El usuario medio se halla todavía desbrujulado. El 5G es una tecnología que alborotará las comunicaciones. Y nuestras vidas. Las empeorará notablemente. Metamorfoseará todo nuestro entorno y nuestro ser. Lo hará por sus morrocotudas posibilidades de transferir información, su inapreciable latencia (el tiempo que tardan esos datos en ir y venir entre emisores y receptores) y su capacidad para ligar una aglomeración de juguetitos electrónicos. Sin embargo, es difícil darle uso. Mucha gente asiste perpleja a su inicial implantación. El Leviatán y tecnoindustria aún se encuentran escudriñando recetas y examinando sus plurales opciones. Otros solo deseamos su irreversible y aplastante ruina.

 

Sobreabundancia de toxicidades

Nos transformarán en antenas y en ratas de laboratorio. Las smart cells del 5G poseen alcances de unas decenas de metros. Por eso, deben instalarse en lugares estratégicos, siendo necesario ir hallando una ingente miríada de nuevas ubicaciones. Cada estación base 5G contendrá cientos o miles de antenas. El lanzamiento de 5G a frecuencias extremadamente altas (ondas milimétricas) se ha ido implantando pausadamente desde finales de 2018. Hasta 2020, ningún lugar de la Tierra sobrevivirá a esta plaga electromagnética. El terrorismo tecnocientífico. Millones de nuevas estaciones base 5G en la Tierra y los comentados, líneas atrás, veinte mil nuevos satélites en el sideral espacio, pudiendo alterar seriamente las resonancias de Schumann. También doscientos mil millones de objetos transmisores, según las estimaciones, formarán parte del rollo del internet de las cosas para 2020, y un billón de objetos algunos años más tarde.. Todo esto no deja de ser más que un rudo y ramplón sistema de tecnología bélica enmascarado de flamantísima y eficaz tecnología.

Todas las fuentes de esta radiación son dañinas, muy dañinas, desde nuestros dispositivos inalámbricos, enrutadores, torres de teléfonos móviles, bluetooth. Hasta el infinito y más allá. Las piruletas de los niños obedientes. Se incrementará espectacularmente la ya de por sí altamente venenosa contaminación electromagnética. Anudada a otras y crudelísimas toxicidades: químicas, transgénicas, ideológicas. Véanse los cielos guarreados por las estelas químicas. Pulquérrimos pájaros de vuelo (demasiado) bajo. Desplomados. 5 G y chemtrails, las disímiles demencias HAARP. Todo tan conexo. Véase la siniestra alianza de Monsanto con la ex corporación nazi Bayer. La francachela anudada a las sórdidas telecos. Y, desde luego, con el gran cerdito OTAN presidiendo el festín.

              

Nuestra salud, desvalijada y devastada

Los efectos físicos, palmarios. La evidencia de que la radiación de radiofrecuencia es perjudicial para la vida ya es abrumadora. Touchè: la poderosa certeza epidemiológica de que las principales enfermedades de la civilización moderna son, en gran parte, causadas por la contaminación electromagnética. Ya se producían intensamente con la 2G, 3G, 4G y WIFI.  La exposición a los campos electromagnéticos ha aumentado exponencialmente, y la tecnología 5G promete incrementar aún más tal exposición, ya que se agrega a la tecnología ya existente. No solo la sustituye. Ahora el salto, en todos los aspectos, será cualitativo. Cánceres variadísimos, preferentemente cerebrales. Alteración del ritmo cardíaco. Expresión de genes alterados. Metabolismo triturado. Desarrollo de células madre trastornadas. Enfermedades cardiovasculares graves. Profundo deterioro cognitivo. Horrendo daño en el ADN, los fastuosos daños mitocondriales. Los dispositivos que continuamente emiten radiaciones electromagnéticas en niveles perniciosos para las mitocondrias incluyen a los teléfonos celulares, torres de telefonía celular, enrutadores y módems WIFI, monitores para bebés y dispositivos "inteligentes" de todo tipo. Sintetizando: disfunción mitocondrial y daño al ADN nuclear de los radicales libres producidos por peroxinitritos. Impactos en el bienestar general. Acrecentamiento de radicales libres. Severas deficiencias de aprendizaje y memoria. Menoscabo de la función, cantidad y calidad del semen. La esterilidad de masas, ese gran asunto. A cambio, solo los ricachos fertilizarán la inhóspita Tierra con la horripilante e inhumana reproducción artificial. Sobreabundancia de abortos involuntarios. Daño neurológico, el abismo ininteligible del Alzheimer. Más obesidad y diabetes. También se incluyen trastornos del sueño, presión arterial anormal y frecuencia cardíaca, trastornos digestivos, pérdida de cabello, tinnitus o acufeno y erupción cutánea. Los síntomas subjetivos incluyen mareos, náuseas, dolor de cabeza, pérdida de memoria, incapacidad para concentrarse, fatiga, síntomas gripales incesantes y dolor cardíaco. Idiotización generalizada, sobre todo, en parte de raíz neurológica. Sutil genocidio. Los animales no humanos tampoco saldrán indemnes. Ecocidio. La amenaza de la viabilidad de toda la vida en la Tierra, un hecho. Efectos graves e irreversibles en los seres humanos y daños permanentes a todos los ecosistemas de la Tierra.