luis Aragonés cuando se hizo cargo de la selección española: un equipo sin motivación, sin espíritu de compañerismo, sin sacrificio no logra ninguna victoria.

¿A España le iría mucho mejor con esos valores?

Sin duda. Creo que nos iríamos acercando más al ideal de la convivencia que todos anhelamos. Pienso, además, que la gente es cada vez más consciente de que la esencia de las relaciones humanas está basada en esos valores.

Mentir se ve como algo normal en muchos ámbitos, incluso en la política.

El «vale todo» nos está haciendo mucho daño. Hoy decimos una cosa y mañana lo contrario. Asimismo, ahora preocupa mucho el «buenismo» y lo políticamente correcto y cada vez más, nos cuesta llamar a las cosas por su nombre; esto es contradictorio.

Pacifismo y militarismo

¿Percibe que a los militares no los quieren? 

Vivimos en una nación muy grande en la que disfrutamos de niveles altos de justicia, derecho, leyes, propiedad privada, progreso y libertad, pero hay que enseñar desde el colegio a todos los españoles que esos niveles de bienestar tienen un precio, el de la seguridad. Sin seguridad, no se puede garantizar ninguno de esos bienes. Y el principal garante de esa seguridad es el Ejército. Lógicamente preferimos que se reconozca ese protagonismo y que se nos quiera más. Pero todos los españoles deben saber que, queriendo o no, siempre estaremos a su servicio.

¿Podrá el mundo algún día no necesitar fuerzas armadas ni ejércitos siendo el ser humano como es?

Ésa es la clave, que el ser humano es como es. El uso de la violencia y de las armas solo depende de la voluntad humana.Por ello debemos tener resortes que nos permitan ejercer el control sobre esa posibilidad. Lo ideal sería que no fueran necesarias unas fuerzas armadas, pero eso es utópico

¿A usted también le gustaría ser pacifista?

Ser pacifista es un sueño, una utopía. Yo no tengo nada contra los pacifistas y admiro su buena voluntad, incluso su romanticismo. Pero los pacifistas confunden el deseo de que no haya guerras con la ilusión de que éstas no vayan a producirse. Por desgracia, la historia y la realidad nos demuestran tozudamente lo contrario.

¿La paz no es un bien esencial? 

La paz es el mejor estado. Siempre es deseable, pero no creo que sea un bien esencial. Quiero decir que es la consecuencia de otros bienes que sí son esenciales. Sin ir más lejos, hay algunos países que usted conoce como yo que están en paz, pero no disfrutan de libertad. La libertad es más importante.

Ahora está sucediendo un fenómeno curioso en España. Por un lado, persiste ese pacifismo y antimilitarismo; por otro, hay cada vez más gente que mira con esperanza a los militares como portadores de unos valores que se han perdido y que convendría recuperar. El origen de la crisis económica de 2008 fue, tal vez, una crisis de valores.

Las encuestas reafirman lo que dice usted. Los militares no llegamos a ser tan valorados como la Guardia Civil, pero los españoles consideran a el Ejército como una de las instituciones mejor valoradas. Más del 60 por ciento de los ciudadanos nos tiene en gran estima, muy por encima de casi todas las demás instituciones.

Esa estima popular parece evidenciarse en el hecho de que todos los partidos españoles, de izquierda y derecha, han fichado a militares retirados para sus listas electorales. Esto es bastante nuevo.

Puede que tenga usted razón. El militar, siempre que esté retirado, puede acceder a la política. La milicia no deja de ser un servicio a los demás, luego los militares pueden ser también buenos servidores públicos, una vez que, como digo, hayan dejado la carrera de las armas. Otro asunto es que estemos o no de acuerdo con ello.

La «mili»

La supresión del servicio militar, acordada por el Gobierno de José María Aznar, supuso un alivio para muchos jóvenes, que consideraban que la «mili» suponía perder un año de su juventud. Sin embargo, Felipe González, otro expresidente, dice que fue un error suprimirla y que quitó cohesión a España. Macron, el presidente de Francia, ha propuesto restaurarla, aunque de forma reducida. ¿Qué le sugiere que la «mili» vuelva al centro del debate después de tantos años?

