Rafael C. Estremera estudió Profesorado de EGB en la Universidad Complutense, pero al no encontrar trabajo ingresó en la Administración General del Estado, donde sigue actualmente.

 

En cuanto a la trayectoria política, se afilió a Fuerza Nueva en 1977. En aquél tiempo no tenía ideas políticas definidas, simplemente el asco hacia la situación que veía alrededor. En FN conoció la figura de José Antonio, y desde entonces es Nacionalsindicalista convencido.

 

Fue militante, tras la disolución de Fuerza Nueva, de Juntas Españolas, donde formó parte de la Junta Nacional como Secretario Nacional de Prensa. Tras desaparecer JJ.EE. no ha vuelto a tener militancia política concreta y se ha dedicado a escribir en diversos medios. Desde 2006 tiene un blog llamado Mi Libre Opinión, que era el nombre habitual de su sección en otras publicaciones. Recientemente se ha incorporado a El Correo de Madrid. En esta entrevista, que sirve de presentación, analizamos su trayectoria y lo que supone para él colaborar con este medio.

 

Lo primero que llama la atención, leyendo una breve reseña suya, es que es profesor sin haber ejercido nunca la docencia... ¿Le hubiese gustado ejercerla?

 

Si hubiera encontrado la posibilidad de ejercer la docencia, probablemente me habría gustado. Pero las circunstancias de paro de la época me obligaron a escoger otro camino. Actualmente, las condiciones que se dan en las aulas no son las que podrían hacer atractiva la profesión.

 

Usted fue redactor de la prestigiosa revista Fuerza Nueva, ¿Cómo recuerda esa etapa?

 

En realidad, fui solamente colaborador. Tuve la gran suerte de encontrar en el que entonces era su director, el General D. Manuel Ballesteros, una gran acogida. Digo suerte porque, leídos ahora, aquellos artículos me parecen malísimos; pero el General Ballesteros me animó a seguir la vocación de escribir que he tenido desde siempre. Fue una experiencia emocionante, que supuso mi comienzo como articulista y me hizo comprender que también una máquina de escribir sirve para luchar por lo que uno cree.

 

Posteriormente también fue director de EJE (publicación de Juntas Españolas), ¿Cómo valora su paso por esta publicación?

 

EJE fue el mayor reto que he enfrentado. Es muy distinto enviar un artículo en el plazo indicado, y desentenderse hasta la próxima fecha, que estar pendiente de que se reciban en el tiempo previsto todas las colaboraciones, maquetarlas, llevarlas a la imprenta, corregir las pruebas... Es un trabajo muy exigente, siempre luchando con los plazos de entrega, los de imprenta, la distribución; pero también es muy gratificante. Puede haber pocas satisfacciones mayores que la de recibir, ya terminado, un ejemplar que es el resultado final de muchas horas de trabajo.

 

Pese a ser una revista de partido, quisimos hacer de EJE algo más; una publicación abierta a todo el que quisiera colaborar en ella, y también tratamos de que fuera un puente entre las distintas fuerzas nacionales existentes a la sazón. En ella dábamos información de nuestras actividades, evidentemente; pero también todas las noticias que otros grupos nos enviaban, y nunca fue un órgano propagandístico.

 

Creo que todos los que tomamos parte en EJE hicimos una publicación seria, digna y muy aceptable para los medios que teníamos. Y gracias a ella pude conocer a grandes españoles como el Coronel Luis Tapia Aguirrebengoa -que había sido colaborador habitual de El Alcázary también formaba parte de la Junta Nacional de Juntas Españolas-, y pude mantener una breve correspondencia con personalidades como el gran escritor Ángel Palomino, el gran cronista de la División Azul Fernando Vadillo, el General Milans del Bosch o el Teniente Coronel Tejero.

 

Igualmente ha colaborado en La Nación, un periódico patriota, que es una referencia.

 

Fui llamado a colaborar con La Nación desde los primeros números. Mis obligaciones en EJE no me permitieron al principio una presencia continuada, pero cuando las Juntas Españolas desaparecieron pude hacerme cargo de una sección fija, así como de uno de los editoriales que se publicaban en cada número. Fueron muchos años de escribir una sección -primero semanal y luego quincenal-, y de mantener contacto con el entonces director de La Nación, Félix Martialay.

 

Desgraciadamente, asuntos familiares y una enfermedad propia me obligaron a abandonar esta colaboración, porque no podía sujetarme a los plazos que una publicación periódica conlleva.

 

¿Qué supone para usted incorporarse a El Correo de Madrid?

 

Es una gran satisfacción, tanto por las firmas que toman parte en él, como por la cantidad de lectores que tiene. Supone, en cierta forma, la vuelta a una trinchera que las circunstancias me hicieron abandonar momentáneamente. Tras varios años de permanecer un poco en retaguardia, escribiendo un blog -con un alcance, evidentemente, mucho menor-, es el retorno a la primera línea de combate.

 

Sinceramente, me asombró mucho la invitación, que probablemente provenga más de la amistad y camaradería que del mérito que pueda tener, pues no me considero digno de figurar entre las grandes plumas que configuran El Correo de Madrid.

 

¿Cómo valora la labor de este medio?

 

Es importantísima. Vivimos en una sociedad en la que lo que no está en Internet no existe. Ha habido muchos grupos patriotas que han intentado hacerse un hueco en ese mundo, pero los resultados han sido modestos, quizá por centrarse excesivamente en la simple propaganda del grupo.

