La batalla semántica es la primera que dan y suele ser la primera que se pierde; al menos en el caso de España es seguro que es la primera que se ha perdido hace mucho.

Estamos hartos de oír “republicanos”, “ejército republicano”, “legalidad republicana”, “ejército franquista”, “tropas franquistas”, “sublevados”, “rebeldes” y un largo etcétera de términos similares utilizados, o mejor decir, mal utilizados, a la hora de tratar asuntos relacionados con nuestra contienda 1936-39 hoy tan de actualidad por el interés de los de siempre por… cambiar la historia para tapar sus horrendos crímenes y fracasos; para qué hablar de otros vocablos tales como “legalidad republicana”, “república democrática”, “defensores de la legalidad”, “luchadores por la libertad”, etcétera.

Y ello no sólo entre los indocumentados que hoy abundan por mor de los varios planes educativos que nos destruyen desde hace ya casi medio siglo, o por aquellos cuya pluma está escorada a la izquierda –tanto con la que más que escribir emborronan, como la que se les ve—, sino también, que es lo peor, entre destacados e incluso insignes y serios historiadores y periodistas.

Pues bien, no, no y no.

 

No eran “republicanos”, sino revolucionarios, frentepopulistas, anarquistas, marxistas --fueran socialistas o comunistas--, ROJOS. En todo caso, si se utiliza lo de “republicanos” hay que añadir obligatoriamente “republicanos socialistas-soviéticos”, pues esa era la República en la que creían, la Tercera, la que implantaron en su zona durante toda la guerra, la satélite de Moscú cuyos asesores fueron quienes la dirigieron a placer y sin cortapisa alguna. Una prueba entre muchas es que eliminaron a todos los republicanos de derechas y centro, es decir, a los republicanos que lo eran, pero no como ellos. Bueno, y también a los que aún siendo como ellos no se sometieron como fue el caso del POUM y de los anarquistas; porque cuando se trata del socialismo-comunismo no hay posibilidad de mínima discrepancia.

Además, si eran “republicanos” quiere decir que los otros, los nacionales, debían ser “monárquicos”, que es el término opuesto, y de eso nada, porque excepto algunos pocos alfonsinos, y los requetés cuya monarquía era más que virtual, los demás eran falangistas o apolíticos.

Más aún. No se hizo el Alzamiento por la monarquía, ni lo encabezó Franco, ni fue por él, o sea, “franquista”, sino por Dios y por España, es decir, que se cuidaron mucho de no mezclar en tal instante ni la menor insinuación política --uno de sus varios éxitos estratégicos--, motivo por el cual en el bando nacional --tampoco es correcto el vocablo “nacionalista”--, había representantes de todas las potenciales tendencias políticas, eso sí, NACIONALES, es decir, que anteponían A ESPAÑA, A LA NACIÓN, A LA PATRIA, por encima de ellas mismas.

Y para rematar, algo esencial que queremos dejar bien sentado a ver si es posible de una vez por todas: no se hizo el Alzamiento “contra la República” como cacarean cual gallinas cluecas quienes ya sabemos, y que muchos tontos útiles e inútiles se creen a pies juntillas. El Alzamiento lo fue POR LA REPÚBLICA --a excepción de los requetés--, como consta fehacientemente, por ejemplo, en los bandos de guerra publicados, en muchos e importantes sucesos de aquellos primeros días y en el hecho de que hasta el 14 de agosto de 1936 la bandera con la que combaten y mueren los nacionales es la tricolor; aunque por desgracia siempre en blanco y negro, la banda morada se aprecia, por más oscura, en las fotografías de la época.

Y es que el Alzamiento lo fue contra el desgobierno del Frente Popular y para intentar rescatar a la por desgracia agónica II República de sus garras que la llevaban hacia… lo que hemos dicho al principio: a convertirla en una república socialista-soviética y revolucionaria.

Por ende, tal pretendida república no podía ser ni legal, ni democrática, ni sus partidarios defensores de la libertad, sino todo lo contrario, como prueban una y mil veces los repugnantes y degenerados hechos acontecidos en la zona ROJA, REVOLUCIONARIA, SOCIALISTA-SOVIÉTICA, FRENTEPOPULISTAS.

El caso actual de España es triste. Porque es el único país de nuestro entorno en el que habiendo tenido una experiencia revolucionaria marxista y socialista-soviética cruel y real hace apenas cuatro días no sólo no se ha aprendido de ella, sino que se la enaltece, presenta como modelo a seguir y se quiere involucionar hacia ella; unos, por alucinados, otros por cobardía, estulticia y estupidez. En España, más que incluso en Rusia y los antiguos países del Este, partidos marxistas como el PSOE y el PCE (IU-Podemos), amén de los separatistas también históricamente frentepopulistas, deberían estar ilegalizados como el nazi lo está en Alemania y el comunista en los países citados; máxime cuando aquí escapamos de caer en semejante aberración gracias al sistema de gobierno posterior que fue todo un éxito nunca superado durante casi cuarenta años.

Así es que, por favor, los serios, los amantes de la verdad, los patriotas, los españoles que simplemente no quieran volver a repetir la parte más agria de nuestra historia, es decir, aquella III República criminal, y más aún los que estamos en el combate diario por todo ello, así como los que no están pero cada día se ven acuciados por los medios, los amigos y los compañeros con el uso de tales palabras y conceptos, demos la batalla semántica sin vergüenza, con decisión, sin dar cuartel al enemigo, utilizando los términos adecuados, correctos y verdaderos que son, para unos: frentepopulistas, rojos, revolucionarios, marxistas, socialistas-soviéticos y… criminales, ladrones, asesinos y cobardes; y para los otros: nacionales y patriotas.