La primera y más icónica que ya quedó demostrado que no la captó, si no que la preparó y montó fue la de un miliciano a punto de caer muerto tras recibir un disparo en una colina cubierta de hierba, los brazos extendidos hacia fuera y el arma todavía en la mano: 'Muerte de un miliciano' de Robert Capa, una de las fotos más icónicas de la Guerra Civil española.

José Manuel Susperregui, profesor titular del Departamento de Comunicación Audiovisual y Publicidad de la Universidad del País Vasco, no tiene ninguna duda: la foto de Capa no fue tomada en Cerro Muriano, justo en el norte de Córdoba, sino a unos 50 kilómetros de distancia, en Espejo, y es más que evidente, desde un punto de vista técnico, que estamos ante una simple escenificación.

Lo que la mayoría de los expertos califican como una fotografía «imperfectamente perfecta. Con fuerza, dinámica y, sobre todo, muy simbólica. Un icono del fotoperiodismo» parece desvelarse como un gran fraude.

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Pero es hoy cuando publica El Español que otra de las famosas fotos del fotógrafo (ya se puede decir fotógrafo estafador) tambien genera dudas de autenticidad. Vamos a ella:

En la calle Peironcely, en el barrio madrileño de Entrevías, hay una casa humilde que ha sobrevivido a la Guerra Civil. Allí fue donde el fotógrafo Robert Capa ensayó, a finales de noviembre de 1936, sus primeros pasos como reportero capaz de cambiar la opinión pública. Sobre esa fachada de ladrillo destruida por el fuego enemigo fotografió a un grupo de niños que juegan y sonríen entre los escombros. “Esta foto es un montaje”, explica José Latova, arqueólogo y fotógrafo, investigador que defiende la fotografía como herramienta arqueológica. De ahí la exposición que el Museo Arqueológico Nacional dedica estos días a su trabajo sobre el uso de las imágenes como material para interpretar los yacimientos.

La foto de Capa es la base documental esencial que legitima la operación, a pesar de que el fundador de la agencia MAGNUM -que estos días celebra 70 años de vida- construyera el hecho a su antojo. Entrevías era zona militar a finales de 1936. Puro frente. “Allí no vivía ningún civil, fueron todos desalojados”. “Para entrar en la zona había que solicitar un permiso militar. Robert Capa llevó a los niños hasta esa casa. Construyó la imagen. Y gracias a ella hubo asociaciones, como el Socorro rojo, que empezaron a asistir al pueblo de Madrid con comida”.

"Capa era un mal fotógrafo. No es un buen fotógrafo, es un aprovechado y, además, es una mala persona”, dice Latova.