 

En este sentido, El Correo de Madrid tiene a su favor que todos los patriotas pueden sentirse representados e informados, sea cual sea su militancia o adscripción. Y no se trata de hacer publicidad de un grupo o partido, sino de reflejar las realidades, ofrecer las soluciones y dar a conocer las opiniones de unos y otros para informar al lector.

 

¿Qué espera aportar?

 

Sólo puedo aportar mis opiniones. No soy un ideólogo ni jamás he pretendido sentar cátedra. Únicamente puedo contar cómo veo las cosas desde, claro está, mi perspectiva nacionalsindicalista. Y con una cierta dosis de enfado. Decía el Capitán Daoíz, uno de los héroes del 2 de mayo, que el mejor ejército del mundo era un español cabreado y con un fusil.Necesitamos sacar ese cabreo y utilizarlo. Ponerle velas a Sanseacabó, que decía el maestro Rafael García Serrano.

 

¿Le preocupa la solución política de España?

 

Para mí, España, tal como la vemos ahora, tiene difícil solución. Hay una parte de la sociedad -no sólo de los partidos políticos- instalada en el guerracivilismo. No saben nada, sólo tienen los tópicos de mitin y los estereotipos manipulados y manipuladores que les han inculcado y, como todos los necios, se creen en posesión de la verdad. La otra parte de la sociedad está amilanada, adormecida, esperando que pase la tormenta.

 

Pero esta vez la tormenta no va a pasar sin consecuencias, porque la izquierda está empeñada en aniquilar -todavía no físicamente- a la derecha, y la derecha está empeñada en irse al centro y hacerse sitio en la izquierda. Cada vez -creo- la situación se parece más a la de aquella República que añoran; la República que tenía forzosamente que ser de izquierdas aunque las urnas, que tienen por dioses, dijeran otra cosa.

 

Ahora estamos en lo mismo. ¿Cual es la solución?. Quizá pueda contribuir a hacer más racional la vida política española la aparición de partidos sin complejos. En su día lo fue Ciudadanos con respecto al separatismo catalán. Ahora, tal vez lo pueda ser Vox. Entiéndase que no es que estos partidos sean la solución; pero pueden ser el revulsivo.

 

No sólo está en riesgo la unidad sino los grandes ideales patrios...

 

La unidad de España está en peligro desde que se aprobó la Constitución vigente. En ella está el germen de la soberbia y de la insolencia separatista. También contribuye una Ley Electoral inicua, que hace que los votos valgan más o menos según en qué provincia se emitan.

 

También los ideales nacionales están prácticamente desaparecidos. Todo lo que suene a patriotismo, a honor, a dignidad, es tachado de fascismo. Hemos llegado al absurdo conceptual de exclamar que el terrorismo islámico es fascista; que los vándalos que impiden a una persona hablar en una Universidad son fascistas. En el colmo de la desfachatez, se tilda de fascistaa quien pide simple y llanamente que se cumplan las leyes.

 

Todo esto supone la renuncia, cada vez mayor, a defender cualquier principio. Porque luego está el otro anatema: intolerantes. Así pues, para encajar en esta sociedad bobalicona hay que ser tolerante hasta el absurdo; hay que ser de izquierdas; hay que ser antifascista-lo cual a Mussolini le preocupará mucho-; hay que ser blandito, maleable. En consecuencia, mantener cualquier principio es correr el riesgo de ser expulsado de la sociedad. Y una sociedad de borregos no aspira a ningún ideal; su vista sólo llega hasta el pesebre.

 

La solución, una vez más, habrá de pasar por algo que sirva de revulsivo; que haga decir ¡ya está bien! a la gente que ahora se encuentra sojuzgada pero no se atreve a decirlo.

 

El fenómeno de Vox ilusiona a un sector de patriotas, pero a otros no le acaba de convencer, ¿Qué opina usted?

 

Vox no me ilusiona, pero me parece una opción admisible. No es lo que quiero; como Nacionalsindicalista, no es lo mío, lo nuestro; pero si pienso que es la opciónmenos mala,de la que hemos carecido durante mucho tiempo. No saldrá de Vox nuestra España, pero ninguna de las proposiciones que presentó a las elecciones generales me producía rechazo. Algunas estaban bien; otras eran insuficientes; otras se quedaban muy cortas. Pero ninguna era inadmisible. Vox puede ser un mal menor asumible -cosa que el PP nunca ha sido- mientras no podamos tener lo que España necesita.

 

Además de Vox, ¿ve otras alternativas políticas o asociaciones con capacidad de influir en la política española?

En las elecciones al Parlamento Europeo se presenta la candidatura de ADÑ. Indudablemente, esta es la elección de cualquier patriota, simplemente por coherencia. Pero dudo mucho que tenga los resultados que a todos nos gustaría, porque en España no votamos lo que queremos, sino en contra de lo que no nos gusta. Como decía Longanessi, no tenemos ideas, sino antipatías.

 

Por otra parte, si bien es un logro importante haber llegado a formar esa coalición, creo que llega demasiado tarde. Ha habido varias décadas en las que cada grupo iba por su lado, ignorando a los demás -cuando no atacándolos-, y a los que estábamos fuera de la militancia activa, esperando esa unión, nos ha dado la impresión de que difícilmente se podía justificar por razones ideológicas.

 

Espero que esta unión no sea sólo coyuntural; que se avance en un mayor entendimiento y que se extienda a todos los grupos patriotas que sea posible. Así, quizá esta coalición ADÑ -si se mantiene- o lo nuevo que surja de la unión, pueda tener influencia en la vida pública futura.