Para mí, salvando otros intereses muy defendibles, lo principal en la aventura del Frente de Juventudes fue sin duda doble, el amor indiscutible a España, nuestra patria, y la fidelidad al fundador de la doctrina social y humanística más moderna y cabal del siglo veinte, el nacional sindicalismo de José Antonio Primo de Rivera, quien con Ramiro y Onésimo, fueron capaces de sintetizar una doctrina superadora de divisiones de clase, de tierras y de culturas. Lo demás, incluso la convivencia con una dictadura por exigencias de una paz necesitada, no era más que algo accidental.

El Frente de Juventudes, aquel sueño de Enrique Álvarez Sotomayor, fue un bello intento de llevar al alma de la juventud española sus ansias de mejoras en justicia social, en fraternidad o en caminar juntos hacia un destino de paz trabajo y hogar, como pedíamos en nuestras canciones; pero pronto- y ahí queda la historia-, se topó con numerosos e imprevistos obstáculos que auspiciaron la decepción de muchos de sus iniciadores, empezando por el mismo Sotomayor, que tal vez para no soportar hipocresías, se lanzó de cabeza a la odisea de la División Azul, muriendo como un caballero fiel a sus principios. La experiencia del F. de J., está llena de tiempos y espacios muy distintos; desde un reconocimiento offial, a la realidad de un desangelado trato a sus reivindicaciones políticas, porque desde las centurias de las Falanges Juveniles, se aspiraba no solo a dar una formación integral a todas las juventudes de España, sino también- y eso era importante en sus cuadros-, ser los primeros en reivindicar los contenidos completos del nacional sindicalismo.

Los míticos campamentos de Riaño, El Escorial o Covaleda, por citar algunos no olvido el Sancho el Fuerte (Navarra) o San Martín de Castañeda (Lago de Sanabria), no fueron lugares de entretenimiento, eran además, escuelas de preparación para futuras actitudes y acciones estrictamente exigentes ante un Estado que había abandonado en gran medida,, por razones diferentes, al mensaje joseanioniano, sus promesas de nueva primavera en cultura, sanidad, trabajo o convivencia.

Sin embargo, la realidad en la existencia del F. de J., ha sido, fuera de hechos o conmemoraciones muy concretas, un camino de frustraciones que solo se salvaban por la felicidad que veíamos en nuestros jóvenes, quienes sumando ilusiones- “Viva, viva la revolución, viva, viva Falange de las JONS; muera, muera el capital, viva viva el Estado sindical”, con las marchas domingueras, un reparto exiguo de becas o una cabalgata de Reyes, ( en realidad, solo simples aledaños de la acción política) el régimen oficial se declaraba justificado. Ante eso, la verdad era que el F. de J. siempre quedaba lejos de los centros de decisión política y legiones de muchachos en el F. de J-., en el SEU o en la S:F., se veían relegados a puros comparsas, situación que ya algunos autores valientes denunciaron con tristeza, como se lee en <<< “Radiografía de un fraude”, de José Luis Alcocer, texto ya mítico en la historiografía de la Obra Predilecta del Régimen.

Por supuesto no se negará, y yo menos que nadie,  la labor de miles de hombres y mujeres que lucharon por dar contenido a generaciones completas de jóvenes, pero por lo que sea, los resultados- al segundo de caer la dictadura-, fueron demoledores. Hoy no solo no se cuenta la verdad sino que nadie, incluidos miles de sus antiguos afiliados a las centurias escriben a favor de aquella maravillosa aventura. Muchos hasta tratan de borrar de su perfil (neologismo ridículo), que un día vistieron la camisa azul.

En este sentido confieso que pertenecí a las Falanges Juveniles desde 1950 al 60, y que hace años escribí un libro titulado “TESTIGO DIRECTO. 10 años en el F.de J”, que trato de reeditar, donde exponía mi experiencia en el seno de una institución que, francamente, mercó mi vida para ponerla al servicio de España y los españoles. Por eso estoy de acuerdo con el relato general  de de Carlos Fernández, pero discrepo en lo fundamental, el F. de J., no sirvió para presionar  u obligar a la derecha del 39, a procurar la España que soñaba José Antonio, ni siquiera cuestionó de modo explícito las incongruencias que vivíamos. Personalmente, pasé por todos los grados en las FF.JJ., desde escuadrista, jefe de Centuria nacional,  hasta Jefe de Campamento, y viví y sufrí tanto los días de emoción y esperanza como las horas de  decepción por no ver la patria que cantábamos: “Yo formaré con júbilo en la guardia del heron, que hará el camino valiente, de nuestra revolución”. Y los que se atrevieron a disentir púbicamente del fraude que comportaba aquel tiempo,  pagaron con cárcel o desprecio su decisión, como bien cuenta Manuel Cepeda en sus escritos, que sufrió Román Alonso Urdiales, atreviéndose en llamar Traidor al mismísimo Franco con ocasión del 20  de noviembre de 1960 en el Valle de los Caídos.

Asi pues, la historia del Frente de Juventudes, fue compleja y difícil, y nos dejo a muchos la sensación de haber fracasado en hacer posible el Estado Nacional Sindicalista, o dejar unas generaciones afines a los ideales que alegremente trasmitíamos, lo que no quita para que hoy al cabo de sesenta años, reconozcamos, reconozca, la inmensa aportación de sus camaradas a la noble tarea de mejorar nuestra patria. No lo olvidaré.  

Eduardo López Pascual