¿Existe algo más surrealista que criticar a Rafa Nadal en las redes sociales a causa del inocente gesto de acercarse a besar en la MEJILLA a la niña que recibió un pelotazo sin querer? ¿De verdad que las redes sociales se han venido abajo criticando al tenista? Nuestro héroe, nuestro número uno, nuestro incondicional, amable, educado e intachable Nadal.

Un arrebato más de la ridiculez del feminismo radical. Ridículo a la par que absurdo. Nadal ha dado un beso en la mejilla a una niña. Oh mon dieu. ¿Qué me dicen? ¡Un drama! ¡Un gesto incalificable! ¡Un gesto machista, abominable, reprobable! Pues a mí me suena a envidia y todos sabemos lo mala que es la envidia. ¡Ay, ay, femis, femis! Que esta vez se os ha ido de las manos.

Se necesita ser retorcido o retorcida o ambas cosas –ya no se sabe-, para criticar un gesto tan inocente. Tanta crítica solo puede traer alguna que otra úlcera, y es que la rabia también es muy mala. ¡Un beso en la mejilla! Inapropiado porque es niña. Y dicen los que le critican que “fue un gesto poco afortunado al tratarse de una menor de edad, una clara invasión de su privacidad”. ¡Vaya tela! Están peor de que pensaba.

Y añaden que de haber sido un niño, Nadal nunca le hubiera dado un beso en la mejilla. Ahora las feministas son pitonisas. Se ve que ellas no besan a sus hijos varones. Da igual. Pronto dejarán de tenerlos porque los hombres ya no quieren ser padres con mujeres feministas. Es lo que se están ganando.

Suerte tendrá Nadal si se libra de ser acusado en las redes de abusos sexuales.

¿Son ustedes conscientes de lo peligroso que es este juego? ¿Es que nadie se da cuenta de que cuando abusen de verdad de una mujer, el resto de la gente que no tiene el sexo en la cabeza de forma permanente, -es decir, la mayoría-, lo pondrá en duda?

Esto ya es el colmo. Criticar estas reacciones es de una oscuridad mental difícil de describir. Una paranoia. Están haciendo buenas a las veganas de les gallines.

Dan ganas de decirles a todas estas feministas recalcitrantes lo que en realidad piensa la mayor parte de la sociedad de ellas, pero mejor nos callamos y que sigan haciendo el ridículo porque cada cual, hace lo que mejor se le da.

¿De verdad? ¿Somos capaces de llegar hasta ese punto demencial? Yo creo que se están ganando que ni siquiera se las tenga en consideración. Son innumerables los hombres y mujeres que empiezan a no tomarlas en serio. Normal. Con esas actitudes, más parecen niñas o niños o niñes de colegios que gente formal.

Empiezan a abrir una brecha inexistente hasta ahora. ¡Claro que se lo están ganando a pulso con su desquiciamiento diario!

Ya comienza a calificarse a la gente de feminista por un lado y el resto de humanos por otro. Lo advertí en uno de mis artículos: se extinguirán por falta de machos. A este paso, ninguno las mirará, y mucho menos se atreverá a establecer relación alguna con ellas; ni siquiera de amistad. De hecho, así empieza a ser. ¡Enhorabuena! Es lo único que hacen bien: alejar a la gente normal de ellas y elles.

Han conseguido generar una gran brecha entre ser mujer y ser feminista, entre ser trabajadora y ser trabajadora feminista, entre ser madre y ser madre feminista, entre ser y ser feminista. Me niego a continuar con la calificación. Eso me colocaría a la altura de su bajo nivel, pero podría soltar un montón de diatribas contra ese movimiento descontrolado y radical.

Sé que son fuertes ahora, pero también sé que pronto necesitarán ayuda. Quizá yo también sea pitonisa y por eso lo sepa, o quizá solo tenga algo de sentido común para verlo venir. Me pregunto a quién recurrirán entonces. Dudo que puedan ayudarse entre ellas, pues todas se encontrarán en el mismo punto de desorientación social y humana.

Las críticas volcadas contra Nadal por darle un beso en la mejilla a una niña delante del mundo entero, literalmente del mundo entero, es una prueba irrefutable de lo retorcidas que son, de lo perdidas que están y de lo aborregadas que parecen.