Que la «mili» cohesionaba España es algo indudable. El uniforme iguala: no había ni clases sociales, ni procedencia, ni ideología, ni profesión o estudios mayores o menores. Ese sentimiento de humildad calaba hondo y era muy bueno para la formación futura de esas personas.

¿La «mili» podría ser una buena herramienta para recuperar esos valores que se están perdiendo?

Podría serlo y me parece bien que se plantee esto porque es un reconocimiento a esos valores que convendría recuperar. Hay, no obstante, que estudiarlo bien y debería ser, en todo caso, un servicio militar más reducido, un poco a la carta y que tuviera en cuenta la voluntariedad al acometerlo. Macron ha dado marcha atrás porque se ha dado cuenta de que es costoso y que las inercias son difíciles de vencer.

El Ejército de Tierra contaba hace treinta años con 300.000 efectivos y ahora dispone de apenas 70.000. Su reestructuración ha sido silenciosa pero tremenda. 

Yo creo que el Ejército ha sido la institución española que más ha cambiado en estos cuarenta años. Ha habido una reducción de su volumen, modificación de procedimientos, infraestructuras, traslados. Ha sido una auténtica revolución.

El sesenta por ciento de Ejército español, unas 40.000 personas, dependen de usted. ¿Es un número suficiente para desarrollar con éxito todas las misiones encomendadas?

En época de crisis no resulta fácil hablar de estos temas. Todos nos tenemos que apretar el cinturón y la Fuerzas Armadas lo han hecho como el que más. Nuestro presupuesto está muy ajustado. Creo que ahora disponemos de las capacidades justas para cumplir nuestros compromisos.

Terrorismo yihadista

El terrorismo yihadista es una amenaza real. Y los conflictos entre países como el de Rusia y Ucrania, o los de Oriente Próximo, han devuelto a todos los ejércitos occidentales la importancia de su labor como garante de la integridad territorial.

El terrorismo yihadista es una amenaza real. Es la mayor amenaza que sufren los países occidentales. Hay dos formas de combatirlo: preventivamente, vigilándolo; y otra combatiéndolo, y esto se hace en el exterior. Estamos en el Sahel por ese motivo, puesto que a esa zona se ha trasladado el mal llamado Estado Islámico, tras su derrota en Siria. Es una zona muy compleja con mafias incontroladas, tráficos de drogas y tráfico de personas que constituyen una excepcional caldo de cultivo para esa lacra

El Estrecho también es un punto de máxima tensión. Y Ceuta y Melilla sufren de forma recurrente avalanchas incontroladas de inmigrantes.

España es la puerta de América y también la puerta de África por que controlamos el Estrecho. Nuestra posición geográfica es estratégica y hacemos una labor logística y de vigilancia permanente colaborando con todos los actores implicados. La inmigración es un tema complejo pero la solución está, en mi opinión, en los países de origen. No me gusta hablar de lucha contra la inmigración, pero creo que hay que controlar bien sus flujos porque junto a la penuria de muchas personas que luchan por un futuro mejor surgen mafias que se aprovechan de ellas y otras que se dedican al tráfico de drogas y de armas, y, en algunos casos, a la infiltración de terroristas, sino se utilizan los filtros adecuado. Hay que estar, pues, muy atentos.

Ha dirigido misiones internacionales en Kósovo, Bosnia y Líbano, en las que murieron algunos militares. ¿Qué pasó por su cabeza?

Es la peor situación por la que puede pasar un mando, lo más doloroso. Desde que estoy en Sevilla al frente de la Fuerza Terrestre he asistido a actos de honras fúnebres. Son los momentos más dolorosos. Hacemos todos los esfuerzos posibles para proteger a nuestra fuerza y evitar accidentes. Ver a esas familias destrozadas le parte a uno el corazón.

FUENTE: https://sevilla.abc.es/sevilla/sevi-juan-gomez-salazar-mili-cohesionaba-espana-y-transmitia-valores-seria-bueno-recuperar-201904140916_noticia.html#ns_campaign=rrss-inducido&ns_mchannel=abcdesevilla-es&ns_source=tw&ns_linkname=noticia-entrevista&ns_fee=0