Por si no se han dado cuenta, vamos a refrescarles sintéticamente y aún a riesgo de simplificar, lo que está pasando.

En 1934 estalló la denominada Revolución de Octubre que empañó a toda España, bien que su mayor incidencia fue en Asturias y en Cataluña; en aquella los mayores muertos y asesinatos; en ésta una declaración secesionista de independencia. Todo ello resultado de un proceso revolucionario que venía de varias décadas en buena medida porque muchos pensaban que “eso no puede suceder aquí” y en mucha medida por las constantes elecciones de políticos mediocres y degenerados que alimentaron, al no combatirla, esa Revolución, creyendo que “dialogando” y cediendo acabarían domesticándola. La cosa se solventó por la intervención de las FFAA por mandato gubernamental para restablecer el orden y la ley imperante de la II República, que no se olvide, la cual, de haber triunfado el estallido revolucionario se hubiera convertido en una república socialista-soviética que era el objeto de la intentona.

Como los dirigentes políticos de turno, todos, siguieron sumidos en su mediocridad y degeneración y enfrascados en politiqueos y marrullerías, los revolucionarios, a los que se les impuso penas ridículas, máxime con los cerca del millar de muertos producidos, fueron a unas elecciones de las que, pucherazo al canto, salió triunfante el Frente Popular formado por todos los partidos de extrema-izquierda (PSOE, PCE, IR) –en España nunca ha existido una izquierda moderada, socialdemócrata, sino que toda ella es extrema y revolucionaria--, apoyados por la movilización de sus juventudes y sindicatos (JSU y UGT), con el respaldo momentáneo de los anarquistas de la CNT-FAI y la suma de los secesionistas catalanes de ERC y vascongados del PNV; hay que aclarar que está en los genes del PSOE sus ansias revolucionarias junto con la de desintegración de España, de ahí su siempre, constante y entusiasta querencia hacia los secesionistas de cualquier pelaje.

Ya sin freno alguno, y siempre desde el poder, que en las ciudades y localidades donde no había ganado tal coalición se tomó por asalto físico, el Frente Popular comenzó a imponer la Revolución mediante el terror, factor esencial en tal estrategia para crear el ambiente necesario para imponer su “orden” a continuación. Ante situación tan extrema, viendo por fin lo que era evidente desde hacía tiempo, la reacción no se hizo esperar y, ante la tesitura de vivir esclavizados por tal tiranía o morir asesinados, se produjo el 18 de Julio.

Desde hace ya casi medio siglo, esta vez como lluvia fina porque sin duda han aprendido de sus excesos y ansias de entonces que se volvieron en contra, España viene siendo sometida a idéntico proceso revolucionario y por los mismos, por los que no pudieron ver culminados sus más fantasiosos sueños, es decir, por la extrema-izquierda (PSOE, IU/PCE/Podemos) –recuerden que en España la izquierda es siempre extrema y ultra-- y los secesionistas catalanes y vascongados también de siempre, a los que se unen ya los de otras regiones contaminadas por tal mal; los anarquistas como tales han desaparecido o camuflado entre los anteriores. El objetivo es el mismo: la desintegración de España y su inmediato sometimiento a una tiranía marxista con las mutaciones actuales de tal ideología que todos conocemos: multiculturalismo, ideología de género, aborto, sodomía, eutanasia, etcétera…, y como siempre en nuestra nación el común denominador de la vesánica persecución anticatólica.

¿Por qué está siendo posible ahora otra vez lo de entonces? Porque los españoles en general, los que no comulgan con tal proceso, se están inhibiendo y apoyando a dirigentes tan mediocres y degenerados como los de entonces. ¿Por qué fue posible, sin duda por desgracia, bien que obligado y necesario, el 18 de Julio? Porque media España, finalmente, se dio cuenta de que le iba la libertad, la dignidad y la vida en ello. Ojo: el Alzamiento, frente a lo que hoy se ha hecho creer, se hizo por la República, para devolverla a su cauce normal erradicando de España a la ideología que quería destruirla transformándola en tiránica encarnada en el Frente Popular y en su Gobierno. Que la cosa derivara en una guerra fue sólo debido a la fuerza que había alcanzado la Revolución y a la estúpida división de las FFAA y de Seguridad porque muchos de sus miembros se agarraron a una pretendida “legalidad” republicana más que quebrada.

Hoy nos encontramos en peor situación que entonces. Porque los españoles han vuelto a cometer el mismo error que entonces, que es alimentar con sus votos a dirigentes que a su vez alimentan por cobardía, egoísmo y falta de patriotismo, por vileza y degeneración, a esa misma Revolución que por ello ha crecido y se ha hecho con el poder por elección o por el terror, bien que ahora solapado, administrativo, económico y demás, pero al fin y al cabo terror que, como vemos en Cataluña hoy, siempre acaba siendo físico. El secesionismo también, porque es cómplice necesario del proceso revolucionario, por eso que no se engañe ya nadie ni se sorprenda: el PSOE, la UGT, como Podemos, son tan secesionistas como ERC o el PNV, aunque ellos le llaman “federalismo” sin ni siquiera saber en qué consistiría.

¿Pero dónde radica realmente el problema? ¿Por qué no llega y es muy difícil que llegue la solución en esta ocasión?

Uno, porque la mayoría de los españoles, o al menos aquella media España que entonces y ahora no se resignó, que lo que quiere es normalidad y vivir en paz, hoy ha caído en la más completa idiocia, aburguesamiento y pasividad y… resignación, creyendo que “aquello no puede pasar hoy”, aceptando la mentira como sistema y dejándose llevar.

Otro, porque quienes tienen la obligación y responsabilidad, ojo, incluso constitucional, de liderar una solución contundente manu militari están sumidos en la misma idiocia que el pueblo y, peor aún, son unos cobardes y egoístas.

Así vemos como son idénticas las situaciones pasados algo más de ochenta años, pero diferentes las posibilidades de solución; lo que los revolucionarios del PSOE, UGT, Podemos, ERC y PNV saben. Porque hoy los resortes anímicos, ideológicos, patrióticos y demás no existen porque bien que se han ocupado unos y otros de hacerlos desaparecer, de modo que finalmente los españoles están ya preparados para aceptar, con tal de que cese la “inestabilidad”, hasta la desintegración de España, es decir, su transformación en una “nación de naciones” (¿?), en una heterogénea amalgama de “pueblos” (¿?), así como en una república de inspiración socialista totalitaria bajo la apariencia de una “democracia” (¿?) donde simplemente puedan comer, reproducirse y morir; todo ello, claro, según el “gran hermano” considere, pero eso aún no lo ven porque “eso aquí no puede pasar hoy”.